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Sergio Álvarez Celebrando la potencia americana con los muscle cars más excesivos Born to Run

Cuando Bruce Springsteen compuso “Born to Run” en 1975, se inspiró de manera muy clara en la escena underground de carreras callejeras con muscle cars potenciados. Aunque este himno sonoro termina siendo una oda a escapar de una vida insulsa y mediocre mediante el automóvil – ¿es este el sueño americano? – los muscle cars fueron siempre una parte muy importante de la música del Boss. Los últimos años 60 y primeros años 70 fueron una época de locura automovilística, en la que vieron la luz algunas de las máquinas más demenciales y radicales jamás fabricadas en EE.UU. Una cultura en sí misma, viva, rápida y en muchos casos, suicida.

Parafraseando al Boss, la frase “Hemi-powered drones scream down the boulevard” de “Born to Run” hace referencia a duelos de aceleración en la Nueva Jersey de principios de los 70, mientras que “chrome-wheeled, fuel-injected, stepping all over the line” describe meramente estas máquinas de ensueño, gloria y orgullo de sus propietarios. Aún hoy en día el muscle car ejerce una atracción sin igual en el mundo automovilístico, como si el delirio de finales de los 60 aún perdurase. Máquinas sin racionalidad alguna, viva expresión del “más es mejor”, derrochadoras de combustible y definitivamente parte inseparable de la cultura norteamericana.

¿Qué mejor ocasión que el fin de semana del 4 de julio para rememorar a algunos de los muscle car más rabiosos y desmesurados jamás construidos? No se trata de vehículos comunes, en algunos casos son ediciones muy limitadas de fábrica o ejemplares únicos creados por preparadores de renombre. Y en todos los casos, coches que se averían, que desgastan tu cartera hasta extremos impensables y que arruinan noviazgos y matrimonios por igual. Pero cuando funcionan, y lo único que escuchas es el rugido de un V8 de la vieja escuela, el resto del mundo queda atrás. Es fácil ver por qué son máquinas tan populares.

Activamos las bombas de combustible de alto flujo, enriquecemos la mezcla combustible/aire y hacemos girar el motor de arranque. Y una vez más, los motores de ocho cilindros vuelven a la vida, mientras un penetrante olor a gasolina no quemada inunda el habitáculo…

1967 Hurst Hairy Olds

A mediados de los años 60, Hurst tuvo una época de gloria, no sólo por sus palancas de cambio, sino por su gama completa de accesorios para muscle cars. La empresa decidió capitalizar su popularidad con un vehículo que dejase una impresión duradera en el imaginario común. Y así nació el Hurst Hairy Olds, un Oldsmobile 4-4-2 con dos motores V8 sobrealimentados por compresor, tracción total y unos 2.000 CV de manera combinada. Sólo dos unidades fueron fabricadas en el lejano año 1967, y sólo una de ellas se conserva en el museo Oldsmobile de Michigan. Eran anuncios rodantes, pero anuncios muy rápidos y completamente funcionales.

Hurst Hairy Olds

La base del Oldsmobile 4-4-2 era atípica por ser un vehículo de tracción delantera con un motor de ocho cilindros. Lo que Hurst hizo con la ayuda de varios ingenieros de General Motors fue sobrealimentar el motor original de siete litros, y añadir un segundo propulsor donde el maletero iría. La estructura del coche fue modificada con varios subchasis tubulares, que se emplearían también como vehículos para la monstruosa cantidad de refrigerante que el coche necesitaba. Todo en el coche estaba duplicado y se había montado de manera completamente artesanal: motores, transmisiones, instrumentación… incluso tenía dos pedales de acelerador.

En las exhibiciones en pistas de drag-racing, el Hurst Hairy Olds podía hacer el cuarto de milla en menos de 9 segundos – léase, muy rápido – pero lo que solía hacer era un burnout de 300 metros de largo. Era un coche muy difícil de controlar, y la ingente cantidad de humo generada impedía ver al piloto en muchos casos. Amado por las masas, en 1967 una de las dos unidades tuvo un accidente en Niagara tras un fallo en el motor delantero. El coche fue desmantelado y fue el fin de las exhibiciones de los Hairy Olds. No obstante, no ha sido olvidado y en Diariomotor hemos querido darle sus cinco minutos de merecida fama.

1966 Shelby Cobra Super Snake

Hace muy poco tiempo dedicábamos un artículo de Diariomotor Altas Prestaciones a Carroll Shelby, uno de los grandes impulsores del automóvil estadounidense deportivo. No hablaremos ahora mismo de sus Mustang, sino que nos centraremos en un Cobra muy especial. Se denomina Shelby Cobra Super Snake, y no es necesario saber mucho acerca de las denominaciones que Carroll Shelby usaba en sus vehículos para reconocer que como poco, era un Cobra especialmente venenoso. Sólamente dos unidades fueron fabricadas, y se cree que sólamente existe una unidad actualmente. Shelby construyó una unidad para él mismo, la otra fue un regalo para Bill Cosby.

Shelby Cobra Super SnakeShelby Cobra Super Snake

El famoso cómico era un fan confeso de los muscle cars, pero las malas lenguas dicen que tuvo que vender su Super Snake porque le aterrorizaba. Quizá sus excesos en los 60 tuvieran algo que ver, pero lo cierto es que Cosby no estuvo a la altura de este terrorífico vehículo. Partiendo de un Shelby Cobra 427 estándar – en sí mismo una máquina extrema – Shelby añadió dos compresores Paxton, doblando la potencia del motor de 7,0 litros hasta unos 800 CV. Todo esto, sin ABS, control de estabilidad, electrónica o las Naciones Unidas. Potencia pura y dura, con unas prestaciones aún hoy en día capaces de humillar a muchos superdeportivos.

Se estimaba un tiempo en el 0-96 km/h de tres segundos, con una velocidad máxima que superaba los 300 km/h, en un coche para el que no se había hecho apenas ningún estudio aerodinámico, con neumáticos incapaces de sostener esa velocidad durante mucho tiempo. Una de las dos unidades producidas tuvo un accidente en el que su piloto falleció, tras haber comprado el coche a Bill Cosby, que tenía razón en asustarse ante el Super Snake. La otra unidad – perteneciente a Shelby – fue subastada por Barrett-Jackson en su famosa subasta de Arizona, con un precio de venta de 5,5 millones de dólares, una cifra de récord para los Cobra.

2003 Ford Mustang Boss 351

En apariencia, no es muy diferente a un Ford Mustang SVT Cobra, en sí un vehículo espectacular, pero no tan especial. Lo que hace especial al Ford Mustang Boss 351 es su carácter único. Cuando los ingenieros automovilísticos tienen tiempo libre, libertad y fondos disponibles ocurren cosas así. No olvidemos que son aún más aficionados a los coches que nosotros, con la excepción de que pueden construir lo que sueñan. ¿Qué tiene de peculiar el único Ford Mustang Boss 351 del año 2005? Un motor de diez cilindros en uve. Tal y como suena, un Mustang V10 construido por un equipo de ingenieros de Ford Powertrain en su tiempo libre.

Ford cuenta con motores V10 en su gama de vehículos, pero se trata de un 6.8 V10 que se emplea en los pick-up heavy-duty, algunos de ellos usados para el remolque de vehículos, con monstruosas dosis de par motor. No obstante, el motor del Mustang no se derivó del motor 6.8 comercial. Fue un 4.6 V8 modificado con un cilindro extra por bancada. Su cilindrada final era de 5,8 litros, a costa de un bloque bastante más grande. No obstante, su potencia rondaba los 430 CV, con un monstruoso par motor de 549 Nm a 5.500 rpm. En unas pruebas de aceleración con Motor Trend, lograba un 0-96 km/h de 4,4 segundos, y un cuarto de milla en 12,88 segundos.

Mustang Boss 350Mustang Boss 350

Ficha técnica
  • Motor V10, 5,8 litros atmosférico
  • Potencia 430 CV a 6.500 rpm
  • Par máximo 549 Nm a 5.500 rpm
  • 0-100kmh Unos 5 segundos
  • Velocidad máxima N.D.h
  • Peso N.D.

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Quizá no sea el Mustang más extremo jamás concebido, lógicamente, pero sin duda es uno de los muscle car más especiales. En las pocas pruebas efectuadas, se destaca el carácter casi de producción del coche, cuya manejabilidad está a la par de los Mustang de la época. No deja de ser un ejemplo de lo que Ford podría haber logrado si se hubiese planteado la producción en serie de un vehículo así. Un detalle curioso a extraer de esta historia, es que este 5.8 V10 tuvo serias posibilidades de haber terminado en el vano motor del Ford GT, aunque finalmente no ocurrió. Como decía Calderón de la Barca, “la vida es sueño, y los sueños, sueños son”.

1969 Chevrolet Camaro ZL1

Si cruzamos al lado de General Motors, uno de los muscle cars más especiales jamás creado fue el 1969 Chevrolet Camaro ZL1. Nada tiene que ver con los Camaro Yenko o los Camaro SS, el ZL1 es una bestia diferente, confeccionada en las mismas líneas de producción que el resto de los Camaro, con uno de los packs opcionales más deseados de la historia. Sólo 69 unidades fueron producidas, parte del programa COPO (Central Office Production Orders) 9560. Su propósito fue servir de homologación para un nuevo motor completamente construido en aluminio, con 427 pulgadas cúbicas de cilindrada, 7,0 litros para los que usamos el sistema métrico.

Hurst Hairy Olds

Estos motores iban a ser usados en los campeonatos nacionales de la NHRA (National Hot Rod Association) para drag-racing regulado, y debían producirse 50 unidades en la cadena de montaje. Sólo el motor valía más de 4.000 dólares en 1969 – época en la que un Camaro de seis cilindros costaba poco más de 3.000 dólares – y era ensamblado a mano, en un proceso de 16 horas. Los motores eran ensamblados en un ambiente casi de quirófano, uno de los primeros usos de “habitaciones limpias” en la construcción de motores, técnica que hoy en día se replica en todos los fabricantes de vehículos superdeportivos.

Su potencia declarada era de unos conservadores 430 CV – una artimaña habitual para evitar que las primas de los seguros no llegasen a la estratosfera – pero todas las fuentes están de acuerdo en que la potencia real de estos gigantescos motores superaba los 550 CV. Con ligeros retoques mecánicos, los Camaro ZL1 eran auténticas máquinas de matar en el drag racing. La modificación mecánica fue una constante en los muscle car, parte intrínseca de la cultura de la época. Vendidos en concesionarios de todo el país, hoy en día son considerados muscle cars muy valiosos, y en subasta es muy común que superen el medio millón de dólares con holgura.

TASCA Super Boss 429

El Ford Mustang Boss 429 en sí era ya una máquina de lo más seria. Su motor de más de siete litros de cilindrada producto de homologación para la NASCAR. Un gigantesco bloque que apenas cabía en el vano motor del Ford Mustang. Uno de los Mustang más deseados, cuya potencia real al salir de la fábrica era de más de 500 CV, aunque “sólo” se anunciasen 375 CV. Un hecho curioso que ocurría a finales de los 60 en Estados Unidos era la filosofía “race on Sunday, sell on Monday” de algunos concesionarios. Si sus vehículos arrasaban en la pista local de drag racing o en las carreras callejeras ilegales, las ventas iban a ser positivas.

Tasca Super BossTasca Super Boss

Puede parecer imprudente e inmoral, y sí, lo era. Pero eran tiempos más sencillos. Bob Tasca era el propietario de un concesionario Ford en Providence (Rhode Island) y uno de los impulsores del mítico programa Cobra Jet en 1968, definitivamente un tipo muy “Ford”. Tras conseguir uno de los primeros Boss 429 en salir de fábrica, modificó su motor elevando su cilindrada hasta los 8,1 litros, reforzando componentes internos y convirtiéndolo en una máquina muy rápida cuya potencia algunos estimaban en más de 700 CV. Con su pintura especial, Tasca recorría los diferentes drag-strips de la costa este, cautivando a propios y extraños.



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Tal era su fe en esta máquina, que ofrecía 1.000$ en metálico – por aquél entonces muchísimo dinero – a quién lograse batir a su coche, que corría con neumáticos de calle y silenciadores, para su uso legal en las carreteras. Se cree que en las noches de Providence, el mismo Bob Tasca salía a correr con este Mustang. Este vehículo fue usado hasta bien entrados los años 80, cuando la escena empezó a decaer debido a la crisis económica del país y los precios crecientes del combustible. Rescatado y restaurado a finales de los años 90, el Tasca Super Boss 429 aún hoy en día sigue apareciendo de forma esporádica en algunos eventos de aceleración.

Sólo hemos querido hablaros de cinco vehículos, pero cinco vehículos con historia y un carácter especial. Por supuesto, nos dejamos muchas máquinas de ensueño en el tintero: el 1964 Pontiac GTO, los Hurst Hemi Under-Glass, los últimos Shelby con 1.200 CV de potencia, los Dodge Coronet Superstock o los Dodge Charger Daytona, por mencionar sólo algunos de los ejemplos de algunos de los muscle car más radicales jamás producidos. Pero como dice el popular dicho: no están todos los que son, pero son todos los que están. La cultura muscle car es muy rica, y la cantidad de publicaciones que aún hoy en día viven de ello es impresionante.

Y es esta subcultura la que alimentaba las canciones de Springsteen, esta afición por ser apenas unos segundos más rápido que el rival, esquivando a la policía en máquinas altamente modificadas, compitiendo a altas horas de la noche en las calles de los pueblos y pequeñas ciudades del país, con masas de adolescentes como espectadores. La misma cultura perenne que ya nos mostraba George Lucas en la incipiente “American Grafitti”, y que es perfectamente retratada en filmes como “Two-Lane Blacktop”. Velocidad, apuestas, nulo respeto por la ley, olor a gasolina, y ganas de vivir rápido, escapando de una vida sin motivación o futuro.

Como decía el Boss en su fantástica – y extremadamente melancólica – “Racing in the Street”:

Tonight, tonight, the highway’s right
Out of the way mister you best keep
The summer’s here and the time is right
I’m going racing in the street