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Luis Ortego ¿Por qué el F-Type no debería ser el sustituto del E-Type? Es igual, pero no es lo mismo

Cuando el pasado verano visité la exposición del fotógrafo Brian Duffy en el Centro de Historias de Zaragoza, pude ver una foto de 1960 en la que aparecía el flamante y nuevo Jaguar E-Type en la flamante y nueva autopista inglesa M4.Una foto que tenía ganado el sitio en una exposición repleta de iconos de la cultura popular, desde David Bowie al Calendario Pirelli. Apenas un mes después en el Salón de París se presentaba el coche que, según Jaguar, recibe la herencia directa de la legendaria “zapatilla”, el nuevo Jaguar F-Type.

El precioso F-Type supone el retorno de la marca al segmento de los deportivos puros, un dos plazas cuyos objetivos son el rendimiento y el placer de conducción, como su escultural carrocería anuncia. Pero si algo hace especial al F-Type es el discurso oficial en la comunicación, en las imágenes y en las entrevistas de sus creadores, de que este coche es el heredero directo del más icónico modelo de la marca, el E–Type. Un discurso que se traslada a las formas de forma rotunda y convincente. Los abultamientos longitudinales en el capó, los faros levemente ovalados, una afilada línea horizontal, y una magistral parte trasera con sus estilizados pilotos. Incluso sus aletas traseras insinuándose por encima de la línea de los hombros, sugieren las patas traseras de un felino agazapado esperando para saltar. Todo en el F-Type está calculado para crear un coche desbordantemente bello. Pero ¿Merece el F-Type ser etiquetado como el nuevo E-Type? ¿Tiene cualidades suficientes para ello? O incluso más aún ¿Le conviene esa etiqueta?

Ficha técnica
  • Motor 5.0 V8 sobrealimentado CO2 259g/km
  • Peso 1.665 kg
  • Potencia 495CV @6500rpm
  • Par máximo 625 Nm a 2500-5500rpm
  • 0-100kmh 4,3seg
  • Velocidad máxima 300kmh

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Campeones y herederos

Para responder a estas preguntas lo mejor es, como casi siempre, echar la mirada a la historia por un momento. Jaguar fue la marca dominadora de las 24 Horas de Le Mans en los años 50 del siglo pasado. Los coches del felino se impusieron en la carrera francesa en 1951, 1953, 1955, 1956 y 1957, primero con los C-Type, y en las tres últimas ocasiones con los modernos y aerodinámicos D-Type. La diferencia entre unos y otros define la rápida tecnificación de las carreras en esa década, en la que también nacieron iconos como el Mercedes 300 SL o el Ferrari 250 Testa Rossa. A principios de los 50 el buque insignia de la marca y base de sus modelos de competición era el XK, diseñado por el fundador William Lyons y animado por un legendario motor que fue desarrollado durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. Una década después el E-Type nacía como consecuencia de un periodo de esplendor en la competición y la investigación técnica, tanto que su diseñador, Malcolm Sayer, era el responsable de los D-Type tricampeones en Le Mans.

El E-Type, por tanto, sustituyó al venerado XK y estuvo en producción durante 14 años hasta que en 1975 fue relevado por un coche de culto, el XJS, cuyas líneas maestras había definido también Sayer antes de morir. El XJS fue más longevo aún manteniéndose durante 21 años en el mercado hasta que en 1996 llegó el nuevo XK8, que en menos de una década fue sustituido por el actual XK. Si han leído este párrafo sin perderse habrán llegado a una sencilla conclusión: la línea de sucesión conecta directamente al actual Jaguar XK con el famoso E-Type. Pero durante la presentación del F-Type en el Salón de París, los responsables de prensa se empeñaban en en explicar que el XK es un “Gran Turismo”, y que el F-Type es en realidad el heredero directo del E-Type… ¿Qué ha pasado por el camino? No es que Jaguar necesite volver a ninguna senda, ya que el XK es un gran deportivo. Es simplemente que la evolución del mercado del automóvil ha desplazado todos los segmentos, Jaguar pensaba que para retornar a la pureza de los deportivos no podía hacerlo con el XK, y a ello se han puesto.

La forma no siempre sigue al espíritu

El F-Type es uno de los coches más bellos de los últimos lustros, y sólo hace falta ponerse delante de él para comprobarlo. En cada rincón del coche reconocemos las formas características del original E-Type. El largo morro resaltado por los túneles de los faros y el abultamiento longitudinal en el centro, las prominentes aletas traseras, los afilados pilotos, su baja silueta… En el nuevo F-Type las formas y el lenguaje de su diseño actúan como un código de barras, en el que está todo el ADN del coche original. Ian Callum expresa con pasión en cada entrevista el proceso de inspiración por el cual ha tratado de captar la esencia del E-Type para crear este coche, particularmente su simplicidad. “Como si mirase a una obra de arquitectura o una fotografía en blanco y negro” dice Callum, “trato de capturar la fuerza y la simplicidad que tienen dentro”. Como muchas otras veces en la historia de las formas plásticas, o del Arte, Callum ha hecho una reinterpretacion de un “tema” anterior como Miguel Angel con su David o Picasso con las Meninas de Velázquez. Pero al igual que con los dos genios, la reinterpretación del tema no es una obra mejor ni peor: es sencillamente una obra distinta.

¿Por qué el F-Type no puede ser el heredero del E-Type?

El F- Type es uno de los coches más hermosos de las últimas décadas, una sublimación del lenguaje de los deportivos clásicos, más discreto que un Aston Martin Vantage, y más distinguido que un Porsche Cayman. Sin embargo, aunque parezca pretencioso por mi parte, en mi opinión Callum no ha conseguido que este coche capte la esencia del E-Type, sino que ha reproducido sus formas actualizándolas con magistral fidelidad. ¿Cual es la diferencia? Que el E-Type es un objeto fundador de un lenguaje del diseño y con unas cualidades totalmente innovadoras en su momento, mientras que el F-Type, probablemente el descapotable más bonito en años, no tiene ese aura difícil de medir pero fácil de percibir. Y me trae a la cabeza una frase que me dijo uno de los padres del Range Rover, Roger Crathorne, cuando le pregunté en Frankfurt, delante del Land Rover DC100 sobre la dificultad de renovar el diseño del Defender. “Nunca hubo diseño [styling] en el Defender, sólo ingeniería”, me dijo, y pienso que algo parecido sucedió con el E-Type y de ahí la dificultad de replicar su espíritu. Las razones están en varios sitios.

Por un lado, la historia juega en contra del F-Type. En sus 60 años el E-Type ha adquirido el carácter de icono del diseño y la cultura en el siglo XX hasta ocupar su espacio en exposiciones de arte o entre las colecciones del Museo del Diseño de Londres. El F-Type no parte de cero, sino con un hándicap en contra, el de igualar las expectativas de un coche de tal repercusión. Por otro lado el nuevo modelo se instala en un segmento del mercado bien nutrido por coches con una gran trayectoria y fuerte personalidad. En el momento de su lanzamiento el E-Type de Sayer fue calificado por Enzo Ferrari como “el coche más bello de todos los tiempos”, y su pionero diseño supuso una ruptura y un paso adelante para los deportivos de la década siguiente. Es muy difícil hacer eso con un coche hoy en día, y menos con un deportivo, de modo que cargar al F-Type con la responsabilidad de “abrir camino” a estas alturas es poco menos que condenarlo al fracaso.

La “felina proporción”



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Pero sobre todo, la diferencia entre el E-Type y el F-Type es, como casi todo en el universo, matemática. Si bien las formas del primero se interpretan magistralmente en el segundo, las proporciones marcan la diferencia. Y lo hacen porque el ojo, antes de percibir las formas en detalle, percibe la silueta, el volumen, y la silueta del E-Type es poco menos que irrepetible en un coche actual. En aquel radical diseño el morro (hasta el inicio del parabrisas) suponía casi un 43% de la longitud del coche, mientras que en el actual apenas supera el 32%.

Eso quiere decir que el E-Type era un coche del cual casi la mitad era el morro destinado a albergar el 6 cilindros en línea heredado del XK, una proporción inconcebible hoy en día. La parte trasera del coche es también más corta en el F, un 31% del total, frente a un tercio exacto del E, mientras que la altura de la carrocería es sólo un 20% de la longitud en el E, mientras que es un 22% en el F. Como resultado, la silueta del nuevo F – Type es la de un escultural deportivo con bastante músculo en la parte de detrás, pero alejada de la mágica e hipnótica silueta estilizada del original E-Type, tan radical y extremada que quizá el mercado actual no la habría terminado de comprender.

El F-Type es una belleza natural. Soy un declarado “porchista” desde siempre, pero este Jaguar ha entrado directamente a los primeros puestos de mi fantasiosa lista de “deseos (casi) inalcanzables”, por delante de muchos de los coches de Stuttgart y varios estados alrededor. Sin embargo considero que con la estrategia comercial de vincularlo al E-Type Jaguar está cometiendo una injusticia “cultural” con este coche.

Se trata de un deportivo con cualidades suficientes para haber sido el auténtico inicio de una nueva familia dentro de la gama Jaguar, por la que volviesen a los deportivos puros. Podría haber sido un paralelo a lo que en su momento fue el E-Type si no hubiesen querido nombrarlo como el nuevo E-Type. Porque es como si dijésemos que Natalie Portman es la nueva Audrey Hepburn. Natalie tiene suficiente magia por si misma mientras que Audrey es a estas alturas, más que una hermosa actriz, un icono universal. No sé si me explico…