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Cepsa Altas Prestaciones

Mario Herraiz Mercedes CLK DTM AMG: un título en el DTM bien vale crear una joya así

Hablar de deportivos con la insignia de Mercedes nos puede llevar a pensar en un abanico tan amplio de opciones en los que entran espectaculares joyas clásicas como el 300 SLR, modernas reinterpretaciones clásicas como el Mercedes SLS AMG, clásicos sedanes de muy altos vuelos como el “Hammer” y pequeños héroes como el Mercedes A 45 AMG, pero, ¿qué tal si añadimos al “filtro de búsqueda” la palabra DTM? Sin duda el abanico de opciones, hablando de modelos que han ido más allá de los circuitos, se reduce considerablemente y es que únicamente hay un modelo, protagonista hoy de este Altas Prestaciones, que ha lucido las iniciales del Campeonato Alemán de Turismos en su denominación: el Mercedes CLK DTM AMG.

2004: un año muy AMG, el último año antes de la llegada de los nuevos “63 AMG”

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Al mismo tiempo en 2003 Mercedes desarrollaba de la mano de McLaren al Mercedes SLR McLaren.

Se respiran buenos tiempos en AMG. Estamos en 2002 y AMG, en pleno 35 aniversario, estrena nuevas instalaciones, incluida una nueva planta de motores y una nueva sala de exhibiciones, mientras que en las calles son vendidas 18.000 unidades y 30.000 kits estéticos con el sello de AMG. Y nosotros que creíamos que ese afán por los kits de carrocería era cosa del hoy y del Clase A en particular.

Un año más tarde las cifras siguen creciendo y se llegan a las 20.000 unidades al tiempo que la mecánica AMG de 5.4 litros (aunque la marca habla de este motor como 5.5 tiene en realidad un cubicaje de 5.439 cc) sobrealimentada por compresor presente en los modelos CL55, E55, S55 y SL55 se lleva el título de “Engine of the year” en una recién estrenada categoría de “mejor motor prestacional”.

SL 65 AMG (R230) 2008

En 2003 Bernd Schneider lograba su penúltimo título en el DTM, el último lo cosecharía en 2006.

El germen de estos dos años, bañado además en los circuitos con el champagne del tercer título consecutivo del DTM conseguido por Bernd Schneider, estalla en un 2004 en el que la división deportiva de Mercedes lanza toda una ofensiva de modelos con el CLS 55 AMG, el S 65 AMG y el SL 65 AMG, pero también un modelo que va un paso más allá, unido a la gama AMG y al mismo tiempo ligeramente al margen del resto de alternativas: el Mercedes CLK DTM AMG.

Eran los últimos coletazos de la familia 55 AMG. Un año más tarde, en 2005, empezaría el camino de la familia 63 AMG.

Otro CLK para recordar: el Mercedes CLK-GTR

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Si hay que hablar de CLK deportivos debemos mencionar al CLK-GTR, el más radical de todos.

Pero antes de abordar al protagonista de hoy, de este fin de semana, retrocedamos una vez más en el tiempo para remontarnos un poco más atrás e ir a 1997, al año en el que Mercedes llevo a las calles a un espectacular Mercedes CLK-GTR, un modelo que nacía como una de esas obligadas producciones necesarias para homologar un coche de competición que tan grandes leyendas nos ha dejado y que en el caso de este modelo en particular servia para llevar a la firma germana hasta el Campeonato FIA GT.

Se programaban así 25 unidades acompañadas por una mecánica V12 de 6.9 litros con una potencia de 612 caballos a 6.800 rpm, 770 Nm de par y una carrocería realizada íntegramente en fibra de carbono, aunque su peso se quedaba por encima de los 1.500 kg.

4.1.1

A diferencia del CLK DTM AMG, el CLK-GTR estaba basado en la primera generación del Mercedes CLK.

Eran auténticos coches de carreras con los cambios mínimos para poder llevar matrícula, contando además, como aderezo adicional, con aire acondicionado, tapicería en cuero y un sistema de sonido de alta fidelidad.

Se recurría a una caja de cambios secuencial de 6 velocidades, la potencia por supuesto quedaba entregada al eje posterior y prestacionalmente marcaba un 0 a 100 km/h por debajo de los 4 segundos, parando el crono en los 3.6 segundos antes de alcanzar una velocidad máxima de 320 km/h.

Mercedes CLK DTM AMG: llevando a la calle el coche de Bernd Schneider

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Estaba basado en la segunda generación del CLK, modelo que se lanzó en 2002 y que estuvo presente en el mercado hasta que fue relevado por el Clase E Coupé.

En su lanzamiento AMG establecía paralelismos entre el CLK-GTR y el CLK DTM al hablar de la transferencia de conocimiento de los modelos de competición de la marca a los modelos de calle, haciendo además de paso una lógica alusión al título logrado en 2003 por Bern Schneider en el DTM.

Su estética lo delataba a golpe de aletas ensanchadas, con especial atención al paso de rueda posterior ventilado. Sus paragolpes también eran de nueva factura, también su difusor trasero y por si quedaba alguna duda aparecía sobre el portón del maletero un alerón fijo de fibra de carbono. No, por desgracia su aspecto, al igual que su técnica, no podía ser tan exagerado como lo había sido en su día el CLK-GTR, pero tampoco se quedaba demasiado atrás.

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Bajo su capó nos encontrábamos con el V8 sobrealimentado por compresor que había recibido el título de “Engine of the year” en la categoría “Performance”.

Un gran número de componentes de su carrocería estaban desarrollados en CFRP como sus pasos de rueda, el capó o las puertas.

Dentro de esos pronunciados pasos de rueda unas llantas de 19 pulgadas en el eje delantero y de 20 pulgadas en el eje posterior, contando con neumáticos Dunlop en medidas 225/35 para las primeras y 285/30 para las segundas y acompañando a estas llantas todo un nuevo repertorio de elementos en su parte ciclo, encontrándonos con unas nuevas suspensiones ajustables, una nueva barra estabilizadora posterior y un nuevo diferencial de deslizamiento limitado, así como unos frenos más eficaces y un nuevo tarado para el control de tracción y el de estabilidad.

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En su interior la fibra de carbono se extendía por la consola central, la instrumentación o los guarnecidos de las puertas

Su interior también derrochaba deportividad al prescinidr de las plazas traseras y contando para los asientos delanteros con un par de auténticos baquets. La fibra de carbono recubría el puente central mientras que la alcántara recubría los asientos y el volante.

Pero, ¿qué mecánica acompañaba a este musculado alemán?

Bajo el capó de este CLK nos encontrábamos con el V8 Kompressor de 5.4 litros, mecánica que desarrollaba una potencia de 582 caballos a 6.100 rpm al tren posterior con un par de 800 Nm a 3.500 rpm, recurriendo para su transmisión a una caja de cambios automática AMG de 5 velocidades.

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Prestacionalmente era capaz de marcar un 0 a 100 km/h en 3.9 segundos mientras que su velocidad máxima era de 320 km/h. No faltó a su cita con Nürburgring, consiguiendo un tiempo de 7 minutos y 54 segundos, tiempo que lo pone a la latura del Porsche 911 Turbo de la generación 997, siendo 4 segundos más lento que otro ilustre alemán, el BMW M3 CSL.

Su precio en Alemania superaba los 230.000 euros pero a cambio, además de un coupé realmente prestacional, teníamos uno de los deportivos más exclusivos que han pasado por el catálogo de Mercedes. No, no llegaba a las 25 unidades del CLK-GTR, pero este Mercedes CLK DTM estaba limitado a sólo 100 unidades.

También existió en versión descapotable

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Tras el éxito del coupé, agotándose en 2004 rápidamente las 100 unidades a las que se había limitado, Mercedes decidió lanzar una versión descapotable que se alzó entonces con el título del descapotable de 4 plazas más rápido del mundo. Sí, a diferencia del coupé esta alternativa contaba con una fila posterior practicable de asientos.

Esta alternativa, también limitada a 100 unidades, no introducía ningún cambio, más allá de la propia nueva condición de descapotable, respecto al coupé, aunque lógicamente sus prestaciones quedaban condicionadas a esta nueva condición, marcando ahora un 0 a 100 km/h de 4 segundos, con una velocidad máxima limitada electrónicamente a 300 km/h.

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Tras anunciarse en 2005 se entregaron las primeras unidades durante el primer semestre de 2006.

Del CLK DTM AMG al CLK 63 AMG Black Series

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Prestacionalmente marcaba un 0 a 100 km/h en 4.3 segundos, siendo su velocidad máxima de 300 km/h.

En el Salón de Nueva York de 2007, ya basado en el lavado de cara del Mercedes CLK introducido en 2006, Mercedes nos presentó una nueva vuelta de tuerca prestacional para el Mercedes CLK de la mano de uno de los primeros modelos de la marca en portar la insignia de “Black Series”. Un año antes Mercedes había presentado esta nueva denominación con el Mercedes SLK 55 AMG y ahora le tocaba el turno al CLK en un proceso que básicamente consistía y consiste (esperamos con ansia la llegada del AMG GT Black Series) en hacer aún más radical, aún más bruto, a los modelos AMG, aunque no todos han tenido la fortuna de recibir este ilustre y “oscuro” emblema.

Del motor compresor de 5.4 litros se pasa ahora al V8 de 6.3 litros atmosférico contando con una potencia de 507 caballos y 630 Nm de par, pasando además a contar en esta alternativa con una nueva puesta a punto en la que nos encontramos con una nueva suspensión, llantas forjadas de 19 pulgadas, una nueva configuración para la dirección y frenos carbocerámicos.

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Estéticamente un nuevo paragolpes, los pasos de rueda ensanchados, el difusor trasero con las cuatro salidas de escape y el alerón trasero tipo lip definían una estética también bastante amenazadora, capaz casi de pelear de tú a tú con el CLK DTM AMG, que sin embargo contaba con unas prestaciones mayores, una producción más limitada y un interior mucho más radical.