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8 horas con un Nissan GT-R, y la gama NISMO, derrapando en un lago helado de Suecia

( @davidvillarreal ) el

07:00 AM. Me despierto un tanto atolondrado, intentando poner orden a lo que veo a mi alrededor. Estoy en la habitación de un hotel. Corro la cortina y me encuentro con un palmo de nieve sobre el alféizar y otro tanto sobre el capó y el techo de los coches que se encuentran estacionados en el aparcamiento, entre los cuales ya intuyo la silueta de algunos modelos que aún no han llegado a los concesionarios. 07:30 AM. Tras la ducha, bajo a desayunar y tardo en encontrar una mesa libre en la que apostarme a tomar un café. El hotel no admite más reservas, ha completado su ocupación. Además de la comitiva de Nissan que nos ha llevado hasta Laponia, compartimos alojamiento con multitud de marcas, de ingenieros y probadores, que están trabajando en la zona. ¿Qué hacen tantas marcas en una región en la que hace unos días se alcanzaron temperaturas de -25º?

08:00 AM. Marchamos hacia las instalaciones de Lapland Ice Driving, a un par de kilómetros de nuestro hotel y del centro de Arjeplog, una localidad que se encuentra a orillas del lago más extenso y profundo de Suecia. El día comienza a clarear. De ahí la frenética actividad que encontramos tan temprano en el restaurante del hotel. Hay que aprovechar al máximo las escasas cinco o seis horas de luz que tendremos para trabajar.

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08:30 AM. El tiempo nos ha respetado. No nieva y las temperaturas son bastante suaves, de algunos grados centígrados negativos, lo cual hizo que fuera mucho más sencillo sobrellevar el frío en comparación con lo que nos contaron había sucedido unos días antes. El equipo de Lapland Ice Driving comienza a darnos un pequeño briefing técnico y una presentación de sus instalaciones. Nos cuentan que todas sus pistas han sido trazadas con precisión, con máquinas quitanieves y allanadoras que dibujan, guiadas por un GPS, trazados como Silverstone, Paul Ricard y Nürburgring, sobre un lago helado de 500 hectáreas, en un terreno que – de punta a punta – se extiende por una longitud de al menos 5 kilómetros.

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09:00 AM. Llegó la hora de la verdad. Tomamos las riendas de los 218 renos del nuevo Nissan Juke NISMO RS. Nos hubiera gustado empezar por un 4×2, como el que estuvimos probando la semana pasada por las carreteras españolas, pero directamente pasamos a familiarizarnos con el 4×4.

Primera lección. La anticipación. Por mucho que te sepas la teoría al dedillo, enfrentarte a un escenario como este siempre resulta un reto de lo más evocador. Sabes que has de empezar de menos a más, tantear la adherencia de los neumáticos de clavos que estamos utilizando, analizar hasta qué punto puedes tocar el freno sin que el ABS entre en funcionamiento, puesto que para esta prueba no lo desactivamos. Sabes que por cada kilómetro por hora que ganes de punta en las rectas, tendrás que aumentar la distancia de frenado en una progresión lineal. Sabes que no gozarás de la ayuda del ESP, pero sí de la tracción a las cuatro ruedas de este crossover venido a más, de este crossover con ambiciones deportivas.

Pronto me percataría de lo poco que me gusta su cambio de variador continuo y de que esa sería la verdadera razón que me invitaría a recomendarle, a cualquiera que busque unas mínimas sensaciones deportivas, escoger el 4×2 y disfrutar de su delicioso cambio manual, cuya palanca goza de un recorrido casi tan ajustado como el de todo un 370Z.

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La del Nissan Juke NISMO RS no fue más que una prueba de fuego sobre hielo. Agilizar nuestros movimientos de manos y comenzar a familirizarnos con los movimientos de su tracción a las cuatro ruedas. Jugar descolocándolo a la entrada de las curvas con leves toques de freno, para dibujar una parábola, que más tarde redondearíamos a golpe de gas y abriendo la dirección, jugando con su sutil deslizamiento.

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10:30. Y cuando ya nos habíamos calentado lo suficiente, llega el turno de catar el nuevo Nissan 370Z NISMO. Aún se dibuja una sonrisa en mi cara cada vez que recuerdo lo bien que nos lo pasamos con este deportivo, su brutalidad primaria, en la que no importaba tanto su potencia – suficientemente alta, por cierto – sino como la entregaba, el contoneo de la carrocería en el arranque en frío, a primera mañana, y el rugido retumbando en las paredes de mi garaje, la precisión quirúrgica de su cambio manual. Y esa sonrisa regresa a mí cuando me subo a bordo y recuerdo que todo eso sigue presente en esta actualización.

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Aunque el Juke NISMO RS nos haya sido de gran ayuda para familiarizarnos con un terreno deslizante y agilizar nuestros movimientos de manos, la situación con el 370Z NISMO es bien diferente. Tenemos mucha potencia, toda ella dirigida al tren trasero. Nuestra estrategia para afrontar cada curva pasará por buscar nuestros límites a la hora de pisar sin contemplaciones el pedal derecho, muchísimo control de nuestro manejo del volante, efectuar las correcciones que sean pertinentes y dibujar el mayor ángulo posible con la trayectoria de lo que se entiende como el sentido de la marcha en esta pista. Nuestro reto, recorrer todos los metros posibles completamente de lado. En este punto siento que se me va a desencajar la mandíbula de tanto sonreír.

Jugar con la trasera del Nissan 370Z NISMO en un terreno controlado como este es una de las mejores experiencias que un servidor ha tenido a los mandos de un coche. Y lo que aún no me puedo creer es que no hayamos pasado de los entrantes, que el plato principal del día no llegue hasta la tarde.

Por momentos pienso que quizás nuestro avión se haya estrellado antes de llegar a Suecia. Y que por alguna extraña razón haya sido elegido por Odin para entrar en el Valhalla, el paraíso en el que pasarían la eternidad los guerreros creyentes en la mitología nórdica. Pero no, no veo valquirias. Y un pequeño error que me lleva a hacer un trompo, y salvar los montones de nieve que rodean la pista, me recuerda que sigo vivo.

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¿Qué ha sucedido con aquel antiguo alerón tan ancho como la barra de un bar? Ha desaparecido. En su lugar ahora nos encontramos con un spoiler integrado bajo la luneta trasera, más discreto. El Nissan 370Z NISMO ahora es mucho más elegante, pero en cierta medida hecho de menos el toque manga y tuning de aquel alerón de antaño, esa pose que hacía que los chavales de mi barrio sacasen del bolsillo su teléfono de última generación para hacerme una foto cuando me veían pasar.

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El Nissan 370z NISMO también ha recibido un nuevo juego de llantas de 19″, con el borde en plata y el centro en negro. Sigue la tendencia impuesta por los nuevos NISMO, incluido el Nissan Juke NISMO RS.

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12:00. Mientras comentamos nuestras jugadas con la comitiva de Nissan, charlamos de lo bien que nos lo hemos pasado jugueteando con el Juke y el 370Z NISMO, y del curioso cambio que ha sufrido este último, abandonando su inmenso alerón tamaño “barra de bar” a favor de un spoiler más discreto y perfectamente integrado en la zaga, se oyen muchos rugidos de fondo que amenizan una mañana inusitadamente agradable para el escenario en el que nos encontramos. De vez en cuando pasa algún Maserati Quattroporte rugiendo como un condenado. Al fondo, entre la nieve, se deja ver el inmenso alerón de varios Porsche 911 GT3 de la organización de Lapland Ice Driving, como si de la aleta de un tiburón en una playa llena de niños se tratase. Y de vez en cuando también vemos pasar a un todoterreno de la organización para rescatar a esos coches que han quedado varados en un banco de nieve.

No vimos pasar ninguna mula de pruebas, algo que no nos hubiera sorprendido. Estas pistas son utilizadas a menudo por los fabricantes para poner a punto sus deportivos. La organización nos prohibió terminantemente, como es lógico, que fotografiásemos a los coches camuflados que pasasen por sus instalaciones.

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A nuestro alrededor todo es hielo. Las únicas construcciones que se divisan son los improvisados tipis que sirven de refugio a los instructores y los conductores y pilotos que se encuentran en la zona. Al otro lado del hielo se divisa un montículo que nos hace intuir que ahí están los límites de lo que en verano será un inmenso lago, con algunos islotes dispersos que se intuyen por pequeñas agrupaciones de árboles que desafían la crudeza del invierno ártico.

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13:00. Tomamos un tentempié, con una especie de carpaccio cuyos orígenes no sé bien distinguir, aunque imagino que será alce o reno. Y comenzamos a pensar en el verdadero plato fuerte de este día. Aún tenemos que ponernos a los mandos del Nissan GT-R y según el programa, salvo que nos quedemos bloqueados en algún banco de nieve y nos toque remangarnos el forro polar y utilizar la pala, disfrutaremos de aproximadamente hora y media de conducción sobre hielo con un deportivo de 550 CV.

La noche se acerca. A partir de las 15:00 la oscuridad inundará este bello paraje. Los monitores nos cuentan que perderse en este lago puede resultar realmente peligroso, y no solo por las bajas temperaturas a las que nos encontramos, sino también por la fauna que a veces se aventura por los alrededores de este inmenso parque de atracciones, de esta oda a la velocidad. Nos facilitan las claves de las barreras de seguridad exteriores, por si fuera necesario utilizarlas, aunque ya se encargan de mantenerlos vigilados y controlados para que no nos perdamos entre la nieve y el hielo.

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14:00 Respeto. Mucho respeto. Si tuviera que recordar dos cosas de mi primer contacto con el Nissan GT-R, en asfalto, esas serían su enorme capacidad de tracción y su habilidad para alcanzar velocidades de infarto en muy poco tiempo. Como diría mi compañero Pepe, en 10 segundos puedes pasar de 0 a 200 km/h y en 10 segundos puedes perder todos los puntos del carné de conducir. Aquí no hay radares, no hay agentes de tráfico, no hay más peligro que el de perder ese precioso tiempo que queremos disfrutar conduciendo, sacando el coche de un banco de nieve. Es por eso que queremos ir de menos a más.

El Nissan GT-R no tiene absolutamente nada que ver con los dos deportivos que hemos probado por la mañana. Pero el Juke NISMO RS ya nos ha enseñado lo fácil que es iniciar la cruzada desestabilizando el coche y el Nissan 370Z NISMO nos ha enseñado lo precavidos que hemos de ser cuando tratamos con un deportivo con tanta potencia en el tren trasero.

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Los Nissan GT-R que hemos tenido ocasión de conducir se corresponden con el MY2014 y son completamente de serie. Salvo por el hecho de que en su preparación se haya drenado el circuito del motor para sustituir el aceite por un componente más apropiado para las exigencias de nuestra conducción y del frío que azota esta región en invierno. Los coches también se han reforzado con una defensa adicional para proteger los parachoques, que pueden dañarse al colisionar con un bloque de nieve compactada.

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15:00. Ese respeto se traduce en sorpresa cuando nos percatamos del enorme agarre de unos neumáticos que emplean nada más y nada menos que 600 clavos por goma. La efectividad de su sistema de tracción y ese agarre, inesperado para este modesto profano en hielo, nos invitan a abrir gas con mayor contundencia y anticipación a la salida de cada giro. A retrasar la frenada y hundir con mayor contundencia el pie derecho en el pedal del freno, siendo conscientes de que el ABS ha sido desactivado para la ocasión y de que lo que queremos no es bloquear completamente las ruedas, sino dirigir el coche hacia el interior de la curva para redondearla con la trasera.

No puedo creerme que estemos conduciendo un deportivo de 550 CV sobre hielo y ofrezca tanto agarre, tanta tracción a la salida de cada curva. El momento en el que se hace más patente que las condiciones a las que nos enfrentamos son delicadas llega cuando empezamos a acercarnos a velocidades superiores a los 160 km/h y la frenada se nos hace larga. Muy larga. Eterna.

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16:00. Ese respeto inicial se va convirtiendo en confianza. Nos permitimos el lujo de acercarnos a la línea roja del cuentarrevoluciones a la salida de ciertas curvas, de buscar trazadas más limpias para ganar velocidad en algunas rectas, y deslizarnos como una bailarina en otras más lentas. En esta inmensa recta de un circuito que replica a Silverstone, llegamos a alcanzar velocidades muy cercanas a las 200 km/h. Con la velocidad llegan los sustos, trompo aquí, trompo allá, rozar los bancos de nieve que delimitan el trazado y encomendarte a todos los santos a los que Almodovar dedicó su Óscar. Tocar un banco, normalmente, significa quedar atrapado en él y sacar la pala.

Pero la suerte, probablemente, esté de nuestro lado y podemos terminar con gran satisfacciòn esta jornada idílica, en un momento en el que el sol se ha marchado y la iluminación de largo alcance del GT-R se ha convertido en nuestro mejor aliado.

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16:30. Mis compañeros, desde España, me escriben un mensaje diciéndome que por las redes sociales está circulando una foto de un Nissan Juke NISMO RS con orugas. Les digo que por aquí no lo hemos visto, pero cinco minutos más tarde abandono el calorcito del tipi en el que nos refugiamos y veo cómo a lo lejos se aproxima esta bestia.

Mientras tanto, la luz solar nos ha abandonado y el lago comienza a oscurecerse y a tornarse de ese tono azulado y de esa tenue iluminación que aporta aún más belleza, si cabe, a este paisaje.

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17:00. La jornada ha terminado. Aunque anochezca, podríamos seguir rodando todas las horas que nos dejasen, pero nuestra prueba sobre el hielo ha llegado a su fin. Mientras comentamos anécdotas, con nuestro ego por las nubes, por haber sentido por un momento que conducíamos como Juha Kankkunen, los pilotos e instructores de Lapland Ice Driving nos invitan a intercambiar posiciones, a disfrutar con ellos de unas vueltas en el lado derecho, el del copiloto. Y es entonces cuando nos percatamos de que, por mucho que hayamos aprendido, si esto se llama pilotaje, lo nuestro no había sido más que un paseo de abuelitas.

En fin. Hasta la próxima, Laponia.

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