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Seat Ibiza SXI, un repaso a la historia del utilitario deportivo español de los ochenta

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Corría el año 1984 cuando SEAT lanzaba la primera generación de su Ibiza, un modelo totalmente propio y en el que la marca española tenía depositadas altas expectativas. El fabricante de Martorell se encontraba inmerso en una grave crisis, no sólo económica, sino también tecnológica y de identidad. Una vez rotas todas las relaciones con Fiat, así como el acuerdo para la compra del fabricante español por parte de la marca italiana, Seat se encontró en tierra de nadie.

Tan sólo el Ronda o el Panda, los últimos coletazos de los modelos con base Fiat, aguantarían el tirón, pero necesitaban un modelo propio con el que competir en el mercado y además llamar la atención de posibles compradores, puesto que en aquellos difíciles años el INI (Instituto Nacional de Industria) había tomado posesión y control total de la marca española. Poco después, en 1986, se concretaba la venta de Seat a Volkswagen, y aquí comenzaría una nueva etapa que perdura hasta nuestros días, pero en aquellos años se gestó uno de los modelos clave de la marca, el Seat Ibiza, que llevaría a la marca española más allá de nuestras fronteras.

Seat Ibiza SXI

Para el Seat Ibiza se recurrió al diseño de Giugiaro, así como a la ayuda del departamento de ingeniería de Porsche para darle una vuelta de tuerca a sus mecánicas y crear aquellos motores denominados, con mucho olfato comercial pero poca base técnica real, como “System Porsche”. El diseño del Ibiza transmitía robustez con sus trazos muy cuadrados, aunque se comentaba que provenía de un encargo de Volkswagen a Giorgetto Giugiaro, posteriormente descartado para la segunda generación de su Golf.

Aunque con defectos como unos acabados bastante mejorables y una fiabilidad relativamente delicada, estos problemas se subsanaron con el tiempo y gracias a sus virtudes y puntos fuertes, como su espacio interior, muy bien aprovechado para un coche con sólo 3,63 metros de longitud, así como una acertada polivalencia para el día a día y unos precios bastante asequibles, el Seat Ibiza se convirtió en el estandarte de la marca y un superventas, no sólo en España sino también en otros mercados.

Seat Ibiza SXI

Los motores inciales eran un diésel de 1.7 litros y 54 CV, así como los System Porsche de 1.2 y 1.5 litros, con 63 CV y 85 CV. Pero sin duda, el más apetitoso de todos ellos era el 1.5 litros de 100 CV, también con la coletilla “System Porsche”, cambio de cinco velocidades e inyección electrónica Bosch LE-2 Jetronic, ganando 15 CV sobre el motor de carburación. Se montaba sobre la versión que nos ocupa, el Seat Ibiza SXI, en combinación inseparable de motor y acabado.

Las modificaciones con respecto a los Ibiza estándar no eran muy profundas, aunque contaba con frenos de disco ventilados en el eje delantero, amortiguación con tarado ligeramente más duro o unos asientos y tapizados específicos. El Ibiza SXI no era verdaderamente un deportivo por puesta a punto de su chasis, pero sí un utilitario bastante prestacional para la época: sus 1.461 centímetros cúbicos y sus 100 CV le permitían alcanzar los 100 km/h desde parado en 10,8 segundos, así como alcanzar los 183 km/h. Cifras que hoy en día sólo son discretas y más que habituales, pero que a mediados de la década de los ochenta no eran tan frecuentes de ver en un utilitario de precio asequible.

Seat Ibiza SXI

En el exterior, el Ibiza SXI quería presumir de una estética deportiva, y lo hacía, pero sin demasiados excesos. Las líneas rojas diferenciaban la versión, así como los faros antiniebla, los pasos de rueda y el alerón posterior en plástico negro o las bonitas llantas de aleación multirradio. En definitiva, un modelo que supuso el estandarte en cuanto a imagen para Seat durante unos cuantos años, quizás los más delicados de su historia, y que tendría sucesor con el restyling sufrido en 1991 y denominado como Ibiza New Style, recibiendo un nuevo frontal y un motor catalizado de 1.7 litros y 105 CV.

La segunda generación del Seat Ibiza, aparecida en 1993 y donde ya se notaba de forma completa la mano de Volkswagen en su diseño, fabricación y tecnología, fue sin duda un paso adelante de gigante con respecto al primer Seat Ibiza. También en motores y versiones “deportivas”, incluyendo un 2.0 GTI de 115 CV, el 2.0 16v Cupra de 150 CV o un GT TDI de 110 CV, pero pese a ello muchos todavía recuerdan la primera generación del Ibiza con cariño, puesto que motorizó a buena parte de una generación en la citada década. Está claro que eran otros tiempos…

Fuente: Ran When Parked
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