22 de junio de 2015
Para aquellos que hemos hecho de nuestra pasión por los coches nuestro estilo de vida, incluso nuestra profesión, esta afición comenzó pronto. Por eso no puedo olvidarme de la inmensa colección de miniaturas de coches con los que jugaba cuando aún no tenía uso de razón, miniaturas en las que no podían faltar algunos coches que por arte de magia cambiaban de color cuando los introducía durante unos minutos en el congelador, entre las verduras, los tuppers de comida que guardaba mi madre, y los helados Dracula. Y en un alarde de nostalgia, y también ganas de llamar mucho la atención, un grafitero alemán quiso llevar esa idea a una escala real, al acabado de pintura de todo un BMW X6.
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