· por Esteban Viso

Cuando uno sale a la carretera siempre está asumiendo el riesgo de sufrir algún imprevisto, por pequeño que sea. Lejos del alarmismo, la realidad es que podemos encontrarnos con un percance en la vía (un coche parado, un animal suelto, un obstáculo como una rama de un árbol), podemos encontrarnos con agua, nieve, placas de hielo o simplemente sufrir un fallo mecánico, un pinchazo o reventón o, en definitiva, cualquier cosa que nos ponga en situación de emergencia.

Saber reaccionar de forma conveniente ante un imprevisto tiene una gran importancia, porque de la reacción depende mucho cómo termina la cosa, y para ello no hace falta tener reflejos de gato o ser un piloto de carreras, basta con tener en cuenta las claves para salir airosos de una situación de emergencia, y aunque no nos guste apostar por la suerte, tener la suficiente para que el imprevisto se de en el mejor momento posible.

La primera regla es fiarte ciegamente del coche

New Fiesta ST Unveiled at the 2012 Geneva Motor Show

Para fiarte del coche con los ojos cerrados debe estar a punto y con un mantenimiento exquisito, que no es otra cosa que pasar las revisiones regularmente y tener cuidado con los niveles de líquido y el estado de los neumáticos. No hace falta más, ni invertir más dinero del necesario para tener un coche presto para responder en cualquier situación. Pensemos que si hemos estirado al límite la vida de los neumáticos, tendremos menor adherencia en seco y menor aun en suelo húmedo; si los amortiguadores «aun tiran» aunque les haga buena falta la sustitución, tendremos peor estabilidad en frenada y también menor adherencia; si los frenos tienen algún síntoma de fatiga… no hace falta ser un genio para saber que no responderán igual.

Por tanto el respeto por nuestro coche se va a traducir en mayor seguridad cuando salimos a la carretera. Mayor seguridad real, la que nos proporcionan los diferentes sistemas del coche (más adherencia, mayor potencia de frenado, más estabilidad…), y seguridad percibida, porque sabremos que al coche no le fallará nada (salvo esa probabilidad mínima de que falle alguna pieza de manera inesperada, que siempre existe por muchos controles de calidad que se puedan llevar a cabo). Así, circularemos más tranquilos y eso mismo redundará en una mayor capacidad de reacción ante imprevistos.

Sobreviraje, subviraje, aquaplaning… ¿cómo reacciono a esto?

Ford Kuga sobre Nieve

Ahora que llega el otoño es un buen momento para plantearnos el hecho de que las carreteras estarán mojadas en alguna ocasión, que nos podemos encontrar con firmes muy fríos y que puede que haya hielo en algunas zonas, a primera hora de la mañana (al amanecer). Estos fenónemos como el sobreviraje y el subviraje son poco frecuentes, por no decir que pasan inadvertidos para nosotros la mayoría de las veces gracias a los sistemas de asistencia a la conducción. Sin embargo es bueno saber cómo se producen y qué hacer.

El subviraje significa que cuando giramos el volante cierto número de grados, el coche no gira en la misma medida: gira menos de lo deseado. Se suele decir que cuando se da el subviraje «el coche se nos va de delante». Puede deberse a muchos motivos, pero el efecto es que si no hacemos algo, nos saldremos de la trazada ideal que estamos siguiendo. Las causas son múltiples, entre otras la entrada a demasiada velocidad en una curva, falta de adherencia del tren delantero, presión inadecuada en los neumáticos o una incorrecta alineación de la dirección.

Para corregir el subviraje debemos hacer dos cosas: no girar más el volante, y levantar suavemente el pie del acelerador, consiguiendo así que parte del peso se traslade al eje delantero, con lo que ese tren gana en tracción.

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Por contra, cuando se da sobreviraje es el tren trasero el que aumenta su radio de giro, con lo que parece que nos intenta adelantar y podemos terminar haciendo un trompo. Esto sucede más en coches de propulsión (se suele llamar coloquialmente «tracción trasera»). Las causas más comunes en ese tipo de coche son frenar de golpe o levantar completamente el pie del acelerador en plena curva. También puede darse en general por baja adherencia del tren trasero debido a desgaste excesivo de los neumáticos o presiones incorrectas, problemas de suspensiones…

Para contrarrestar el sobreviraje es conveniente tener en cuenta que en coches de propulsión se debe mantener algo de gas en curvas que no sean muy lentas, para prevenir. Y por supuesto, no frenar con contundencia en plena curva. En general, el contravolante es una buena forma de contrarrestarlo, pero ha de hacerse de forma suave y progresiva, es bastante complicado de hacer bien. Sobre todo, hay que levantar suavemente el pie del acelerador para encarrilar el asunto.

Por último nos encontramos el aquaplaning, que es la consecuencia de rodar demasiado deprisa sobre una superficie muy mojada. El aquaplaning se da cuando los neumáticos sobrepasan su límite de evacuación de agua. Cuando sucede esto ya no hay goma sobre el asfalto, sino que toda la banda de rodadura flota sobre el agua, perdiendo por tanto la adherencia y el control sobre el volante. La única forma de superar un aquaplaning es no mover el volante y reducir progresivamente la velocidad para que los neumáticos vuelvan a poder trabajar. La mejor manera de no sufrir aquaplaning es ser prudente bajo la lluvia y reducir algo la velocidad.