Twitter y el abuso de los datos personales

Érika García

Las redes sociales, ese demonio vestido de ángel, como decían “Los Calis” en su oda a la heroína allá por los años ochenta. Y es que las redes sacan lo bueno y lo malo de todo el mundo, más aún desde que su uso como medio de denuncia está a la orden del día. En estos últimos meses hemos sido testigos de las denuncias de distintas personas, especialmente mujeres (qué casualidad) sobre el abuso de sus datos personales por parte de trabajadores de diferentes empresas. Esto es algo que viene pasando años, la diferencia está en que ahora, los culpables en lugar de ser expuestos en la picota de la plaza, lo son en la picota virtual de Twitter.
Volviendo a lo del demonio vestido de ángel, puede parecer que esto está bien (y lo está), ya que poder denunciar públicamente que alguien hace un mal uso y abuso de tus datos personales, llegando incluso a incidir en acoso, debería ser algo positivo ¿no? Lo malo del asunto es que, al parecer, todos estos casos han hecho brotar la parte más terrible de nuestra sociedad, el machismo más recalcitrante y retrógrado rehogado con la inmunidad que otorga poder opinar escondido tras un avatar.

                                                                      El caso MRW

 

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Ésta era la denuncia que hacía @albatardellum  en su cuenta de Twitter hace poco más de dos meses. Denunciaba que, tras haber recibido un paquete en su casa, el repartidor había utilizado el teléfono proporcionado por la compañía para mandarle un mensaje de manera privada al que después seguirían varios más, tras la falta de interés de la denunciante. Como todo el mundo sabe,utilizar de manera deliberada datos de naturaleza personal es un delito, pero parece que cuando se trata de darle un uso “romántico” ergo acosador, todo está permitido. Y es que a @albatorum no le faltaron apoyos, pero desde luego sí le sobraron detractores. Empezaron a surgir comentarios en Twitter y Facebook dignos de la España de los años setenta, donde en la televisión podíamos ver anuncios de bebidas alcohólicas en los que una mujer traía una copa y un cojín de forma servicial a su marido recién llegado del trabajo. Algunos tweets rezaban barbaridades tales como: “y ahora el chico se queda en paro tan solo por intentar ligar”o “si el tío hubiera estado bueno seguro que le hubiera seguido el rollo”, todo ello acompañado de descalificativos de toda clase.

¿Tanto daño han hecho las películas de Hugh Grant? ¿De verdad podemos justificar conductas ilegales porque están normalizadas y basadas en el romanticismo?

                                                              Caso Job and Talent

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Este caso me toca muy de cerca porque la protagonista es una servidora. En un lapso de tiempo (afortunadamente) muy breve, anduve buscando un empleo puente para compaginar con mis trabajos de consultora y editora. En mi ardua búsqueda topé con una oferta de empleo que ofrecía un trabajo sencillo y temporal como recepcionista en una clínica de fisioterapia. Tal fue mi sorpresa cuando, tras comunicarme con los ofertantes del empleo y descubrir que aquello era un oferta de prostitución encubierta, que no pude evitar seguir tirando del hilo para, posteriormente, denunciar en los lugares pertinentes y mostrar lo sucedido de manera pública en las redes sociales. Y es que, tras una inocente oferta de empleo de recepcionista, se encontraba oculta una de masajista con final feliz.  Pero lo que es más grave, la falta de control del portal de empleo Job and Talent, que no realizó la criba pertinente ni controló las ofertas que se publicaron en su portal aún a sabiendas de que tratan con lo datos personales de miles de personas.

Y una vez más, la masa habló. Se me acusó de haber preguntado el sueldo y de ser una buscona, y lo que es aún peor, de que mi novio me dejase interactuar de forma libre con mi teléfono móvil. Vaya, no sabía que las mujeres debíamos pedir permiso a nuestros cónyuges para poder utilizar dispositivos electrónicos, la próxima vez tendré más cuidado. El asunto está claro, puede que Twitter solo represente un 18% de la sociedad española, pero por desgracia la muestra obtenida es bastante significativa.

Además de estos dos casos han aparecido otros tantos, sin contar los que no se denuncian, obvio. Uno de los más recientes ha sido protagonizado por un taxista de Mytaxi que decidió tomar libremente el teléfono de una clienta para invitarla a un café. Me repito, lo sé, pero ¿por qué las comedias románticas han calado tan hondo en nuestras conductas? Y una vez más, mismo patrón, gente cuerda que condena la conducta de quien ha tomado datos personales de otra persona para incurrir en el acoso, frente a quien justifica los hechos con el romanticismo y la galantería. Lo que está claro es que nadie tiene derecho a utilizar ningún dato sin el permiso de su titular y que justificarlo es una forma de fomentar el acoso.

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