¿Es verdadero o falso que los coches más pesados sean coches más seguros?

Esteban Viso

Un coche pesado lo es por varias razones: por sus dimensiones físicas, por el motor y por el grosor de todos los componentes que lo conforman. Los coches oficiales de los altos cargos políticos (y seguramente otros tipos de altos cargos) pueden estar blindados, y eso añade unos cuantos centenares de kilos al total, haciéndolos muy seguros ante algún tipo de ataque. Es posible que por ello se haya creado un posible mito relacionando la masa total de un coche con su seguridad. Se llega a afirmar, en ciertos ámbitos, que los coches pesados son más seguros que los ligeros.

Comentarios típicos relacionados con este mito son, por ejemplo, “después del golpe no tuvo ni un rasguño, y el otro coche quedó destrozado“. Aquí se pretende decir que el coche más seguro es el que quedó indemne, mientras que el destrozado es el menos seguro. En realidad, sucede lo contrario, y podemos adelantar (seguro que ya lo esperabais) que un coche muy pesado no es más seguro. Al menos, ese exceso de masa no es la responsable de que el coche sea, en conjunto, más seguro.

Grandes berlinas con masas importantes pueden ser más seguras en teoría que un pequeño utilitario que pesa mil kilos menos, pero la razón siempre está en la tecnología empleada para los sistemas de seguridad activa y pasiva: mejores suspensiones, mayor capacidad de frenada, mejor ingeniería para optimizar la deformación de la chapa y el chasis… La masa solo añade peligros para el conductor y los ocupantes, y la única culpa de ello se debe a las leyes físicas, que por mucho que queramos no podemos cambiar.

Más masa implica mayores inercias

Cuanta más masa tiene un coche, tanto más le cuesta acelerar, frenar y girar. Y en ese giro, más le costará a sus neumáticos y sistema de suspensión (más chasis) mantener la trayectoria sin salirse de la calzada. En ese caso, a igualdad de condiciones es más fácil superar el límite en agarre lateral para el coche que tiene más masa. Si calzamos los mismos neumáticos, si tuviésemos la misma suspensión y solo hubiese una diferencia notable en los kilos totales, entenderíamos rápidamente la diferencia.

Pasa lo mismo en las condiciones más simples posibles: una larga carretera, completamente llana. Ahí no tenemos que preocuparnos por girar, pero sí por acelerar y frenar: a mayor masa, más cantidad de energía se necesita para mover el vehículo y se gasta más combustible. Para frenar necesitaremos mejores frenos y suspensiones más enérgicas para conseguir los mismos resultados que conseguirá otro coche más ligero y “simple”.

Basta con que nos encontremos una cuesta en la carretera para entender mucho mejor lo que supone mover un vehículo más pesado, incluso en largas bajadas. Por poner un ejemplo gráfico, pensemos en un camión de transporte pesado y lo que sucede cuando baja durante kilómetros tirando del freno.

Si los coches más pesados fuesen más seguros, ¿para qué creamos súper deportivos ultraligeros?

Los coches ligeros son más seguros que los coches pesados por muchos motivos: menores inercias, más control, más agilidad… Está claro que la seguridad general de un coche nos la da todo el conjunto de sistemas de seguridad activa por un lado, y los sistemas de seguridad pasiva por otro, mencionando además la deformación de la carrocería y la integridad del habitáculo. Pero en el comportamiento dinámico, el peso total es clave: cuanto mayor sea, menos seguro será el coche; más perezoso y difícil de mover.

Por eso, entre otras cosas como maximizar las prestaciones, se fabrican coches súper deportivos lo más ligeros posible, y con un centro de gravedad lo más bajo y central posible. Se dedica mucho esfuerzo investigador para sintetizar los materiales más ligeros, pero a la vez más resistentes y con las mejores propiedades posibles a la hora de una colisión, y el peso total tan solo es una consecuencia, la suma de los pesos individuales de todos los componentes de un coche.