Ford Fiesta WRC: orgulloso primer ganador de la nueva era del Mundial de Rallies

Iván Fernández

Recta final de la temporada 2014, la Federación Internacional de Automovilismo y los promotores del Mundial de Rallies realizaban una encuesta entre los aficionados al WRC para conocer cómo querían los incondicionales de esta disciplina que fueron los nuevos coches de la categoría reina a partir de 2017. Sólo unos meses antes, en el Rally de Australia se ponía punto y final a la primera generación de vehículos 1.6 turbo. El Mundial miraba hacia coches más espectaculares, tanto para pilotos, como para los fans.

Pasarían menos de doce meses, concretamente hasta el 12 de julio de 2015, para que la FIA pusiera sobre la mesa las nuevas normas de juego. Una nueva normativa técnica en la que habían participado todos los fabricantes. La potencia de los nuevos coches aumentaba hasta rondar los 380 CV, gracias en gran parte al aumento de diámetro en la brida del turbocompresor hasta los 36 mm -anteriormente se encontraba en 33 mm y entregaba una potencia cercana a los 320 CV-.

Si bien se mantenían los motores turbos 1.6 de cuatro cilindros, el reglamento traería otras modificaciones mecánicas como la introducción de un nuevo diferencial central, en la mayoría de casos electrónico, que permitiría a los pilotos adaptar con un mayor rango de opciones las reacciones del coche a su pilotaje. La carrocería era otra de las áreas en las que más cambios se producían, con coches 25 kilogramos más ligeros, estableciendo el peso mínimo 1.190 kg, y con la aparición de nuevos elementos aerodinámicos nunca antes vistos en la disciplina.

Coches de póster, también más seguros:

El propio promotor del campeonato, Red Bull Media House, aseguraba “hemos escuchado a nuestros aficionados y queríamos reaccionar”. Los coches no sólo eran más potentes, ligeros y ruidosos, sino que también presentaban una estética más agresiva, buscando lo que Jean Todt, presidente de la FIA, denominaba como coches de póster para los jóvenes aficionados. Splitters, pasos de rueda cinco centímetros más anchos, nuevos spoilers traseros, taloneras y difusores más grandes completaban una estética más propia de vehículos de competición de circuitos que lo que el Mundial de Rallies estaba acostumbrado a ver en sus tramos.

No sólo se mejoraba el rendimiento, llegando a hablarse de que esta nueva generación serán los coches más rápidos de la historia del WRC, sino que también se puso un gran empeño en mejorar la seguridad. La Federación introducía 30 litros más de espuma deformable en las puertas, ayudados en gran parte por la nueva anchura de los coches, algo que permitía ampliar la cifra anterior de 60 litros y de esta forma asegurar una mayor absorción de la energía que se produce ante un accidente o fuerte desaceleración lateral.

El regreso de Toyota y la salida de Volkswagen prometían abrir una nueva etapa en el Campeonato, la cual se iniciaba durante el pasado Rally de Monte-Carlo, primera cita del calendario de 2017 del Mundial de Rallies. El Ford Fiesta WRC desarrollado por M-Sport conseguía en manos de Sébastien Ogier, cuatro veces Campeón del WRC absoluto, debutar con victoria en esta nueva era, permitiendo continuar con la tradición victoriosa que ya demostraron el Ford Focus WRC 2.0 o la anterior generación del Fiesta.

En el caso de las nuevas unidades pilotadas por Ott Tänak, Elfyn Evans y el propio Ogier, el equipo dirigido por Malcolm Wilson decidía apostar por la utilización del motor Ford EcoBoost de 1.600 cc desarrollado por el propio equipo con sede en Cumbria y con la colaboración técnica del fabricante de Detroit. La electrónica es firmada por uno de los socios técnicos de M-Sport, el también preparador británico, Cosworth, mientras que el turbocompresor es suministrado por el fabricante Garrett. Todo ello se traduce en unas cifras de 380 CV de potencia y un par máximo de 450 Nm.

En cuanto al resto de elementos clave, la caja de cambios secuencial de seis velocidades ha sido desarrollada en colaboración con Ricardo, mientras que el embrague multi-disco cuenta con la ayuda de los expertos de AP Racing. En el apartado de suspensiones, se ha decidido por utilizar la disposición MacPherson con amortiguadores Reiger ajustables tanto en bote como rebote. Los frenos son coto privado de Brembo, los cuales han elegido discos ventilados de 370 mm para el eje delantero y 355 mm en el trasero aprovechando la nueva reglamentación que permite un mayor diámetro para rallies de asfalto.

En total, se estima que cada una de estas unidades ronda un precio entre los 600.000 y los 900.000 euros, algo en lo que no se incluiría extras necesarios como los gastos en el desarrollo o test. Con un depósito de combustible de 75 litros de capacidad y unos elementos que son realizados a medida para estos vehículos, se estima que el mantenimiento de cada uno de estos World Rally Cars supera los 400 euros por kilómetro en competición recorrido. No aptos para cualquier bolsillo.