¿Sabías que el parabrisas de tu coche forma parte de su estructura de seguridad?

Iván Fernández

Seguro que más de uno no conocía la importancia del parabrisas más allá de su relación con la visibilidad, protección y estanqueidad. Este elemento de vidrio se introdujo a principios del Siglo XX. En aquel momento, los primeros fabricantes que decidieron introducirlos en sus cuadriciclos en lugar de las gafas que hasta ese momento utilizaban para protegerse de elementos como el polvo o el viento cuando conducían a velocidades no muy altas.

Sin embargo, estos primeros parabrisas sólo realizaban esa función de protección para el viento y mejora del confort a la hora de conducir. En caso de accidente o impacto de un elemento como una piedra, este cristal se hacía añicos, produciendo en muchas ocasiones lesiones a los ocupantes de estos primeros automóviles. Fue el propio fundador de la firma del ovalo, Henry Ford, el que le encargó a uno de sus empleados, Clarence Avery, que investigara una nueva opción para los cristales de sus automóviles.

Harto de verlos estallar en mil pedazos, Ford quería un nuevo sistema que hiciera los cristales más resistentes sin tener que hacerlos muy gruesos, y que por tanto también fueran más baratos. Esta iniciativa, sumada a la invención de Edouard Benedictus, el cual decidió presentar una patente en 1909 del llamado cristal laminado que no se hace añicos: una capa de celulosa entre dos capas de vidrio, sobre lo que se fundamentó lo que hoy conocemos con parabrisas.

Esa capa de celulosa fue cambiándose con el tiempo ya que se decoloraba y dificultaba la solución. Finalmente, la introducción del butiral de polivinilo (PVB, un polímero transparente de alta resistencia) atajó de raíz este problema desde la década de los 30. Desde la introducción de este tipo de cristal laminado (desde 1983 por ley todos los vehículos deben llevarlo), el parabrisas comenzó a realizar también una función secundaría de seguridad. En este caso, evitaba que los pasajeros pudieran salir despedidos del coche en un accidente.

¿Por qué el resto de coches no son del mismo material? Primero, porque el coche sería mucho más pesado. Segundo, porque no hay necesidad ya que el único que rueda en el sentido de la marcha a altas velocidades es el delantero y, por último, porque si todos los cristales fueran laminados, en caso de accidente y de bloqueo de las puertas, sería muy difícil salir del habitáculo al no poder romperlos.

Protección confort y también seguridad. ¿Por qué?:

Sin embargo, estas funciones de seguridad han ido evolucionando con los años, pasando a formar parte de la estructura del coche y por tanto contribuir activamente a la rigidez de la misma. En los automóviles modernos podríamos estar sobre el 30% de la rigidez estructural aportada por el parabrisas siempre que se encuentre bien instalado. Nos encontramos de esta forma ante una especie de muro de carga que se encarga de absorber ciertos esfuerzos y servir de contención, por ejemplo en caso de vuelco, protegiendo a los ocupantes en situaciones en las que el techo se hunde menos de 10 cm. En caso de otros accidentes, nos encontramos con que la luna delantera sirve para limitar la deformación del habitáculo en determinadas circunstancias.

Hay una labor más que realiza el parabrisas dentro de la seguridad pasiva de un automóvil que la mayoría de conductores desconoce. En este caso, la luna delantera hace de apoyo del airbag del copiloto, conteniendo gran parte de la inercia que puede generarse en el cuerpo del acompañante ante una gran desaceleración. Es por ello que, en la actual industria del automóvil se recurre a robots para una instalación micrométrica de los parabrisas, así como a sellantes o adhesivos de poliuretano de alta calidad con el fin de cerciorarse de su correcta fijación. El buen estado de este elemento es por tanto vital para la seguridad de todos aquellos que viajamos dentro del habitáculo.

En el caso de los materiales, la evolución de los mismos ha permitido seguir mejorando las características de los parabrisas. En este caso Ford se convirtió el año pasado en el primer fabricante del planeta que utilizó para su Ford GT el ‘Gorilla Glass’, un cristal que fue ideado y desarrollado para los smartphones, hasta un 30% más ligero y un 25% más delgado que el vidrio convencional. Además resiste los arañazos y mantiene los niveles de aislamiento acústico.