
Vale, lo de ingeniería rusa es ir un poco lejos porque lo único que hay de Rusia es la nacionalidad del padre del niño “afortunado” poseedor de esta bicicleta. Aún así, es toda una obra de ingeniería.
Seguramente la historia partió de que el hijo de este señor se había cansado de pedalear y quería tener la típica minimoto para los más pequeños. Como esos juguetes suelen ser bastante caros, seguramente su padre decidió ponerse manos a la obra y construir el mismo la solución. Dicho y hecho, fue capaz de adaptar dos taladros de mano con batería para propulsar esta bicicleta.
No está muy claro cómo fue capaz de trasladar el giro del taladro a la cadena de la bicicleta ni tampoco como salvó el obstáculo de la baja duración de las baterías de los taladros pero seguro que su hijo quedó encantado con su bicicleta “especial”.
Vía: englishrussia
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