Objetivo adelgazamiento: materiales de vanguardia para reducir el sobrepeso de nuestros coches

Esteban Viso

Cuando hablamos de coches entre amigos barajamos ciertos temas recurrentes: la potencia que tiene, los extras, que si gastamos más o menos neumáticos, las llantas que hemos comprado… Es mucho menos frecuente hablar del peso del coche, porque nos suele parecer una variable sobre la que no podemos influir demasiado como compradores, pero sin embargo, el peso total del coche y de sus accesorios influye mucho en las prestaciones a las que nos solemos referir, y por ello los fabricantes intentan adelgazarlos al máximo.

¿En qué notamos el exceso de peso cuando conducimos? En aceleración, en frenada, en el desgaste de los neumáticos, en el consumo de combustible… Para nuestro día a día, para usos urbanos y para potencias bajas, es muy difícil notar esas décimas menos, esos metros extra que empleamos en detener el coche o esos centilitros extra de carburante que gastamos para un mismo recorrido cuando transportamos una maleta o un pasajero. En el otro extremo, el de la alta competición, unos gramos extra son el terror de los ingenieros y los pilotos, que se esfuerzan en el adelgazamiento de pilotos y máquinas.

¿Cómo se reduce el peso del vehículo?

Como vemos, la razón más potente para reducir el peso a nuestro coche es reducir el consumo, algo que además se puede hacer por otras vías. Una de ellas es aumentar la eficiencia de combustible del motor; los neumáticos y la resistencia al avance que ofrecen también “gastan” combustible de por sí, con lo cual mejorar en esa área es crucial; la aerodinámica es fundamental, cuanta menos resistencia se ofrezca al aire, menos combustible se necesita para avanzar.

Ford Lightweight Concept

Pero por encima de esas razones está el peso del coche, porque es lo que más influye en el gasto de combustible: a mayor peso total, más energía debemos emplear en su movimiento. A lo largo de las últimas décadas los fabricantes han enfocado sus esfuerzos en el downsizing de los coches, que son cada vez más compactos. Un coche pequeño necesita menos potencia para moverse, y por tanto un motor más pequeño y ligero, suspensiones de tamaño y complejidad más reducidas, ruedas más pequeñas… y todo ello redunda a su vez en menos peso todavía.

Pero alguna vez se ha de llegar al límite inferior, y es en ese momento cuando hay que pensar en materiales diferentes, que pesen menos y que ofrezcan el mismo nivel de seguridad.

Estos son los materiales que permiten la reducción de peso en coches de serie

En 1993 se publicó un paper firmado por Amory Lovins, analista energético, en el que describía un supercoche de alrededor de 500 kg, fabricado casi íntegramente con materiales plásticos y con una unidad de propulsión híbrida que haría 150 millas por galón (aproximadamente 1,5 litros a los 100 km), manteniendo además los estándares de seguridad actuales (disponible aquí, en inglés). La cuestión entonces no era demostrar si ese coche así pensado podía consumir tan poco, sino entender cómo hacerlo accesible al público, porque en aquella época era algo demasiado costoso al salirse por completo de los estándares de fabricación.

Afortunadamente, hoy en día hemos avanzado lo suficiente como para disponer de coches con muchas piezas realizadas en materiales ligeros, y los plásticos en los interiores también contribuyen a ahorrar peso. Pero lo más importante es que utilizar el aluminio es mucho más común, y poco a poco nos encontramos otros materiales como la incomparable fibra de carbono.

Ford F150

Para entendernos, el aluminio es el material pionero en esto de la reducción de peso porque los procesos de fabricación no son tan diferentes a los del acero, y diseñar para aluminio no es tan radicalmente diferente. Era una manera de convencer a los indecisos de que había que buscar nuevos materiales. Existen, eso sí, muchas limitaciones al uso de aluminio porque es un metal más caro, menos duro, y además no se lleva muy bien con la soldadura por puntos, por eso no se emplea en todas partes del coche.

Otras opciones son los plásticos, y los plásticos reforzados con fibras, pero por unas razones o por otras no terminan de ser competitivos frente al acero y al aluminio: o no cumplen en cuanto a resistencia, o no cumplen en precio. El material perfecto es la fibra de carbono: es muy resistente, muy ligero, pero es muy caro. Con todo, este material ya se está utilizando en coches de calle, aunque está claro que hablamos de una especie diferente: el Ford GT.

Este coche emplea compuestos ligeros de última generación, entre ellas varias piezas estructurales fabricadas en fibra de carbono: un habitáculo de fibra de carbono y los subchasis delantero y trasero encapsulados en paneles de fibra de carbono. Con este material es posible la fabricación de piezas de chasis de gran rigidez y, al mismo tiempo, ofrecer un conjunto más ligero que impulsa la eficiencia y que da como resultado final un coche con un rendimiento dinámico espectacular.

FocusRS_Production

Como es lógico, no se introducen estas mejoras en materiales si no es con el objetivo de beneficiar a toda la gama de vehículos, y en el caso de Ford estos beneficios se verán progresivamente en todos sus coches. En este caso, el Ford GT no solo es un súpercoche, sino todo un estandarte del progreso y el futuro en la aplicación de  materiales ligeros en la automoción.