«La máquina que cambió el mundo»: la revolución industrial del Ford Model T

El Ford Model T es considerado el primer coche producido en cadena. Pero el Ford Model T fue mucho más que eso. Fue el pistoletazo de salida de un modelo de producción hasta entonces desconocido, de una nueva organización industrial. Además, marcó el inicio de la relación de amor entre América y el automóvil. Producido entre 1908 y 1927 sin interrupción y sin apenas variaciones, es el coche más importante de la historia. O al menos el más significativo. Es sin lugar a dudas, la máquina que cambió al mundo.
«La Máquina que Cambió el Mundo» es un libro publicado por James P. Womack en 1990. Es un ensayo que todo aficionado al automóvil con inquietudes debería leer. Explora el paso desde la producción artesanal de automóviles hasta los actuales modelos de «lean manufacturing» – modelo también conocido como producción ajustada o producción limpia. Entre ambos se encuentra la producción en masa, el modelo productivo más importante del Siglo XX. Un hercúleo ejemplo de integración vertical, cuyo momento de gloria ya ha pasado.

El Ford Model T y la producción en masa
Antes del Ford Model T, el automóvil era un producto de ricos. Cada unidad era construida a mano por artesanos, mecánicos, maquinistas. Cada una de las personas involucradas en la producción de un coche tenía multitud de habilidades manuales. Usaban herramientas multipropósito y formaban parte de una organización muy descentralizada. Con estos ingredientes se llevaba a cabo la fabricación – en el sentido más puro de la palabra – de un automóvil exclusivo, adaptado a los gustos del cliente. Cada vehículo era diferente, y la propia variación natural del trabajo manual provocaba pequeñas diferencias incluso en las piezas estandarizadas del coche, como el motor.
La producción de un coche llevaba semanas, incluso meses, y su precio era prohibitivo. Cada coche era de forma efectiva, un prototipo. Henry Ford llegó entonces con el objetivo de revolucionar la industria del automóvil. La verdadera revolución del Ford Model T no fue la producción en serie, sino la completa estandarización e intercambiabilidad de sus piezas, así como la facilidad de ensamblado. La revolución de Ford comenzó en 1908, pero la producción en masa del Ford Model T no despegaría hasta 1914. De hecho, las primeras unidades del Ford Model T aún se consideran un ejemplo tardío de producción artesana.

Sea como fuere, el primer paso fue reducir el número de piezas necesarias para construir un coche. Por ejemplo, el bloque motor se obtenía de una sola pieza, que era a su vez producida por una sola fundición para garantizar una consistencia en acabado y precisión. Aprovechándose de los últimos avances en mecanizado y materiales, se aseguró de que los operarios que montaban el coche no tuviesen que ajustar cada pieza, limar sus impurezas o repasar componentes. Cada pieza llegaba ya completamente lista a las manos del operario. Esto permitía reducir enormemente el tiempo que cada trabajador empleaba en realizar una tarea.
El empleado aún era la pieza clave del sistema productivo de Ford. Al principio, era el operario el que se movía en torno al coche: iba a buscar las piezas que necesitaba, y las montaba. Acto seguido, daba paso al siguiente grupo de operarios, que por ejemplo, se dedicaban a fijar los paneles de la carrocería. A Henry Ford se le ocurrió entonces enviar las piezas a las manos del operario, eliminando su necesidad de moverse. Tras la inauguración de su planta en Highland Park, Ford tuvo la idea que revolucionó al completo la industria: el automóvil se movería, parando ante cada operario, inmóvil. Así nacía la verdadera producción en masa.

El tiempo de ciclo – el tiempo que pasa hasta que un operario vuelve a repetir la misma tarea – había bajado desde las 8,56 horas en 1908, a 2,3 minutos en 1913 y a sólo 1,13 minutos en 1914 tras la introducción de la línea móvil de ensamblado. Coincidiendo con el estreno de la planta, Ford anunció la introducción de un salario de 5 dólares diarios para sus trabajadores. Entonces era un gran salario, y permitía a un operario adquirir un Ford Model T en apenas unos meses de ahorro. Operarios que reinvertían así su salario en las arcas de la compañía, cuyo coste por coche producido se reducía cada vez más – en 1927, era de un tercio el de 1914.
Durante los años 20, Ford invirtió una gigantesca suma de dinero en la construcción de un enorme complejo industrial, llamado River Rouge. En este complejo llevó a cabo su sueño de integración vertical: todos los componentes del coche eran fabricados en Detroit a partir de sus materias primas, también en control de Ford. Desde el metal de la carrocería hasta la madera de su interior. Incluso el caucho de los neumáticos procedía de una plantación propiedad de Ford, situada en Brasil. Una verdadera fábrica metalúrgica producía día y noche planchas de metal para las carrocerías de los coches. Así, Ford se erigió líder del automóvil a nivel global.

La producción en masa nunca fue perfecta, y su modelo «push» dejaría paso al «lean manufacturing» – o modelo «pull» – décadas después, pero esa es otra historia. Ford produjo 15 millones de Ford Model T en 19 años de producción y no, no todos eran de color negro. Hasta entonces, nada había sido producido en igual magnitud, y la revolución del Ford Model T marcó el comienzo de una industria fructífera. La producción en masa llegó a todos los sectores imaginables, transformando de forma capitalista al mundo, para nunca volver atrás.