Los vehículos autónomos de Ford cumplen más de una década

Iván Fernández

El coche del futuro. Este término, que tanto ha cambiado con el paso de los años sigue descubriéndonos nuevos horizontes dentro de la movilidad del ser humano. Si bien hace tres décadas muchos ya soñaban con autos voladores y motores alimentados por energías alternativas, es cierto que dentro del imaginario popular parecía difícil encontrar el concepto de vehículos autónomos. Ahora, en pleno 2017, es ya una realidad.

Ford es uno de los fabricantes que más empeño está poniendo en el desarrollo de esta tecnología, planteándose la fecha clave del año 2021, punto en el que el fabricante estadounidense anunció su intención de ofrecer un coche totalmente autónomo (nivel 4 SAE, no tendrá ni volante ni pedales de freno o acelerador) de gran volumen para su uso a través de plataformas de vehículo compartido.

A pesar de que parece relativamente reciente el interés y el inicio de los test tanto en entornos controlados como en carreteras abiertas al público, los primeros ensayos de la firma del ovalo con este tipo de vehículos se remonta a principios del Siglo XXI, concretamente a 2004, año en el que Jim McBride, responsable técnico destinado a dicha sección, comenzó a buscar cómo hacer coches más seguros ayudándose de los avances realizados en robótica y ciencia computacional.

¿Cuándo se creo el primer vehículo autónomo de Ford?:

Participando dentro del concurso DARPA (Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa) para vehículos autónomos, Ford comenzó a experimentar con estos sistemas, incluyendo la construcción de un prototipo sobre la base de una Ford F-250 Super Duty que llegó a las grandes finales en 2005 y 2007 tanto en conducción en desierto como en un recorrido urbano. Esta investigación ayudó en parte a los ingenieros de Ford a desarrollar nuevos sistemas y asistentes de seguridad. Surgieron entonces nuevos conceptos como el “control de crucero adaptativo”, el “asistente activo de aparcamiento”, “sistema de mantenimiento de carril” y “aviso de objetos en el ángulo muerto”.

Fue en 2014 cuando Ford dio el gran salto anunciando un proyecto conjunto con el MIT (Massachusetts Institute of Technology) y la Universidad de Stanford. El primero se encargaría de estudiar cómo predecir las acciones de otros vehículos o viandantes, mientras que la universidad californiana se encargaría de cómo debería maniobrar el coche autónomo para evitar la obstrucción de sus sensores, por ejemplo, cuando rueda un camión delante. Se preparó entonces una flota de 10 Ford Fusion híbridos (versión del Mondeo que se comercializa en Norteamérica) destinados a ser utilizados como mulas de pruebas para esta tecnología.

¿Por qué esta segunda generación de vehículos autónomos había elegido dicha base? Además de por dimensiones y características, el Ford Fusion contaba con la arquitectura eléctrica más novedosa y avanzada de toda la gama de la marca, algo que permitía la introducción de tecnologías más complejas y de sistemas que requerían un mayor suministro para alimentar más elementos. La cifra aumentaría en 2016 con otras 20 unidades, las cuales comenzaron a rodar por carreteras de California, Arizona o Michigan, lejos del campo de pruebas utilizado en el MIT, bautizado con el nombre de Mcity. La creación del centro de investigación en Palo Alto, California, supuso la apuesta definitiva por los vehículos autónomos, con un equipo completo trabajando específicamente en su desarrollo.

¿Qué sensores equipa el Ford Fusión Autónomo?

Todos los elementos utilizados permiten que el vehículo reciba información de su entorno cubriendo prácticamente la distancia de un campo de futbol americano. La presencia de otros coches, de peatones, la lectura de señales de tráfico o incluso el reconocimiento del estado del firme sobre el que se circula. Todos estos datos llegan al software del coche a través de distintos tipos de sensores, los cuales van desde la utilización de cámaras de alta resolución hasta radares que cubren distintos rangos, pasando por uno de los sistemas indispensables para garantizar el correcto funcionamiento del automóvil en modo autónomo, los sensores LiDAR.

En el caso de la firma norteamericana, la colaboración con Velodyne se extiende a la última década, y la incorporación de uno de los productos más recientes de la empresa tecnológica, el Solid-State Hybrid Ultra PUCK Auto, será incorporado en la tercera generación de vehículos autónomos de Ford. Además de un mayor alcance (200 metros) y su gran velocidad en la toma y transferencia de datos (dos sensores recogen la misma cantidad que cuatro de los antiguos), las características del LiDAR permiten incluso guiar el coche en la noche sin la necesidad de circular con los faros encendido. Los más de 2,8 millones de pulsos láser por segundo emitidos para escanear el entorno son los responsables de que se pueda generar una imagen en 3D precisa y de alta definición en la que el vehículo autónomo ‘navega’ a la perfección.

El vehículo autónomo en evolución continua:

En pleno 2017, el Ford Smart Mobility, el plan de la compañía para alcanzar un nivel superior en conectividad, movilidad, vehículos autónomos, experiencia de usuario, datos y analíticas, sigue en marcha y alcanzando nuevos horizontes. En él trabajan más de 130 personas, entre ellas, cuatro de los ingenieros que comenzaron hace más de una década en el concurso DARPA. Además de iniciativas con multinacionales de comida a domicilio que hemos podido ver recientemente con el caso de Domino’s Pizza, también se ha comenzado con numerosos test que planean cubrir por completo el espectro de situaciones que se puede encontrar un vehículo autónomo, desde la conducción completamente a oscuras o sobre hielo y nieve.

Durante los últimos meses, se ha puesto en marcha también una nueva investigación con el objetivo de encontrar un método directo, visual e intuitivo para comunicarse con los peatones. En colaboración con el Instituto de tecnología del transporte de Virginia, se ha ideado un nuevo código de luces que pretende reflejar en cada momento qué acción realizará la IA del vehículo.

Descartadas las opciones de comunicarse vía texto (obligaría a que los transeúntes conozcan el mismo lenguaje) o los símbolos, los responsables decidieron apostar por las señales luminosas en busca de una comunicación estándar que se pueda extender al resto de la industria automovilística: dos luces blancas moviéndose de un lado a otro indican que el vehículo está a punto de detenerse, mientras que una luz blanca fija estática señala que está en modo autónomo. La luz parpadeando de forma rápida indica que el coche está a punto de acelerar desde parado, utilizando unas medidas similares a las que nos encontramos en la actualidad ya en nuestras ciudades con medios de transporte como los tranvías.