¿Cómo funcionan las luces automáticas?

Iván Fernández

Tan importante es poder ver cómo hacerse ver. Cada vez los conductores están más concienciados en que se debe utilizar correctamente la iluminación de sus vehículos dependiendo las condiciones de luz presentes, la meteorología o el tipo de vía por el que nos encontremos circulando. Los avances tecnológicos han hecho que los usuarios del automóvil hayan disfrutado desde hace más de una década de uno de los sistemas más útiles tras el volante, la iluminación automática.

Hasta su aparición, y la de otros sistemas automáticos como los sensores de lluvia, era habitual que los conductores olvidaran encender y apagar las luces, especialmente a la hora de atravesar túneles o pequeñas secciones oscuras como pueden ser zonas de mucha vegetación. En ellas, es tan importante ver cómo que el resto de usuarios de la vía te pueda ver y anticiparse a tu llegada, especialmente cuando hablamos de carreteras de doble sentido. Por tanto, los sistemas de iluminación automática supusieron un gran avance tanto en términos de confort, como en lo que respecta a la seguridad.

En la actualidad, todavía con las luces diurnas implementándose de forma progresiva, la iluminación automática se ha ido introduciendo en prácticamente todos los modelos, incluso algunos fabricantes ya la incorporan en sus modelos más básicos. Con el avance de la tecnología se han ido desarrollando nuevos sistemas, entre ellos los controles automáticos de las luces de carretera e incluso los asistentes de iluminación predictiva, la mayoría de ellos para ayudar a gran parte de los conductores a los que les produce cierta inseguridad y nerviosismo los desplazamientos nocturnos, especialmente por carreteras secundarias.

Algunos sistemas dinámicos pueden elegir incluso entre siete opciones de iluminación dependiendo de la velocidad del vehículo, de las condiciones de luz ambiente, del ángulo de dirección, de la distancia frontal y de la activación de los limpiaparabrisas.

¿Cómo funcionan las luces automáticas?:

En primer lugar, aclarar que, aunque cada los vehículos tengan este dispositivo entre sus elementos de serie u opcionales, el conductor tiene a su disposición en la mayoría de casos el elegir entre tenerlo activado o desactivado, así como poder regular él mismo el tipo de iluminación a utilizar en cada momento. En muchas ocasiones, estos sistemas automáticos actúan como perfecto complemento, encargándose de accionar las luces de cruce en condiciones normales, especialmente en túneles, al amanecer y cuando comienza a ponerse el sol, sin necesidad de que el conductor intervenga.

En circunstancias especiales, como carreteras con visibilidad reducida, niebla o lluvia intensa, la posibilidad de que el conductor olvide el utilizar las luces se reducen por la propia exigencia de las condiciones. La utilización de las luces de largo alcance, las ráfagas para avisar de un adelantamiento al vehículo que nos precede, o la de los antiniebla delanteros y traseros, no son acciones normalizadas, por lo que es más complicado que llegado el momento, la persona que se encuentra detrás del volante pueda omitir por descuido su utilización.

Su forma de uso es muy sencilla. Un sensor de luz ambiental, en este caso formado por células fotoeléctricas, se encargan de medir la cantidad de luz que hay en el exterior y este a su vez manda la señal para que se activen las luces de cruce o de corto alcance una vez que nos encontramos debajo de cierto umbral de luminosidad preestablecido.

La iluminación, también en evolución continua:

En la actualidad existen otros sistemas más complejos y avanzados que también permiten el control automático de las luces de carretera o largas. Estos últimos suelen incorporar una cámara instalada en la zona central, en la base del retrovisor interior (lugar en el que también se encuentra tradicionalmente instalado los sensores de lluvia del parabrisas) que reconoce posibles vehículos que se aproximen en una dirección distinta a la nuestra y encargándose de cambiar de largas a cortas para evitar deslumbrar al resto de conductores.

Marcas como Ford siguen evolucionando estos sistemas, presentando nuevas tecnologías que se unen a su Iluminación Frontal Adaptativa. Hace apenas un año, el fabricante de Detroit mostraba unas nuevas luces largas diseñadas para no deslumbrar a otros conductores, las cuales ya incorporan modelos como el SMAX, Galaxy o el Ford Edge. En este caso se utiliza una cámara para detectar otros vehículos y bicicletas a una distancia de hasta 800 metros, modificando el haz de luz para evitar deslumbrar al usuario de la vía que se encuentra circulando en sentido contrario mientras se mantiene una visibilidad correcta de la carretera. Se reduce el estrés que puede producir en el conductor al no poder utilizar las luces de carretera con el temor de deslumbra a otros.

A estos sistemas se han sumado otras opciones como las luces de giro estáticas, las cuales se encuentran situadas normalmente junto a los antiniebla y se activan dependiendo el ángulo con el que giramos el volante de nuestro vehículo. El sistema de iluminación frontal avanzado de Ford permite que, a través del Reconocimiento de Señales de Tráfico, saber cuándo nos aproximamos a una rotonda, stop o ceda el paso, ampliando la visibilidad lateral para poder advertir posibles peligros que se puedan interponer en nuestra trayectoria.

Las luces dinámicas en curva giran en cambio en consonancia con la dirección del vehículo, iluminando en todo momento la carretera y actuando de forma coordinada y gradual con el volante. Por último, el asistente de iluminación predictiva, se vale de la información satelital para saber la vía por la que nos encontramos transitando y el recorrido que nos encontraremos. Esto permite en cada momento que el sistema elija la iluminación que es necesaria.

Otras propuestas van dirigidas también a mejorar la visibilidad ante meteorología adversa. Con ellas, una vez que se detecta el chaparrón a través del sensor de lluvia, el sistema acorta y amplía el haz de luz para mejorar la visibilidad de los laterales de la carretera y evitar realizar destello a otros conductores. Con este haz más corto y ancho, se asegura una iluminación correcta de las marcas viales, así como asegurar la correcta visibilidad de ciclistas o peatones en condiciones tan extremas como puede ser una fuerte tormenta de verano.