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David Villarreal Fisker Karma Un coche para la gente con buen Karma

Nos preguntábamos qué tiene este Fisker Karma para atraer a las estrellas de Hollywood, convertirse en un habitual de las carreteras del centro y el norte de Europa y monopolizar las miradas de propios y extraños en una zona tan habituada a la presencia de vehículos exóticos como la Costa del Sol, por las carreteras en las que tuvimos ocasión de probarlo.

Hablamos de una berlina deportiva con una tecnología inédita para un automóvil de sus características. También de 410 CV de potencia por aproximadamente 131.000 euros. Dicho de esta forma se nos ocurren infinidad de rivales, de entre los cuales los más obvios podrían ser un Porsche Panamera y un Aston Martin Rapide. Pero por mucho que nos estrujemos el cerebro intentando hallar un automóvil que al menos se le asemeje, difícilmente lo encontraremos.

El Fisker Karma además de berlina deportiva, es un automóvil de autonomía extendida. O en otras palabras, se trata de una berlina que se desplaza única y exclusivamente gracias a dos motores eléctricos y recurre a un motor de gasolina con cuatro cilindros para no depender de una toma de corriente eléctrica en nuestros viajes y recargar las baterías en marcha.

Este Karma ha sustituido la gasolinera por un enchufe, el delicioso sonido de un motor de seis, o más cilindros, en uve por un zumbido artificial que prácticamente suena a ciencia ficción; la patada de un potente motor térmico por la inquietante suavidad y máxima progresividad de los motores eléctricos. ¿Estamos ante una berlina de Altas Prestaciones? ¿Llegó la hora de hacer hueco a un nuevo concepto de deportividad? Y para terminar y hablando de la situación tan delicada por la que está pasando Fisker Automotive, ¿será la última oportunidad de conseguir un Fisker Karma?

Ficha técnica
  • Motores eléctricos 2×205 CV = 410 CV
  • Motor térmico 2.0 de 260 CV
  • 0-100kmh 6,3 segundos
  • Velocidad máxima 200 km/h
  • Peso 2.404 kg
  • Precio 130.971 euros

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El Fisker Karma es diseño y sobre todo tecnología

El mejor aval de este Fisker Karma es la responsabilidad, como fundador y diseñador, de Henrik Fisker. Desde el primer momento en que empezó a dibujar trazos sobre una hoja de papel, este danés que otrora fuera responsable de creaciones tan evocadoras como el Aston Martin DB9 y el V8 Vantage, o sin ir más lejos el BMW Z8, ya imaginaba la idea de una berlina musculosa y con un frontal prominente y alargado.

El Fisker Karma es diseño, pero sobre todo tecnología. Cuando procedas a accionar el motor, lo único que escucharás será el silencio más absoluto. Ese silencio se convierte en un inquietante zumbido que se escucha en el exterior del habitáculo en cuanto avanzamos los primeros metros. Se trata de Tron, una melodía generada por el Fisker Karma mientras circulamos a baja velocidad para advertir a los viandantes de nuestra presencia.

Según aceleramos y ganamos velocidad, la acción de un motor de gasolina se hace notar por el suave traqueteo y el tono agudo de un cuatro cilindros revolucionado, rompiendo la tranquilidad a la que ya nos habíamos acostumbrado. Definitivamente esto no es lo que te esperas de una berlina deportiva, y es el peaje que tendremos que pagar por la seguridad de mantener las baterías en todo momento con el nivel de carga óptimo para que esos 410 CV de potencia siempre estén disponibles y, por supuesto, no sufrir el estrés ante el temor de quedarnos tirados por el agotamiento de las baterías.

Prueba del Fisker Karma

Rompe con tus esquemas. Al ponerte al volante de una berlina deportiva de más de 400 CV y acelerar a fondo te esperas aceleraciones intensas, una aguja en el cuentarrevoluciones que no deje de subir y bajar y ese punto de diversión que en un momento dado no te haga echar de menos un deportivo más pequeño y ligero. Pero el concepto del Fisker Karma es totalmente diferente. Ni el motor de gasolina más progresivo ni la transmisión automática más efectiva podrán compararse a la aceleración lineal y sin sobresaltos que ofrecen los dos motores eléctricos del Karma.

Por otro lado, todo el mundo sabe que las prestaciones de cualquier automóvil responden generalmente a una sencilla ecuación, con la potencia en el numerador y el peso en el denominador. Sobre la báscula, el Fisker Karma asciende a casi dos toneladas y media. Hablamos de cifras que no son propias de una berlina deportiva sino de una limusina, de un Rolls-Royce. La culpabilidad de su peso la tenemos en las baterías y en sus prestaciones se hace notar especialmente en la marca del 0 a 100 km/h, que se sitúa en unos nada sorprendentes 6,3 segundos.

El Fisker Karma por lo tanto no se disfruta acelerando en línea recta y clavándote en el respaldo de tu asiento, sino gozando de su progresividad según va ganando velocidad, solo comparable a la sensación que tendríamos en un tren de alta velocidad.

Pero incluso con su extraordinario peso el Fisker Karma es ágil, se inscribe en las curvas con firmeza, aplomo y seguridad, e incluso es divertido cuando jugamos con el acelerador y su tracción trasera. Tan importante como la masa de un coche, la distribución de esta. Y esas pesadas baterías de 300 kilogramos del Karma se han situado de forma que el centro de gravedad del coche es muy bajo.

Ayer y hoy: cuando el Karma no siempre está de tu parte

Fisker Karma

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Hace seis años Henrik Fisker ya pudo vaticinar este éxito, que a posteriori se tornó en fugaz. De sus trazos habían nacido las proporciones ideales de una berlina deportiva, un diseño por el cual muy probablemente este Fisker Karma ya habrá pasado a la posteridad. La “sostenibilidad” de un motor eléctrico de autonomía extendida, brindó en su día la excusa perfecta para afianzar su aspecto más tecnológico, pero sobre todo para dejarse querer por los amantes de lo “ecológico” y también, por qué no decirlo, convencer a inversores – públicos y privados – y obtener un pedazo del monto que se estaba repartiendo en Estados Unidos para favorecer el desarrollo de híbridos y eléctricos.

A día de hoy la situación de Fisker Automotive no puede ser más complicada, su futuro pende de un hilo. Henrik abandonó el carro del proyecto que lleva su apellido y el resto de empleados se ven abocados al paro. Pero lo peor de todo es que la misma tecnología que hizo que este Fisker se convirtiera en objeto de toda nuestra atención, cual mal karma, se ha convertido en el mayor quebradero de cabeza de la marca y, si nadie lo remedia, también en una de las causas más plausibles del cierre por cese de negocio.

Pero nosotros ya podemos decir que tuvimos ocasión de probarlo y disfrutarlo. Tal vez se lo recordaremos a nuestros nietos cuando los eléctricos sean de verdad una buena alternativa a los motores térmicos tradicionales. Y en un momento tan oportuno como este y una sección tan apropiada como Diariomotor Altas Prestaciones, no quisimos dejar pasar la oportunidad de contaros nuestra experiencia al volante del Fisker Karma.

Fisker Automotive se encuentra en un momento muy delicado y el único remedio que realmente solucionaría todos sus problemas sería un comprador. Aunque las fábricas llevan paradas desde el pasado mes de noviembre, aún existe stock de unidades del Fisker Karma en Europa y su importador en España, Guarnieri Concesionarios, sigue atendiendo pedidos.

Nos despediremos diciendo que el ahorro de combustible no es una buena excusa para el Fisker Karma. La dependencia del motor térmico sigue siendo muy elevada, aunque siendo cuidadosos con el acelerador y desplazándonos en modo Stealth (“sigilo”), podremos hacer bastantes kilómetros por carretera y ciudad aprovechándonos únicamente de la energía almacenada en las baterías.

Pero lo mejor del Fisker Karma sigue siendo su apuesta original y tecnológica, la garantía de contar con un automóvil exclusivo y, por qué no decirlo, un pequeño representante de esa nueva generación de deportivos híbridos y eléctricos que poco a poco siguen llegando.

Prueba del Fisker Karma