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Sergio Álvarez Ford Mustang Los grandes indomables americanos

Corría abril de 1964, y Ford presentaba un coche que revolucionaría la industria estadounidense del automóvil. Su nombre hacía referencia a un caballo salvaje que surcaba libre las llanuras del medio oeste. Libertad al volante, el sueño americano sobre cuatro ruedas y posiblemente el nombre automovilístico más reconocible de los últimos cincuenta años: el Ford Mustang. Una máquina que tuvo la suerte de nacer en una época de salarios crecientes, bonanza económica y un precio para el combustible que hoy nos resulataría ofensivo: el agua embotellada era más barata que un litro de gasolina a mediados de los años 60.

El Ford Mustang fue un auténtico éxito de ventas, y ya en su primer año cientos de miles de unidades fueron vendidas, motorizando a gran parte de la juventud americana. Juventud que prontó empezó a experimentar con las grandes dosis de potencia que se pusieron en sus manos. Y cuando se nos pone la miel en los labios… queremos más. El Ford Mustang democratizó la potencia y comenzó a ganar popularidad en carreras callejeras, competiciones de drag racing o carreras de circuito. Una chispa que encendió una batalla de marcas, un fuego al que pronto añadieron gasolina ilustres nombres como Camaro, Challenger, Barracuda o GTO.

Ford Mustang

1964/5 Ford Mustang

Una guerra prestacional que fue apoyada desde fábrica y desde preparadores independientes, entre los que se contaba el entonces humilde Carroll Shelby. Días gloriosos – Glory Days, como diría Bruce Springsteen – que forjaron el inicio de la era muscle car, en la que tuvo especial protagonismo una amplia estirpe de Ford Mustang de altas prestaciones, prolongada hasta hoy en día. Años en los que las siglas V8 arrebataron todo el protagonismo. El Mustang bien podría haberse quedado en un inofensivo accesorio de moda con cuatro ruedas, pero por fortuna decidió marcar con paso firme el nacimiento del automóvil deportivo estadounidense.

Desde el año 1964 ha habido una enorme cantidad de Ford Mustang deportivos. Con motivo de la presentación de la séptima generación de este icono rodante, en Diariomotor Altas Prestaciones hemos querido rendir un sencillo homenaje a los Mustang más deportivos. Los potros salvajes que han marcado puntos de inflexión en la epopeya rodante más querida por miles de adictos al automóvil como tú y yo. Una selección subjetiva de un humilde servidor, breve pero de corazón: no están todos los que son, pero son todos los que están.

Caballeros, ensillen sus monturas y agarren firmemente las riendas, nos espera un viaje muy movido.

1967 Shelby Cobra GT500: el pecado original

Shelby American ya había ganado mucha fama con su fantástico GT350 desde el año 1965. Esta versión del Mustang con motor small-block 4.7 V8 permitía a cualquiera disponer de un vehículo preparado para la competición a un coste asequible. No obstante, era un coche poco refinado, biplaza y rudo en el día a día. Shelby lanzó en 1967 el Cobra GT500, un verdadero Mustang de altas prestaciones: un Gran Turismo con suficiente refinamiento y comodidad, pero capaz de morder con colmillos envenenados a todo el que dudase de sus prestaciones. Los cambios efectuados sobre su base – un Mustang GT – eran muy abundantes y de calado, pero discretos.

Comenzando por su estética, que convirtió en icónicas las dos franjas horizontales que atravesaban longitudinalmente su carrocería, un capó con dos prominente tomas de aire o el discreto emblema en la parte baja de las puertas. La verdadera fiesta estaba bajo el capó, donde vivía un big-block 428 “Cop-Motor”: un motor V8 de siete litros diseñado por Ford para las fuerzas policiales, cuya evolución llegaría a las calles bajo el nombre de 428 Cobra Jet. Desarrollaba de serie unos conservadores 335 CV: para evitar primas de seguro exageradas Shelby anunció que el motor no alteraba su potencia, a pesar de sus modificaciones.

Ford Mustang

1967 Shelby GT500

Con su doble carburadores de cuatro cuerpos, la admisión de un motor de competición y colectores de escape modificados – entre otros cambios – Shelby declaraba 355 CV para su motor. La cifra real se estima en unos 410 CV, que pasaban sin adulterar a un nervioso tren trasero de eje rígido mediante una caja manual de cuatro marchas o una automática de tres relaciones. El aire acondicionado, la tapicería de cuero o la dirección asistida era de serie, y su jaula antivuelco estaba forrada y acolchada. Lo que no debería llevar a engaños: esta serpiente mordía pero en apariencia, era otro Mustang GT más, discreto y elegante.

El concepto de Gran Turismo americano fue posiblemente inaugurado con el GT500, que tuvo dos hermanos llamados GT500 “King of The Road” y GT500 Super Snake. El primero fue la evolución del GT500 original, y arrebató a Chevrolet una denominación que pretendía usar en el Camaro y hacía uso de un motor 428 Cobra Jet debidamente modificado – evolución del 428 “Cop-Motor” del GT500 – y una estética más agresiva. El GT500 Super Snake empleaba un motor 427 de 7,0 litros – el mismo del mítico Ford GT40 – un bloque de aluminio que sobrepasaba los 500 CV. Sólo se construyó una unidad, cuyo precio superó los tres millones de dólares en subasta.

1969 Ford Mustang Boss 429: el Mustang incomprendido que desayunaba Corvettes

Aunque el Shelby GT500 fuese el pináculo de deportividad para el Ford Mustang en los años 60, era un vehículo de preparador. Algunos pensarían que Ford se guardaba un as en la manga, pero el Ford Mustang Boss 429 nació como el mero continente para homologar en las calles un nuevo motor de competición que emplearía en la NASCAR. En lugar de montarlo en los Torino con los que competía en la NASCAR, lo montó en un envoltorio más atractivo. En Altas Prestaciones nos encantan los vehículos especiales de homologación, y el Boss 429 es uno de los más icónicos. Y si encima ha sido un vehículo incomprendido a la altura del Chevrolet Corvette, aún más.

Ford Mustang

1969 Ford Mustang Boss 429

Ford fabricó un nuevo propulsor de 429 pulgadas cúbicas – que nada tenía que ver con los 428 Cobra Jet del Shelby GT500 – cuya peculiaridad era un alto régimen de giro, cercano a las 7.000 rpm. Carburador Holley de cuatro cuerpos, inducción de aire tipo Ram-Air o un escape de competición, para una potencia declarada de sólo 360 CV… que por supuesto nadie creyó a excepción de las aseguradoras. Se comenta que su potencia real rondaba los 500 CV, y que algunas unidades incluso podrían haber rozado los 600 CV. Todo ello en la misma época en la que en España nos movíamos en un Fiat fabricado bajo licencia con 25 CV de potencia.

Ficha técnica
  • Motor 7.0 V8 “429” atmosférico
  • Potencia 375 CV a 5.200 rpm (declarados)
  • Par máximo 665 Nm a 3.400 rpm
  • 0-100 km/h n.d.
  • Velocidad máxima n.d.
  • Peso n.d.

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El gigantesco motor del Boss 429 obligó a aumentar el ancho de vías delantero, rediseñando la suspensión y moviendo la batería al maletero. El aire acondicionado o la dirección asistida ni siquiera se ofrecieron como extras. Los fans del drag racing no vieron con buenos ojos un motor que destacaba por sus altos y un chasis y suspensión diseñados con un buen paso por curva en mente. Aunque existe un consenso de que el Boss 302 fue el Mustang de referencia dinámicamente hablando, la mayor potencia y exclusividad del Boss 429 le han granjeado un puesto en la historia. No es posible encontrar unidades usadas por menos de 100.000 dólares.

La producción del Corvette de Ford se limitó a 1.358, todas ellas equipadas con caja de cambios manual.

1993 Mustang SVT Cobra: vuelta al ruedo

Los años 70 y 80 fueron una época tumultuosa para el muscle car, una época de recesión económica, de precios crecientes para el petróleo y restrictivas normativas anticontaminación. El Ford Mustang de segunda generación merece la pena ser olvidado, y hasta el final de su tercera generación nuestro querido potro no volvió a ser un poco salvaje. El Mustang necesitaba librarse de las riendas manejadas por la Environmental Protection Agency y volver a ser políticamente incorrecto. A finales de los 80 el Mustang volvió a entrar al club de los ocho cilindros, lo que allanó el camino para la creación de un grupo llamado SVT (Special Vehicle Team).

Ford Mustang

1993 Ford Mustang SVT Cobra

A principios la tercera generación del Mustang estaba a punto de ser reemplazada tras más de una década en el mercado. SVT presentó en el Salón de Chicago de 1992 el Ford Mustang SVT Cobra. Aparentemente era idéntico al Ford Mustang GT, a excepción de unas llantas de 17 pulgadas y pequeños detalles. Los cambios estaban bajo el capó donde vivía un 5.0 V8, cuya potencia aumentaba hasta 235 CV gracias a diversas modificaciones internas. No parece mucha potencia, pero sus prestaciones casi igualaban las de los mejores Mustang de los 60 tras 20 años de evolución técnica y de una gran mejora en el tren de rodaje, transmisión y suspensiones.

De nuevo, la potencia real parecía ser superior permitiendo un cuarto de milla de 14,5 segundos. Este Ford Mustang SVT Cobra ha sido la base para multitud de preparaciones, a pesar de una producción relativamente escasa de 4.993 unidades a un precio de 21.578 $, alto en su época. No obstante, la guinda del pastel fue el Ford Mustang SVT Cobra R. Una tirada limitada a 107 unidades, con el mismo motor pero suspensiones deportivas Koni, sin aire acondicionado, equipo de sonido, asientos traseros… o garantía. Ford se quiso asegurar que no fuesen “reinas de garaje”: para poder comprarlo había que tener una licencia de competición nacional.

2000 Ford Mustang Cobra R: el caballo que se dejó envenenar por la víbora

Si hubo un vehículo que certificó la vuelta definitiva al ruedo de las altas prestaciones por parte de Ford, fue el exclusivo Ford Mustang Cobra R del año 2000, basado en la cuarta generación del Ford Mustang. Tras varios problemas con el Cobra de 1999, Ford necesitaba demostrar que sabía hacer bien las cosas. Y lo demostraron con el Mustang más deportivo creado en décadas. El Ford Mustang Cobra R era prácticamente un coche de competición homologado para circular en carretera, el Porsche 911 GT3 de Ford. Su exterior ya era una declaración de intenciones: un kit de carrocería agresivo, llantas de 18” y un enorme spoiler trasero.

La fiesta estaba como siempre bajo el capó. Pero esperad un momento, bajo su capó había un motor 5.4 V8 DOHC cuyo bloque de hierro podía encontrarse los vehículos comerciales de Ford. ¿Un motor de altas prestaciones? Sí, después de que los ingenieros de SVT – con la ayuda del ilustre Jack Roush – aplicasen su magia al robusto ocho cilindros. Mediante componentes de alta calidad y muchos ajustes se presentó un motor atmosférico de 385 CV, capaz de girar a 6.500 rpm. De nuevo, varias pruebas demostraron que su potencia real rondaba los 430 CV.

Ford Mustang

2000 Ford Mustang Cobra R

Este motor fue la base del empleado en el superdeportivo Ford GT. El Ford Mustang Cobra R no tenía asientos traseros, ni aire acondicionado ni equipo de sonido. Los asientos delanteros eran bacquéts firmados por Recaro. Todo las modificaciones iban encaminadas a la búsqueda de un peso contenido – menos de 1.700 kg – y un rendimiento en circuito impecable, a lo que ayudaban una caja de cambios Tremec de seis relaciones con desarrollos cortos, sus discos de freno Brembo de 13 pulgadas o una suspensión de tarado más que firme.

Ficha técnica
  • Motor 5.4 V8 atmosférico
  • Potencia 385 CV a 6.250 rpm
  • Par máximo 522 Nm a 4.250 rpm
  • 0-100 km/h n.d.
  • Velocidad máxima 282 km/h
  • Peso 1.628 kg

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Sólo 300 unidades fueron producidas a un precio desorbitado de 54.995 dólares. Era el precio a pagar por un Ford que humillaba a todos los deportivos americanos coetáneos. Sí, incluso al Corvette.

2013 Ford Mustang Shelby GT500: el Mustang de las 200 millas por hora

El círculo se cierra con el último Mustang de altas prestaciones producido por Ford, y de nuevo volvemos a la denominación GT500. Se trata del superlativo GT500 2013, que a pesar de ser el Mustang más potente y rápido jamás producido sigue haciendo uso del típico eje trasero rígido. Puede decirse que ha sido el vehículo que ha marcado el fin de fiesta para la quinta generación del Ford Mustang. Tradicionalmente los GT500 han sido los vehículos más radicales producidos por Ford, pero parece que con el GT500 el equipo de desarrollo sufrió un ataque de locura colectiva y decidió fabricar el V8 de producción masiva más potente de la historia.

Ford Mustang

2013 Ford Mustang Shelby GT500

El monstruo que propulsa a este Mustang es un 5.8 V8 de aluminio, convenientemente sobrealimentado por un gigantesco compresor volumétrico. El motor fue estrenado en 2011 con una potencia arrolladora de 580 CV, poco antes de que Chevrolet comenzase a presumir de su ZR1 de 638 CV y sus tiempos al Nürburgring. El GT500 no puede competir en dinámica con el Corvette, pero sí puede hacerlo en potencia. Y de un año para otro, Ford insufló casi 100 CV adicionales a su Shelby, cuya potencia es de unos estremecedores 662 CV. La calandra está hueca para que el motor se pueda refrigerar. Hueca, como la cabeza del que se atreva a desconectar su ESP.

Sólo disponible con una caja de cambios manual de seis relaciones – cuyo embrague es reemplazo de un día de pierna en el gimnasio – es capaz de hacer cuartos de milla en 11 segundos y romper cristales a su paso con el rugido de su escape a plena potencia. Su interior es espartano, pero correcto y relativamente cómodo. Un remanso de tranquilidad en un mar de locura colectiva, que es posible convertir en un delirio con las versiones King of the Road y Super Snake, cuya potencia supera los 1.000 CV en el último caso. Y no nos olvidamos, ha sido el primer Mustang de fábrica en superar las 200 mph, que equivalen a 320 km/h.

Desde luego, los coches americanos son rápidos en línea recta, y este GT500 desde luego confirma el estereotipo. Para las curvas ya estaba el Boss 302.

¿Y en el futuro?

Ford Mustang GT 2015

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La familia Ford Mustang acaba de acoger a un nuevo miembro. Una séptima generación que actualiza la saga al presente, sin olvidar un pasado muy importante. El Ford Mustang de séptima generación será el primero que se venda de manera oficial en Europa – y a nivel global, como parte de la estrategia “One Ford” – y el primero que abandone el tradicional esquema de eje rígido trasero por una suspensión trasera independiente. Por primera vez en más de 20 años, volverá a haber un motor turbo de cuatro cilindros bajo el capó del Ford Mustang y puede que sea la primera vez que un Ford Mustang carezca de un motor de seis cilindros en su gama.

Muchas novedades, pero con un diseño que en absoluto hace que olvidemos su ADN, con una calandra característica y un grupo óptico trasero más que conocido. Por el momento no conocemos más que la existencia de una versión GT 5.0 con un motor V8 de 426 CV, pero tened por seguro que habrá versiones GT500. Quién sabe, puede que incluso se recupere alguna denominación histórica como Boss 302 o King Cobra. De lo que estamos seguros es de que será un éxito de ventas a tenor de su diseño – aunque un servidor no sea del todo imparcial con respecto al coche americano: léase fan acérrimo – y su venta a nivel mundial, sin fronteras.

Tened por seguro que un Ford Mustang acabará pasando por Diariomotor Altas Prestaciones, y esperemos que lo haga más pronto que tarde. Por el momento esperamos que hayáis disfrutado de la pequeña selección subjetiva de ponys que os hemos preparado hoy. Nos hemos dejado en el tintero a los Shelby GT350 o al fantástico Ford Mustang Boss 302 Laguna Seca de hace apenas un par de años, pero no nos hemos olvidado en absoluto de ellos. Por el momento nos preparamos para un nueva generación que va a requerir de cowboys avezados y valientes, capaces de domar a una nueva camada que promete ser más salvaje e indomable que nunca.

Y mientras tanto, en el establo contiguo, los Camaro y Challenger tiemblan…

Ford Mustang