· por Esteban Viso

Es posible que esta sea una pregunta muy recurrente según en qué fechas o época nos encontremos. El neumático de invierno es un neumático con características diferentes a los neumáticos «normales» (conocidos como «de verano»), y también con características diferentes a los neumáticos para cualquier estación, que tienen diferentes nombres según la marca fabricante. El neumático de invierno es, esencialmente, uno adecuado para trabajar a la perfección cuando la temperatura media es menor a 7 grados Celsius, y que deja de ser tan efectivo superados los 12 o 15 grados.

Además, mejora notablemente las capacidades de frenado en lluvia y otros parámetros como la conducción sobre nieve o hielo, en comparación con los de verano. Entonces, ¿los necesito, o no los necesito en mi coche este invierno? La respuesta no te sorprenderá, porque depende mucho de dónde vives y por dónde te mueves, y en muchos casos en España, la respuesta es directamente «no, no los necesitas».

Las características de los neumáticos de invierno

Lo principal es que un neumático de nieve permite al conductor conducir sobre nieve sin necesidad de cadenas. Punto a favor, y de los gordos. Además, en condiciones de lluvia, hielo o firme a baja temperatura funcionan mucho mejor que los de verano, simplemente porque la composición del neumático permite que funcionen a pleno rendimiento necesitando temperaturas muy inferiores a las que necesita un neumático tradicional.

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Los surcos del neumático de invierno son diferentes, diseñados para evacuar tanto agua como nieve, y para «hacer mella» en las placas de hielo, de manera que la pisada de esos neumáticos en condiciones adversas es mayor. Con más goma tocando el asfalto, la tracción será mucho mejor, y por tanto la seguridad a la hora de conducir se incrementa mucho.

Si nos fijamos en la foto superior, tanto la profundidad de los surcos como la configuración del dibujo permiten esa mejor capacidad de agarre. Además, se pueden apreciar las laminillas metálicas repartidas por toda la banda de rodadura que son las que permiten «romper» las placas de hielo y sujetar mejor en condiciones resbaladizas.

Por tanto, tenemos que el neumático de invierno funciona muy bien con temperaturas bajas (se recomienda no utilizarlos por encima de 12 o 15 grados porque pierden efectividad) y suelo seco, con frío y agua, y por supuesto con nieve y hielo. Es en este último caso en el que un conductor que no los haya experimentado notará una diferencia abismal. Básicamente, notará la diferencia entre tener no tener tracción alguna, y disponer de tracción y capacidad de giro, y es espectacular cuando tienes la suerte de probarlo.

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La pregunta de si merece la pena montar estos neumáticos en nuestros inviernos, es de respuesta compleja. Depende de si vivimos en la costa mediterránea, en Huesca, o en Galicia. Depende de la pluviometría del lugar y de si se mantienen esas temperaturas medias por debajo de 15 grados.

Y por supuesto, hemos de tener en cuenta que disponer de neumáticos de invierno significa disponer de dos juegos de neumáticos diferentes, unos de verano y otros de invierno, y que debemos guardar a buen recaudo los que no estemos utilizando, además de visitar el taller dos veces al año para proceder al cambio.