
Imagínate que un día abres tu e-mail y encuentras un mensaje invitándote a viajar al cuartel central de Lamborghini en Italia para probar el Aventador durante todo un día. ¿Qué ocurre? Sucede entonces que el tiempo empieza a pasar de forma muy lenta, a la espera de la fecha planificada, sabiendo que es un privilegio inmenso a nivel personal y profesional. La idea de poder conducir el Lamborghini Aventador era tan emocionante como aterradora… nunca antes había tenido miedo de conducir un coche y os puedo asegurar que se-te-cien-tos caballos hacen temblar a cualquiera.
El plan pintaba muy bien, la verdad. Teníamos que recoger el vehículo a primera hora de la mañana en la factoría y devolverlo por la tarde, cuando anocheciese, preferiblemente intacto. Nadie de Lamborghini nos iba a acompañar, así que nuestro fotógrafo José y un servidor podríamos viajar a donde gustásemos y enfrentarlo a las carreteras más divertidas y bonitas de Italia. Sin embargo, no se trataba de dar un paseo por un puerto de montaña: había que intentar exprimirlo a fondo… y claro, un Lamborghini Aventador tiene más peligro que una serpiente en un retrete.
El Lamborghini Aventador LP700-4 es el sustituto del Murciélago y, como de costumbre, su nombre hace referencia a un toro bravo. En este caso, en honor al último astado de la estirpe de Solera, una bestia de 507 kg de la ganadería onubense hijos de don Celestino Cuadri Vides, lidiado en 1993 por el diestro Emilio Ruíz en la Plaza de Toros de Zaragoza y que recibió el premio al más bravo de la Feria del Pilar. Por otro lado, “LP” hace referencia a la ubicación del motor – Longitudinale Posteriore en italiano -, “700” son los caballos y “4” indica que estamos ante un vehículo de tracción a las cuatro ruedas…

Para que os hagáis una idea, el 0-100 lo clava en tan sólo 2,9 segundos, frente a los 2,5 segundos del Veyron. Incluso, en pista, es mejor: en el circuito del aeródromo de Dunsfold – la pista de pruebas del conocido programa británico Top Gear – marcó mejor tiempo que el Veyron SuperSport de 1,200 CV.

El día clave llegó y, a pesar de que no funcionó el servicio de despertador del hotel donde nos alojamos, yo ya llevaba desde las 6 de la mañana con los ojos como platos. Conducirlo a fondo iba a requerir poner tanta concentración que acabó resultando un día agotador, pero intensamente delirante. Tras un frugal desayuno, un señor de Lamborghini nos recogió en el hotel y nos llevó hasta la factoría de Sant’Agata Bolognese, un pequeño municipio de 6,000 habitantes situado a pocos kilómetros al noroeste de Bolonia.
A nuestra llegada, ya estaba todo preparado y un Aventador de color negro e inmaculadamente limpio aguardaba en la misma entrada del edificio principal desde donde se accede a las oficinas y la fábrica. Es de aspecto imponente, con unos rasgos que parecen trazados a escuadra y cartabón, un semblante inspirado claramente en el Lamborghini Reventón –del que sólo se fabricaron 20 unidades- y algunos detalles propios del Sesto Elemento.

Cualquier detalle, por pequeño que sea, no pasa desapercibido. A mi gusto, lo más sorprendente son los trazos afilados y rectos, de clara inspiración aeronáutica – como si de un caza se tratara -, las puertas de tipo “tijera” – que fueron introducidas por vez primera en el Countach – y la zaga. Atrás resulta muy llamativo el difusor y un escape de forma hexagonal tan grande como el canal de abastecimiento de agua de una gran ciudad… acongojaría a cualquier conductor que circule tras de ti.
Pilotos en técnica LED - los delanteros con forma en “Y” -, elementos aerodinámicos móviles como el alerón trasero que se despliega a más de 130 km/h generando empuje vertical o unas entradas de aire de apertura automática… también hay un capó trasero opcionalmente en cristal para cubrir al soberbio motor. Estos son sólo algunos de los detalles que hacen que este vehículo sea una “bella machina”.
Pocos minutos después y tras un breve briefing de algunos sistemas, el Señor Moreno se despide de mí esbozando una malévola sonrisa, al unísono de un “todo tuyo, que te diviertas”. Había llegado el momento de ponerse a los mandos… La ceremonia de abrir las puertas de tijera ya produce un cierto cosquilleo en la espalda… Después hay que hacer contorsionismo, para acomodarme en el bajo asiento del conductor, algo incompatible con irse de cañas varios días por semana.






Mi cara debía ser un poema. Una vez superado el ímpetu inicial (¡tengo que enviarle una foto a mi amigo Carlos!), pisamos el acelerador y salimos con una gran sonrisa de la factoría de Sant’Agata camino de la SP65, una maravillosa carretera con buen asfalto, muchas curvas y poco tráfico que asciende al Passo de la Futta, un bellísimo puerto de montaña entre la región de Emilia la Romana y la Toscana, con una sorprendente vía que atraviesa pequeños pueblecitos italianos con un encanto inigualable.

Esto es palpable en la calidad de acabados, la tecnología que atesora o la fiabilidad a primera vista. Atrás han quedado aquellos deportivos tan peligrosos como inflamables, que fallaban más que una escopetilla de plomos.
Sin embargo, y a pesar de esa mano teutona que se esconde detrás, Lamborghini sigue manteniendo un estatus de independencia a la hora de diseñar sus modelos, sin ceder en prestaciones ni perder ese carisma tan “italiano” que le convierte en “los chicos malos de la industria de los superdeportivos”, como asegura su presidente Stephan Winkelmann.

En pocos minutos habíamos alcanzado la ciudad de Bolonia, donde debíamos atravesar las bulliciosas calles de la periferia de la ciudad. El Aventador y el tráfico urbano hacen una pareja complicada. Su anchura y el poco espacio con respecto al suelo hacen que sea difícil de manejar. Impone ver cómo otros conductores se pegan como un pulpo a nosotros… y el terror a que un inútil nos deje un recuerdo no es para nada agradable.

Para poder sortear badenes o, simplemente, acceder al garaje de casa, cuenta con un botón que alza la carrocería 4 centímetros. Al poco tiempo, entiendo que es bastante refinado y civilizado. El trámite de atravesar la ciudad no era para tanto. Incluso puedes disfrutar a la salida de cada semáforo con alguna pequeña alegría…
¿Inconvenientes? Bueno, la visibilidad está muy comprometida en determinados cruces y, sobre todo, hacia atrás si no se solicita la cubierta del motor en cristal. Por suerte, tiene un asistente de aparcamiento con cámara de visión trasera que hace posible controlar decentemente una maniobra de aparcamiento en un coche que tiene un radio de giro similar al del yate de Donald Trump.
Mañana continuaremos…
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