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Mazda 3 2.2 CRTD Sportive, a prueba (I)



  (@sergioalvarez88) el 4 de mayo de 2010

Mazda 3 2.2 CRTD Sportive, a prueba (I)

Tras la dosis de pepperoni picante y seriedad alemana de las últimas semanas toca visitar Asia, más concreto Japón. De allí es de donde viene el Mazda 3, una oferta diferente en el segmento de los compactos, que últimamente peca de uniforme y poco original. En estos tiempos la diferenciación es necesaria si queremos competir con garantías en el segmento más competitivo. Y creedme que el Mazda lo consigue: con su toque futurista y un color azul eléctrico, hacíamos girar muchas cabezas a nuestro paso.

La unidad que pudimos probar estaba equipada con un motor turbodiésel 2.2 CRTD, en su evolución de 150 CV. Mazda espera que sea uno de los motores más vendidos, por detrás del 1.6 CRTD de 109 CV y origen PSA-Ford que conforma el acceso diésel a la gama. Dentro de los compactos destaca por su tamaño exterior, con una longitud que alcanza los 4.46 metros, aunque no se traduce en espacio interior, como podréis comprobar. Sigue leyendo para conocerlo todo sobre uno de los compactos más frescos del mercado.

Un guerrero Samurai

Este Mazda 3 corresponde a la última generación del compacto, que fue lanzada al mercado en 2009. La renovación con respecto a la generación anterior ha sido total: una nueva plataforma modular que lleva sobre sí una evolución del lenguaje de diseño zoom-zoom en forma de una atractiva carrocería. Es un hecho que es un coche que llama la atención. Nos sonríe de manera maliciosa, sabe que nos tiene a su merced, su mirada afilada es tan cortante como la katana de un Samurai japonés.

Mazda 3 2.2 CRTD Sportive, a prueba (I)

Mazda 3 2.2 CRTD Sportive, a prueba (I)

Las ópticas delanteras merecen mención aparte, con un complicado entramado entre las luces de posición y los proyectores bixenón, tímidamente flanqueado por el intermitente. El trabajo con el perfil lateral también es digno de elogio, pero se aprecian más los rasgos continuistas con respecto a la anterior generación del Mazda 3. Hablamos del conjunto de ventanas, especialmente del pilar C hacia atrás. La parte baja del coche es surcada por una línea de expresión que da dinamismo al conjunto.

La zaga pone la guinda. La amplia ventana trasera no quita protagonismo a las dos ópticas, que han sido ligeramente blanqueadas para ofrecer un aspecto más moderno. Nuestra unidad estaba pintada en color “Celestial Blue Mica“, un azul claro que resaltaba mucho los rasgos del coche, además de darle un toque bastante especial. La unidad no tiene emblemas que indiquen que motor llevamos, pero un tubo de escape visible – aún siendo diésel – se deja notar, dando un toque de atención.

Impresiones de habitabilidad

Tenemos claro que es un coche que nos gusta observándolo desde la perspectiva exterior. Su diseño interior también es muy llamativo, tiene un puesto de conducción que llama al conductor, le invita a girar el contacto y ponerse a hacer kilómetros. Abrimos la puertas y nos sentamos en un amplio asiento tapizado en tela. Estamos en una versión Sportive, y se nota en los pronunciados pétalos de sujeción, muy buenos para la espalda pero en mi opinión demasiado blandos en la banqueta.

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Las posibilidades de regulación del asiento son amplias, cuenta con regulación de altura y lo que es más importante en mi opinión, un buen apoyo lumbar que hace que en viajes largos no se resienta la zona de los riñones. Regulamos el volante en altura o profundidad y conteplamos la instrumentación ante nosotros. Son dos grandes esferas retroiluminadas, se reparten el cuentavueltas (a la izquierda) y el velocímetro (a la derecha). Una pantalla entre ambos señala el nivel de combustible e información de viaje.

No cuenta con indicador de temperatura del aceite ni del agua, sólo un testigo se ilumina en azul cuando el agua aún está fría, para pasar a verde cuando estamos en un margen óptimo. El volante que agarramos está forrado en cuero, y tiene un tacto muy agradable. Es multifunción, o mejor diría, demasiado multifunción pues aglutina demasiados botones con una ordenación no demasiado lógica. En la parte izquierda superior manejamos el manos libres Bluetooth y el sistema de sonido.

El control de crucero se regula entre las dos partes inferiores, mientras que la superior derecha se reserva al manejo del navegador y el ordenador de a bordo. Ambos se muestran en la pantalla multifunción – con pantalla TFT de 4.1 pulgadas – situada en lo más alto de la consola central. No es una pantalla pequeña, pero al estar algo alejada del conductor a veces hay que forzar la vista. Ahora bien, está encastrada en la consola, con lo que no nos deslumbrará el sol: la legibilidad es siempre buena.

Mazda 3 2.2 CRTD Sportive, a prueba (I)

Mazda 3 2.2 CRTD Sportive, a prueba (I)

Con un botón cambiamos entre el navegador y el ordenador de viaje, que tiene las funciones típicas de velocidad media, consumo medio y consumo instantáneo. Uno de los inconvenientes que he visto al nevagador – que dicho sea de paso guía muy bien y de manera clara – es que introducir los datos es complicado. Hay que hacerlo desde el volante, resulta un engorro y se tarda bastante en ello, además de que hay que fijarse en las pequeñas letras de la pantalla. Siempre hacerlo con el coche parado.

Junto a la pantalla del navegador, una pequeña pantalla LCD muestra datos del equipo de sonido – emisora de radio, canción – y la climatización bizona. En la consola central se muestran los controles del equipo de sonido Bose. Son muy sencillos de utilizar, pero creo que la proliferación de botones es excesiva y algunos de ellos no son demasiado accesibles debido al ancho de la consola. La regulación del climatizador bizona está justo debajo, tiene una ruleta analógica para cada zona y es muy sencilla de utilizar.

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Entre los asientos delanteros se encuentra un compartimento practicable en el que podemos albergar hasta dos botellas de agua, por poner unas medidas comparables. Bajo los controles de la climatización hay una tapa en la que podemos guardar objetos pequeños, como las llaves de casa o el mando a distancia del garaje. No es un cenicero, como deja claro el signo colocado sobre la tapa. El reposabrazos delantero se regula longitudinalmente y esconde un gran hueco en que caben hasta 10 carátulas de CD.

La guantera es pequeña, y poco más que la documentación y manuales no va a caber. En las puertas delanteras podemos dejar algunos objetos junto a los altavoces del equipo de sonido, pero en las plazas traseras el único sitio que tenemos es el “sobre” que hay tras los asientos delanteros. Puede resultar un poco incómodo tener que pasar todo al pasajero delantero. En el análisis de equipamiento profundizaremos en más detalles, como el pack tecnológico y de seguridad que equipaba nuestra unidad.

Más amplio delante que detrás

Os hemos contado nuestras sensaciones del interior, pero no os hemos contado si nos encontrábamos a gusto. El puesto de conducción es suficientemente grande para una persona como yo, de 1.83 metros de altura. Es sencillo encontrar la postura perfecta y una vez emplazado, tenía espacio de sobra para las piernas y rodillas. En cuanto a espacio para la cabeza, una persona bastante más alta aún cabría sin rozar en el techo, también tendría margen para la regulación en longitud del asiento.

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El mullido de los asientos delanteros es duro, como me gusta a mí y mi espalda. Las sensaciones son idénticas en el asiento del acompañante, pero en las plazas traseras puede que no nos encontremos tan a gusto. El problema es que además de un mullido en mi opinión algo blando, no tenemos mucho espacio para las piernas. Con el asiento colocado en posición para mí, una persona de más de 1.80 metros va a ir justa en cuanto a espacio para las piernas, aunque es una combinación quizá no muy habitual.

En cuanto a espacio transversal, tres personas caben sin demasiado problema, aunque el pasajero de la plaza central va a ir algo más apurado en todas las cotas. Si ese pasajero no viaja disponemos del típico reposabrazos. Los pasajeros de las plazas traseras a menos que no sean muy altos no deberían tocar con la cabeza en el techo. Todos tienen cinturones de seguridad de tres puntos y hay dos anclajes ISOFIX en caso de que queramos colocar hasta dos sillitas infantiles.

Buenas calidades, visibilidad y maletero

El Mazda 3 es un coche muy bien hecho. Los acabados son muy agradables al tacto y tienen pinta de tener una buena durabilidad en el tiempo. El salpicadero está recubierto de un plástico blando, que también alcanza a la parte superior de las puertas. La consola central está recubierta de una imitación de aluminio, un plástico plateado duro muy agradable. Busqué y rebusqué, sin lograr encontrar una sola arista cortante o lugar oculto con malos remates, pero por suerte fue una búsqueda infructuosa.

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Para encontrar plásticos duros de calibre más tosco hay que irse a las partes bajas de las puertas o la zona que rodea a los pies en las plazas delanteras. Las puertas tienen intercalado un tapizado de tela en la zona de los tiradores. La tapicería de los asientos es sobria, pero temo que el pétalo del lado de acceso de los asientos delanteros sufra en el tiempo, al menos en mi caso la postura de conducción implicaba aplastarlo a la hora de entrar al habitáculo. Tampoco tiene mucha importancia.

En cuanto a la visbilidad, dominamos el tráfico de manera correcta, aunque no vayamos sentados nada altos. Las dimensiones del coche son cómodas, aunque hay que recordar que manejamos un compacto grande al callejear por zonas estrechas. Los retrovisores son grandes y de forma regular, el retrovisor es electrocrómico. Sin embargo, los pilares C y D, unidos a la cintura alta impiden una buena visbilidad trasera en la zona de los tres cuartos, necesaria para aparcar o vigilar las incorporaciones.

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La anticipación reduce el segundo peligro y unos sensores de aparcamiento impiden que dejemos la pintura en paredes y similares. El toque práctico lo pone el maletero, aunque su capacidad no es demasiado boyante con 340 litros – un Renault Mégane tiene 405 litros – tiene una forma perfectamente regular. Con los asientos traseros abatidos se forma una superficie plana de carga con 1.360 litros de capacidad. Un hueco lateral esconde los triángulos, en el doble fondo vive la rueda de repuesto.

Es de tipo galleta, lo que implica no circular con ella a más de 80 km/h si durante más de 200 km/h, de lo contrario podríamos tener problemas. Viene acompañada de las típicas herramientas y comparte espacio en nuestra unidad de pruebas con el subwoofer del equipo de sonido Bose. Permaneced atentos porque mañana pulsamos el botón de arranque de este diésel de altas prestaciones, muy amigo de las curvas y poco amigo de los radares.

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Imágenes: Sergio Álvarez
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