¿Por qué el velocímetro del GPS no coincide con el del coche?

Iván Fernández

Soy de la creencia de que los navegadores GPS, tanto de serie en el vehículo como aquellas versiones comerciales, han sido uno de los mejores inventos que han podido llegar al automóvil. A pesar de que en ciertas ocasiones también nos puedan meter en algún lio, estos pequeños aparatos han evitado durante años a los conductores la preocupación previa a la hora de preparar un viaje. Especialmente cuando no conocemos la zona a la que vamos a ir y, una vez en marcha, también han supuesto un gran avance a la hora de adecuar nuestra velocidad a cada tramo o de anticiparnos tanto a salidas a otros destinos e incluso prepararnos para una sección del recorrido peligrosa.

Sin embargo, siguen guardando numerosos secretos para todos los que los utilizamos en nuestro día a día, especialmente preguntas que a buen seguro os habéis realizado en más de una ocasión como la de: ¿Por qué la velocidad que indica el velocímetro de mi coche no corresponde con la que se refleja en mi navegador GPS? En muchos casos no hablamos de pequeños márgenes de error, sino que podemos estar hablando que mientras la aguja del cuadro analógico apunta a los 120 km/h, nuestro GPS puede estar indicando velocidades de 114 o 115 km/h, algo que superaría el 5% de diferencia entre ambos elementos. Pero, ¿A qué se debe y cuál de los dos lleva la razón?

Los dos tienen el mismo objetivo. Ambos calculan la distancia que recorremos en función del tiempo que invertimos en ello, sin embargo, cada uno utiliza un sistema completamente distinto. El primero de ellos, el velocímetro del coche (sin discriminar si se trata de analógico, digital o uno de los modernísimos virtual cockpits) medía la velocidad instantánea del vehículo a través de la rotación a la que en esos momentos giraba la rueda de coche en algunos casos o incluso los del segundo eje de la caja de cambios, el que transmitía la potencia al diferencial. Este dato no se refleja directamente en nuestro cuadro de instrumentos, sino que se convierte en unidades de km/h o mph a través de una ecuación.

En el primer caso, el de la medición a través del giro de la rueda (la opción más habitual), al igual que en el caso de los velocímetros de las bicicletas, nos encontramos con que el resultado de este cálculo matemático se puede ver alterado en multitud de casos, especialmente en todo lo relacionado con los cambios de presión de las ruedas, el peso del conjunto, la utilización de neumáticos nuevos/gastados e incluso la instalación de unas llantas de más pulgadas.

Este error en las medidas es precisamente una de las razones por las que se introduce un margen de error a la hora de sancionar los excesos de velocidad (para vías cuyas velocidades son superiores a los 100 km/h, se establece un margen del 7%, en el caso de ser menores, se aplican 7 km/h). En muchas ocasiones hablamos de menos de un milímetro respecto al valor ‘ideal’, sin embargo, esto tiene una incidencia directa a la hora de medir la velocidad, algo que precisamente puede deparar un error de varios kilómetros por hora. La UE obliga que los velocímetros tengan un error máximo de la velocidad más el 10% de la misma y otros 4km/h extra. A una velocidad de 100 Km/h, el tope del error serían 14 km/h, estableciéndose que estas diferencias con el valor real siempre deben indicar más velocidad y no menos.

En el caso de los navegadores GPS, el sistema que se utiliza está relacionado directamente con los satélites que determinan la posición en la que nos encontramos. A través de esta posición absoluta, el navegador determina el tiempo que transcurre hasta la siguiente detección y con él se calcula la velocidad a la que nos encontramos circulando. Obviamente no todos los navegadores tienen la misma precisión y obviamente la medición se verá afectada por la potencia con la que se envía y se recibe la señal del satélite, por ejemplo, a la hora de atravesar túneles.

Todo esto lo hace ser habitualmente más preciso que el velocímetro del coche, especialmente a velocidades superiores a los 100 km/h en los que se desprecian los errores de precisión que se produce al mostrar la mayoría de navegadores la velocidad sin decimales. En el caso de velocidades reducidas, los resultado se equiparan, ya que el error producido por las revoluciones de las ruedas también es menor.