¿Sabías que el Ford Mustang tiene dos intermitentes que sólo se ven desde dentro del coche?

Diego Gutiérrez @Dieguti_

Hubo un tiempo a finales de los años 60, antes de que llegase la crisis del petróleo de 1973, en la que en Estados Unidos se vivió una época dorada para los pony car y los muscle car. Eran coches de aspiraciones deportivas, o con decentes prestaciones al menos, relativamente asequibles y que no renunciaban a la practicidad del día a día. También eran tremendamente sedientos, tenían un gran apetito de combustible que en aquellos años no era problema pues la gasolina era barata. La suma de todos esos factores hizo que este tipo de coches se convirtiera en un éxito.

Uno de aquellos pony cars, quizá el pionero, era el Ford Mustang. Nacido en el año 1965, el Mustang hacía (y sigue haciendo) gala de un largo capó, una de sus señas de identidad y bajo el cual se escondían sus poderosos motores V8. Este capó se divisaba a la perfección desde la cabina, otorgando al conductor una atractiva sensación de dominio sobre la carretera. Aunque lo más importante residía bajo el capó, sobre este y de forma visible hubo un detalle que es, cuanto menos, curioso.

En 1967, en medio de la batalla con el resto de pony car en una época en que había una amplia competencia, el Ford Mustang quiso aportar un toque curioso extra a todos sus compradores. Uno que, además de aportar cierta funcionalidad (o no) al conductor, podía servir para enseñarle el gadget a tu vecino. Bajo el nombre comercial de ‘Deluxe Hood’ (‘capó de lujo’ en español) el Mustang empezó a ofrecer como opción unas luces intermitentes extra en el capó. Escondidas en unas salidas de aire, los pasajeros podían ver desde el interior de la cabina cuándo estaban activados los intermitentes. Una funcionalidad más decorativa que práctica, pues desde el interior ya se sabía de la activación de los intermitentes gracias a la señal visual y acústica del cuadro de instrumentos-.

Ahora, y tras muchos años desde que este artilugio se viera por última vez en otro modelo -al parecer, un Cadillac de finales del pasado siglo XX-, la sexta generación del Ford Mustang vuelve a equipar estos curiosos intermitentes escondidos en el capó. Un capó bajo el cual en esta ocasión no sólo se puede esconder un motor V8 como el que equipa el Mustang GT (con 5.0 litros y 418 CV), sino que se puede elegir con un eficiente motor 2.3 EcoBoost turboalimentado de cuatro cilindros y 314 CV de potencia.

Una peculiaridad única del Mustang cuya función, estética más que práctica, es otra característica más del pony car por antonomasia, del deportivo más vendido en España y en el mundo durante 2016.