
El siete veces campeón del mundo Michael Schumacher ha protagonizado una curiosa anécdota en su país natal, Alemania.
Schumacher cogió un taxi apresuradamente para acudir con su familia a un aeropuerto cercano. Con temor de no llegar a la hora prevista, Michael pidió al taxista el volante de su vehículo y lo llevó él mismo. El afortunado taxista metido a copiloto comentó que Schumacher “hizo adelantamientos increíbles e iba rapidísimo en las curvas”. Desde luego no debía ir despacio cuando no le servía el ritmo de un taxista, habitualmente rápidos y conocedores de la ciudad a la perfección.
Al final, la familia Schumacher llegó a su hora al aeropuerto y el bueno del taxista recibió, además de una lección de pilotaje en directo, una propina a mayores del coste de la carrera por su amabilidad. ¿Y si le llega una multa de un radar?, ¿también la pagará Schumi?. Seguro que sí.
Vía: Sport