· por Esteban Viso

Conducir sobre nieve es especialmente agradable si las condiciones son adecuadas, estamos preparados y no buscamos un riesgo innecesario. Por lo general, un conductor medio no busca la nieve, sino que se la encuentra, así que es muy importante estar bien preparados para la situación que puede surgir en la carretera, imprevista aunque en realidad predecible. Los puntos básicos a tener en cuenta para estar preparados son mantener el coche a punto, contar con buenos neumáticos y saber el tiempo y el estado de las carreteras allá donde vayamos.

La preparación del coche es fundamental para tener buena experiencia con la nieve, así que igual que cuando llega el otoño y aparecen las primeras lluvias de importancia tenemos que revisar y poner a punto el coche, cuando llega el invierno debemos ser aun más cuidadosos. El climatizador, los diferentes líquidos del coche, suspensiones, neumáticos y otros puntos de revisión claves deben estar en tu lista de prioridades antes de salir de viaje en invierno. Estas revisiones se pueden encargar a tu concesionario de confianza, con lo que tendrás la seguridad de que tu coche está en buenas manos y que cualquier fallo o defecto inesperado se pueda descubrir a tiempo.

Si partimos de que el coche ha de estar en perfecto estado antes de salir de viaje, es hora de ocuparnos de la conducción en nieve. Pero antes no podemos dejar de hablar de los neumáticos, ya que aunque se han revisado en el concesionario como comentamos en el párrafo anterior, hemos de tener en cuenta todavía algunos asuntos importantes. El primero es que unos neumáticos convencionales van a rendir cada vez peor, cuanto más baje la temperatura del firme. Por eso es imprescindible llevar cadenas para nieve en el coche, y saber cómo se montan. Pero además es muy recomendable que las coloques en el calor de tu garaje, ¡antes de necesitarlas por primera vez! El frío y la nieve no proporcionan las mejores condiciones para colocar las cadenas por vez primera.

En el caso de utilizar neumáticos de invierno (aquí te contamos las ventajas sobre los neumáticos «de verano»), las cadenas no serán un problema porque este tipo de neumático consigue tracción en superficies con incluso un par de centímetros de nieve, si no algunos más. La conducción sobre nieve con neumáticos de invierno se hace más fácil, pero siempre hay que recordar que la física impone sus límites a todos los neumáticos, ya sean de invierno o de verano, y el agarre lateral y longitudinal es menor, siempre, en condiciones de frío, nieve y hielo que en condiciones de seco.

Suavidad y prudencia para conducir en nieve

Los dos mantras imprescindibles para conducir sobre nieve son la suavidad en el manejo, y la prudencia suficiente como para no meterse en un lío. En cuanto a la suavidad, basta con decir que un movimiento brusco suele estar acompañado de falta de agarre o de tracción, si estamos sobre la nieve o el hielo. Por ejemplo, si no nos anticipamos lo suficiente ante una curva y damos un volantazo para tomarla a tiempo, lo más probable es que el coche no obedezca a esa orden de giro, y suframos subviraje.

En el caso de los pedales, acelerador y freno, debemos ser muy cuidadosos en su operación. Si pisamos demasiado el acelerador, patinaremos (si tenemos control de tracción lo más seguro es que no consigamos mover el coche); si frenamos con demasiada fuerza, o bien bloquearemos las ruedas o bien, si disponemos de ABS (como tienen todos los coches nuevos), se alargará tanto la distancia de frenado que nos será prácticamente imposible detener el coche a tiempo.

En cambio, circulando a una velocidad adecuada a las circunstancias (en otras palabras, lento), el simple hecho de levantar el pedal del acelerador nos permitirá reducir con relativa presteza la velocidad. En caso de necesitar el freno, la pulsación debe ser muy leve, casi imperceptible, y ante el primer indicio de que entra en acción el ABS, liberar algo de presión. La clave es, por lo tanto, circular a velocidades bajas de manera que el proceso de frenado se lleve a cabo casi por completo por el freno motor.

Por eso la prudencia nos ayudará: estar informados sobre el tiempo que hará en diferentes puntos de nuestra ruta; saber si en esos tramos habrá nieve, lluvia, estará soleado, o por el contrario podría haber alguna placa de hielo; entender las curvas que tenemos por delante, y anticipar lo suficiente la velocidad de entrada (reduciendo la velocidad, se entiende), así como manejando con dulzura el volante; evitando utilizar el pedal de freno en lo posible; pisando suavemente el acelerador y utilizando las marchas más largas posibles… Todos estos son consejos que te servirán a la hora de conducir sobre la nieve.

En cualquier caso, hoy en día es complicado que nos encontremos con nieve «seria» si nos desplazamos por autovías, porque los operarios de mantenimiento se encargarán de quitar el máximo de nieve posible, así como de esparcir la sal que impedirá la formación de placas de hielo. Sea frecuente o no, poco probable o no, siempre conviene saber qué hacer cuando encontramos la nieve en nuestro camino.