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Sergio Álvarez Peregrinación a la meca del deportivo alemán Visita al Museo Porsche en Sttuttgart

Dice la Real Academia Española que el acto de peregrinar consiste en “ir en romería a un santuario por devoción o voto”. Los peregrinos del Camino de Santiago recorren a pie cientos de kilómetros y en Montserrat se suben cientos de escalones. Los devotos del automóvil deportivo alemán también tienen su particular meca, el Porsche Museum, situado en la histórica Porscheplatz en Zuffenhausen, Stuttgart. A apenas unos metros de los edificios de la fábrica original, nuestro peregrinaje a bordo de dos aviones ha llegado a su fin. Nuestro momento de entrega al olimpo de Porsche es inminente, y puede que sea solamente yo, pero mi boca tiene un regusto a gasolina, como si estuviese anticipándose al momento.

Antes de llegar al museo, recorremos Zuffenhausen. Podría pensarse que este suburbio del norte de Stuttgart es un escaparate de vehículos deportivos y merchandising similar a Maranello, pero nos llevaremos un chasco. Lo que me encuentro son simplemente calles anónimas de una zona industrial. Pasamos junto a la fábrica de Porsche AG, instalación donde se fabrican en exclusiva los Porsche 911, Boxster y Cayman, fabricándose el resto en Leipzig. A excepción de un túnel acristalado sobre la arteria principal de Zuffenhausen – por donde circulan las carrocerías de la línea de montaje – no estamos impresionados. Pero en el número 1 de la Porscheplatz todo cambia. El gigantesco Porsche Museum nos sorprende.

Porsche Museum

Ubicado en posición central, este edificio fue inaugurado en 2009 tras varios años de construcción, a un coste que superó los 100 millones de euros. Dicen las malas lenguas que Porsche se decidió a construir este museo al ver a Mercedes construir su espectacular museo, apenas a unos kilómetros. Diseñado por los arquitectos de Delugan Meissl, el edificio parece suspendido en el aire al apoyarse sólo en tres pilares. Una impresionante mole de cristal y acero, absoluta referencia arquitectónica de Stuttgart, que aún manteniendo una presencia de vanguardia, ha sido diseñado en torno a los vehículos que alberga, no sólo como escaparate exterior. 5.600 metros cuadrados de exhibición y en torno a 80 vehículos, una peculiar epifanía para los que hemos hecho esta peregrinación automovilística.

Ligero, inteligente, potente, veloz, intenso y consecuente

Las puertas del templo se abren y tras haber pasado reflejados por un techo lleno de espejos, emprendemos una larga subida en unas escaleras mecánicas, que nos sumergen de lleno en la exposición. “Stairway to Heaven” de los Led Zeppelin nunca ha sido materializada más adecuadamente. Me giro y ante mí capto un pequeño adelanto de lo que este coloso de tonos blancos y trazos modernos me va a ofrecer: varios Porsche que han competido en LeMans y muchos clásicos. Mi pulso se acelera. ¿Todo esto por un precio de ocho euros? Esto es lo siguiente a una ganga. Aunque Porsche nos haya franqueado el acceso sin tener que desembolsar un céntimo, no se nos ocurre una manera mejor de gastar ocho euros.

Porsche Museum

Porsche organiza su museo en torno a los seis adjetivos que dan título a esta sección. Todo comienza con un repaso a la historia de Ferdinand Porsche antes de la creación de Porsche AG, en 1948. Desde los primeros motores de aviación, el híbrido Lohner-Porsche o los estudios aerodinámicos a la creación del Volkswagen Beetle, ideado por Porsche originalmente. Fue precisamente el Beetle la base de los 356 – aún muy ligados al coche del pueblo – y el incio de la producción de vehículos en Porsche. Pero nada habría sido posible sin el Porsche Type 360 Cisitalia, un vehículo de competición del año 1947 cuyo potentísimo motor fue diseñado por Porsche. Los resultados económicos del proyecto permitieron el desarrollo del primer 356.

Porsche Museum

El espacio arquitectónico permite una visita ordenada en el tiempo por la historia de Porsche, y en esta primera fase podemos admirar los primeros 911 o versiones muy cotizadas de los 356, como el precioso Porsche 356 B 2000 GS Carrera GT, una de las iteraciones más potentes de este Escarabajo anabolizado y uno de los primeros vehículos en montar una caja de cambios manual sincronizada. Los inicios en competición también se recogen, con los preciosos 550 Spyder – uno de ellos perteneciente a la familia Perón – o el 906, uno de los primeros vehículos en emplear una carrocería ligera en fibra de vidrio. La ligereza se olvida brevemente con un tractor Porsche, parte de la historia menos conocida del fabricante de Zuffenhausen.

Porsche Museum

El tour continúa con los 908, 911 RSR 2.1 Turbo y los impresionantes 917, como abanderados de Porsche en LeMans a principios de los años 70 y co-protagonistas de la cinta homónima de Steve McQueen. Es impresionante lo corto, bajo y ancho que los 917 son en vivo. No obstante, ello no debe distraernos: estas bestias – vencedoras en Le Mans, 1970 – tenían motores turbo de doce cilindros opuestos que con una puesta a punto de clasificación eran capaces de desarrollar más de 1.200 CV y alcanzar velocidades cercanas a los 400 km/h en la recta de Mulsanne. El 917 Longtail con vinilos de Martini borra la frontera entre la forma y la función.

Porsche Museum

La vista se me escapa hacia el impresionante 935 “Moby Dick” y el Porsche 956 que se encuentra colgando boca abajo del techo. Este rapidísimo prototipo generaba tal fuerza aerodinámica que supuestamente, era capaz de conducir por el techo a partir de los 321,4 km/h. Las glorias de la competición nos llevan al 959 que participó en el Dakar, con una victoria doble en 1986. Pero la competición no debe distraernos de joyas como uno de los primeros 959 de producción, las iteraciones más potentes del 928 o los extraños C88 – un estudio de utilitario de bajo coste, el Dacia de Porsche – y el Jagdwagen, un todoterreno militar para el ejército alemán. Diversos motores llaman la atención: el H12 del 917 o el 1.5 V6 turbo de 800 CV TAG-Porsche.

Porsche Museum

Aunque el 993 GT2 sea uno de mis Porsche favoritos y lo tenga delante, hay deliciosas curiosidades que también consiguen llamarme la atención, como un Porsche 993 con especificaciones de Polizei o uno de los aguerridos Cayenne de la Transsyberia de 2008. Una nube de trofeos en competición ocluye la vista de los 911 GT1, y el RS Spyder, últimas glorias de los circuitos. Lleamos al fin del museo, pero aún nos podemos deleitar con un 996 GT1 de calle y “la joya de la corona”, el precioso Porsche Carrera GT, quizá uno de los Porsche más bonitos jamás creados. Impulsado por un 5.7 V10 de 560 CV asociado a una caja manual se trata de un vehículo purista que te arrebata el corazón y que es imposible dejar de fotografiar.

Porsche Museum

Podríamos escribir ríos de tinta virtual sobre cada uno de los coches, pero nada es comparable a la sensación de pasear entre trozos de historia con ruedas, los mismos trozos de historia con los que me he criado jugando en videojuegos o adornaban mi pared. Han estado delante de mi cámara e incluso he podido acceder a algunos de ellos. Una oportunidad que nadie debe desaprovechar si viaja al sur de Alemania. Tomamos las escaleras de vuelta a la planta baja, y la exposición desaparece de mi vista en un juego de cristal y ángulos arquitectónicos. Una imagen que desaparece poco a poco pero de la que no me olvidaré mientras viva.

Porsche Museum

En la trastienda: el archivo Porsche y el taller de clásicos

Uno pensaría que la visita al museo se ha terminado, pero estaría equivocado. Lo que desconocía es que el museo de Porsche – además de la sede del departamento internacional de prensa de la marca – esconde un archivo exhaustivo de todo lo sucedido en su historia. Y cuando digo todo, es todo en mayúsculas. Con una atención al detalle en el borde de lo enfermizo, los empleados del archivo han categorizado, etiquetado y almacenado toda la información relevante sobre Porsche. El director del museo nos acompañó en un tour de una hora por estas salas (un total de siete enormes salas climatizadas y estancas), mostrándonos por el camino algunos documentos de valor incalculable, que pensaba que jamás vería en mi vida.

Porsche Museum

Porsche MuseumPorsche Museum

Una de las primeras cosas que nos enseña son unas cajas donde se recoge todos los comunicados de prensa de la historia de Porsche, así como una biblioteca accesible al público en la que se encuentran miles de libros y artículos de revista escritos sobre todo lo que rodea a Porsche. Desde 1961 se hace un clipping diario de prensa, que sigue efectuándose en el museo a diario. La siguiente sala nos revela cientos de miles de fotografías, negativos y diapositivas tomadas por la marca, desde sus inicios hasta hoy. Uno de los álbumes gira en torno a Ferdinand Porsche y un viaje que hizo a EE.UU. en los años 30 en busca de proveedores y maquinaria. Están incluso acompañadas de los recibos de los restaurantes o las tarjetas de visita.

También nos enseñan el cardex, una tarjeta única de cada coche fabricado por Porsche, en la que se recogen las opciones equipadas e información técnica del mismo. Ante mis ojos se materializa el cardex del primer 911, propiedad de Ferry Porsche. Fotos del primer prototipo de Porsche 356, en su sesión fotográfica en los jardines de la casa de Ferdinand, fotos del primer chasis e incluso fotos de un cumpleaños de Ferry. Catálogos de piezas, registros de producción o manuales de mantenimiento de incluso vehículos militares fabricados por Porsche. Tal es mi entusiasmo que casi paso por alto la colección de material audiovisual, los pósters fabricados en cada victoria en competición o modelos de diseño en arcilla.

Porsche Museum

Porsche MuseumPorsche Museum

Un tesoro de información, que Porsche se encuentra volcada en digitalizar en la medida de lo posible y conservar. Un rico patrimonio cultural e industrial que creedme, está en excelentes manos. Sólo una anécdota final: nos advierten de que si suena una alarma de incendio tenemos dos minutos para dejar el archivo. Tras esos dos minuos las habitaciones se inundan de gas argón, que impide el avance de las llamas. Dicen que es una muerte dulce y tranquila. Tras asustarnos un poco, nos vamos al taller que varios mecánicos especialistas regentan en la planta baja del museo. Se debe en exclusiva a la colección permanente del museo y al acondicionamiento de nuevos vehículos a un establo que va creciendo sin prisa pero sin pausa.

Varios Porsche adornan su entrada, un 911 GT3 está aparcado en una esquina y un pequeño 906 está recibiendo cirugía a corazón abierto junto a un 911 de rallye, también ingresado. Un 911 Sport Classic descansa reluciente junto al 356 B más impoluto que jamás he visto en mi vida, recién restaurado y tan brillante como el sol. Varios motores de diferentes épocas configuraciones y cilindradas están diseminados por un espacio mucho más limpio y ordenado de lo que cabría pensar. Las dos joyas del taller no obstante, son los 911 de primera generaciones que yacen repletos de óxido, sucios hasta la médula y en un estado ruinoso. Las dos últimas adquisiciones, que serán restauradas al completo e incorporadas a la colección.

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De ambos vehículos, el 911 que era originalmente rojo era parte de la colección de un adinerado alemán del Este, que padece de Síndrome de Diógenes, en una versión automovilística. Compra clásicos con la idea de restaurarlos, ve que es demasiado complicado y caro, los almacena de nuevo y repite el proceso. Según Achim Stejkal – director de RR.PP. históricas – me cuenta con la boca pequeña, Porsche pagó algo más de 100.000 euros por este 911. Aunque está oxidado hasta la médula, es restaurable, su motor funciona y al tratarse del 911 número 357, tiene una enorme relevancia histórica. El otro 911 S está en un estado algo mejor, y será más fácilmente restaurable. Es un vehículo menos valioso pero no por ello menos interesante.

Antes de salir del museo, es imprescindible pasar por la tienda. Un auténtico ejercicio en autocontrol, ya que todos los artículos son extremadamente interesantes y caros a partes iguales. Desde camisetas a postales, pasando por una enorme selección de libros, pósters históricos e incluso un asiento de Porsche 911 para la oficina. Ah, y maquetas. Muchas maquetas, cientos de maquetas a las que algunos – entre los que se cuenta un servidor – no nos podemos resistir, excelentemente acabadas y en escalas comprendidas entre 1:43 y 1:8, estas últimas más caras que un coche funcional a escala 1:1, de segunda mano. Una última parada obligada en la peregrinación a un museo inolvidable, de visita altamente recomendada.

No digáis que no os hemos avisado. Y como buena peregrinación, el sacrificio merece la pena si tenemos una revelación al final, una cercanía a un ser superior que en este caso tiene cuatro ruedas y huele a gasolina. ¡Amén!

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