15 de Junio de 2017 (*) actualizado a las 19:35

Internet de la movilidad: la revolución del transporte a la vuelta de la esquina

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Internet de la movilidad podría hacer con los coches lo que Internet ha hecho con los ordenadores. Se trata de una idea visionaria, pero aparentemente factible casi con la tecnología actual de computación y comunicaciones. Se trata del futuro de la movilidad.

El concepto de Internet de la movilidad resulta tan sencillo de entender como difícil de implementar. La idea es que todos los vehículos en circulación puedan compartir cantidades colosales de información en tiempo real, entre sí y con la red viaria. Los vehículos serían nodos de esa red móvil.

Internet de la movilidad permitiría (permitirá) dos cosas fundamentales: por una parte, intercambio de información y control de vehículos, con un enorme beneficio para la circulación, por otro lado, permitirá también el intercambio de información y comunicación entre ocupantes de esos vehículos, con otro enorme beneficio en términos de productividad y aprovechamiento del tiempo de viaje.

Por ser esta segunda faceta mucho más conocida y extendida a día de hoy (no entramos en nuestras redes sociales mientras vamos conduciendo, pero el concepto es totalmente conocido y fácilmente imaginable) vamos a centrarnos en los aspectos relacionados con la movilidad en sentido estricto.

Internet de la movilidad: visión general

La necesidad de intercambiar y procesar información entre los usuarios de las vías públicas viene determinada por el hecho de que todos ellos son interdependientes en sus desplazamientos y, localmente, el comportamiento de cada uno influye en los demás. Desde luego, suena a un gran reto de optimización.

La idea central es conocer posición, velocidad y destino de cada vehículo, para asignarles trayectos óptimos, evitar atascos, bordear cuellos de botella, evitar detenciones…

La idea central es conocer posición, velocidad y destino de cada vehículo, para asignarles trayectos óptimos, evitar atascos, bordear cuellos de botella, evitar detenciones en semáforos (acercándonos a la velocidad exacta para que lleguemos siempre en verde), monitorización de estado de las vías y espacios de estacionamiento, todo ello en tiempo real.

Para gestionar el tráfico, sería más eficaz pensar en los mecanismos de resolución de problemas que puede aportar un programa informático que dejar el problema en manos de usuarios individuales con información extremadamente local y comportamientos imprevisibles, cambiantes e incluso muchas veces poco racionales (situación actual).

El caso extremo, ideal, sería la posibilidad de dotar a los vehículos de conducción autónoma, cosa relativamente difícil en carretera abierta (por la dificultad de posicionar perfectamente los vehículos y balizar las carreteras) pero que se simplifica en algunos aspectos (no en todos, desde luego) en un entorno urbano.

Veamos los retos a superar.

El reto de las comunicaciones

Para empezar, si pretendemos confiar en la comunicación y la computación centralizada para desplazarnos, es obvio que lo primero que necesitamos es una red de comunicaciones entre miles de nodos móviles que sea bidireccional y cuya fiabilidad y rapidez estén fuera de toda duda.

lo primero que necesitamos es una red de comunicaciones entre miles de nodos móviles que sea bidireccional y cuya fiabilidad y rapidez estén fuera de toda duda

La utilización de la actual red de telefonía sería muy cara a esta escala tan grande pero, dentro de las ciudades, se podrían construir redes específicas con puntos de emisión y recepción estratégicamente situados para cubrir sólo una pequeña zona cada uno (y por tanto una cantidad manejable de vehículos y datos). Esto sería, comparativamente, sencillo y barato.

Asimismo, si bien en las grandes distancias y los laberínticos trazados de las redes de carreteras interurbanas sería muy difícil, dentro del entorno urbano sería sencillo balizar intersecciones y calles para garantizar el conocimiento de la posición y velocidad exacta de cada vehículo.

El reto de la escalabilidad

Un segundo problema de la conexión e intercambio de información entre vehículos sería la escalabilidad. Hablamos de miles o incluso millones de emisores-receptores de datos en tiempo real, aparte de la red de puntos fijos que existiría en la ciudad, más las actuales redes de telefonía y multitud de redes WiFi que ya conviven en cualquier calle.

Hablamos de miles o incluso millones de emisores-receptores de datos en tiempo real, aparte de la red de puntos fijos que existiría en la ciudad

Pues bien, toda esa información instantánea debería ser transmitida a servidores que, en fracciones de segundo, tendrían que procesarla y actuar en consecuencia. La estructura de las actuales bases de datos no está preparada para algo así, pero resulta imaginable y, en teoría, factible, que este problema de computación se pueda resolver técnicamente.

Teniendo en cuenta la magnitud del reto, casi me atrevería a decir que una nueva rama de la ciencia computacional está llamando a las puertas de programadores y matemáticos, muchos de los cuales invierten ya su tiempo en el desarrollo de soluciones a la medida de este fascinante problema.

El reto de la coordinación

Un tercer problema que se plantea es el de la coordinación de toda esa capacidad de proceso dispersa y móvil. Las acciones y reacciones de cada elemento de la red deben guardar una coherencia total entre sí para que el tráfico fluya y no haya colisiones.

Las acciones y reacciones de cada elemento de la red deben guardar una coherencia total

El logro de esta gigantesca coordinación daría como resultado, no sólo una fluidez inimaginable en el tráfico urbano, sino una eficiencia exponencial a la hora de encontrar aparcamiento o estimar tiempos de tránsito entre ubicaciones.

Los beneficios se retroalimentarían, pues si podemos saber con antelación dónde hay una plaza de aparcamiento libre, incluso que el sistema nos la asigne antes de llegar, habría muchos menos coches circulando (todos los que actualmente dan vueltas en busca de aparcamiento, dando “palos de ciego” en torno a su destino).

resulta imaginable que nuestro vehículo (vacío) venga a recogernos a la puerta del lugar en el que estamos y nos deje de nuevo a la entrada de nuestro destino

Llegados a este punto, no conviene olvidar los beneficios sociales, psicológicos y de armonía en la convivencia que supondría conocer de antemano los tiempos exactos de tránsito y evitar las frustraciones derivadas de no encontrar sitio donde aparcar.

En un escenario (ideal) de conducción totalmente autónoma, dentro de esta ciudad-red, resulta imaginable que nuestro vehículo (vacío) venga a recogernos a la puerta del lugar en el que estamos y nos deje de nuevo a la entrada de nuestro destino, para retirarse por sí mismo a aparcar. Adiós a los tiempos de tránsito entre el aparcamiento y el objetivo final de nuestro trayecto.

El reto de la privacidad

Un último reto, no menor, sería el de lograr todo lo anterior manteniendo la privacidad de los usuarios. Con los adecuados protocolos criptográficos, esta sería la arista más fácil de limar en todo el puzzle, si bien el sistema aquí planteado se prestaría peligrosamente a la posibilidad de seguir nuestros pasos de un modo realmente asfixiante, con las consecuencias negativas que podría tener esto, de no ser correctamente gestionado.

A pesar de ser el punto que parece menos conflictivo, me atrevería a decir que se convertiría rápidamente en el más espinoso

A pesar de ser el punto que parece menos conflictivo, me atrevería a decir que se convertiría rápidamente en el más espinoso. La utilización que se ha hecho y se hace de las bases de datos con información personal (desde el número de teléfono hasta los gustos y hábitos de consumo) es, en muchos casos, poco ético. Imaginar lo que se podría hacer localizando nuestra posición en cada momento, todos los días, resulta escalofriante.

Conclusiones: sueño o realidad

Un coche no es un elemento aislado, como una lavadora, aunque pueda parecerlo. La conectividad entre vehículos es la clave para coordinar los flujos de tráfico dentro del espacio limitado de la red viaria existente, y para reducir consumos, emisiones y accidentes. El reto es de proporciones bíblicas, pero resulta imprescindible abordarlo.

La conectividad total, aunque sólo sea en entornos urbanos, liberaría una gran cantidad del más preciado bien para muchos de nosotros: tiempo

La conectividad total, aunque sólo sea en entornos urbanos, liberaría una gran cantidad del más preciado bien para muchos de nosotros: tiempo. Predicciones exactas de duración de trayecto con márgenes de error pequeños permitirían eliminar el tiempo de margen que nos damos para llegar puntuales a cualquier parte.

La conducción totalmente autónoma, prácticamente una derivada natural de la conectividad total, iría mucho más lejos en la reducción de congestión y accidentes, siendo aún más profundo su efecto en la liberación de tiempo. Podríamos comunicarnos, hablar o incluso trabajar durante el tiempo de trayecto, en lugar de “detener nuestra vida” para conducir.

aunque extremadamente complejos, ninguno de los retos aquí planteados parecen técnicamente irresolubles

Por último, aunque extremadamente complejos, ninguno de los retos aquí planteados parecen técnicamente irresolubles. La cantidad de oportunidades de negocio que abriría el Internet de la movilidad (desde el propio desarrollo de sistemas y comunicaciones y su suministro, hasta el uso posterior de la infraestructura para cosas como segmentar anuncios por localización en tiempo real) me hacen pensar que habrá inversores e investigadores en cada uno de los puntos críticos que serán capaces de sacar adelante la idea.

Definitivamente, sucederá.

Fuente: “Reinventing the Automobile: Personal Urban Mobility for the 21st Century” de William T. Mitchell, Christopher E. Borroni-Bird and Lawrence D. Burns – The M.I.T. Press 2010
Imagen: Flikr de joiseyshowaa
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