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Curiosidades

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Cómo comprarán un coche nuevo tus nietos que aún no han nacido

Óscar García | 30 Oct 2021
Jaguarr
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Guido da Verona quizá no te suene. No es un diseñador de coches aunque, menuda coincidencia, nació en Módena el 7 de Mayo de 1881, antes que Enzo Ferrari, y otros tantos del lugar, se dedicasen a fabricar sueños automovilísticos y propagarlos por el mundo. Guido era poeta y tenía una frase muy útil para describir hoy algunas cosas del futuro que parece que acontece: "El olvido de la felicidad es lo único que representa en el mundo la felicidad verdadera".

Mientras escucho, para muchos expertos, uno de los mejores LP de todos los tiempos, Harvest de Neil Young, imagino cómo será comprar un coche en el futuro. Lo escucho a través de una plataforma que reproduce mediante tecnología inalámbrica a un pequeño altavoz Marsahall. Aquí se quedaría la historia de alguien que acabara de descubrir este álbum. Sin embargo, este álbum tiene historia.

Estaba en el instituto, mi padre fue a la caseta de un colegio que estaba por hacer, quería meternos en aquel colegio que estaba por hacer a mi y a mi hermana. El Director, José Carlos, me llamaría siempre el número 1 no solo por el cariño que me tenía, sino porque fui el primer inscrito en el centro. El director era un tipo curtido en las humanidades, era grafólogo, pensador, variopinto, peripatético, petimetre. El motivo de tal celeridad fue que me echaron de un colegio privado, uno de esos caros y que prometen que los retoños sean verdaderos depredadores en el mundo de los negocios. Las mejores notas en la selectividad, un futuro para tu hijo, la excelencia y mil cosas vomitivas más. Te quieren escribir un futuro, como si te programasen como un robot. Es el plan perfecto, si caes después de tan insigne educación, es que no habrás aprovechado las oportunidades necesarias. Eso sí, para ser el mejor tienes que ser domable y no plantearte nada. Por aquella época, yo era indómito, raro, uraño y vivía en mi universo. Pero había una cosa que realmente enfadaba a los profesores, nunca les hacía caso, me negaba a realizar deberes en casa.

Siempre he llevado muy mal eso de meter marchas a la fuerza. Ser rebelde, con 16 años, debería ser la primera enseñanza en cualquier colegio que nos quiera convertir en seres libres, pero es causa de invitarte a salir de un centro educativo, al menos de aquel centro. Así fue, me echaron y recalamos mi hermana y yo en otro colegio de corte más humanista, artístico, menos determinista y sobre todo con la misión de intentar pulir un alma, que siendo tan humano, hubiera terminado en algún trágico final. Ese colegio me encaminó y me enseñó que lo más salvaje que una persona podía hacer es intentar ser equilibrado y justo consigo mismo y los demás.

Por aquel entonces solo leía, escuchaba música, montaba en moto, estaba bastante solo porque mis amigos de la infancia habían descubierto el mundo de las drogas, en el cual nunca quise iniciarme, pensaba que como aquella frase de Nietzsche yo ya era dinamita, y el opio podría ser una mecha que me hiciese volar por los aires. Ese colegio me dio una oportunidad y una historia que contar.

Mi profesor de matemáticas, me regaló el Lobo Estepario de Herman Hesse, él era un poco rarito también aunque no me reconfortó parecerme a Harry Haller. Me sentía querido por la plana mayor del colegio, tenía mucha complicidad con mi profesor de psicología, Javier Moya. Era bueno en deportes, me llevaba muy bien también con el profesor de gimnasia, aunque cuando no me apetecía correr me inventaba una lesión. En una ocasión, alguien fumó en la planta más alta del colegio. Nadie decía quién y nos pusieron a caminar a todos como si fuera una cárcel, como una especie de castigo por no delatar al infractor. Yo me paré en la primera vuelta, era injusto, después en la segunda, se pararon otros alumnos más y ya en la tercera o cuarta casi todos menos los más obedientes, estábamos parados. El profesor de gimnasia se enfadó mucho conmigo. Óscar: esto constará en tu expediente. Tipo Braveheart le espeté: "podrás manchar mi expediente, pero no mi dignidad". Me castigaron, lo que me pareció bien porque así podía hacer los deberes de la tarde, nunca los hacía en casa. Por aquel entonces leía un libro de Oscar Wilde sobre aforismos y sobre un juicio que tuvo por cortejar o acostarse con algún menor de edad.

Por las tardes, me iba al bar la Luna, un antrillo donde ponían buena música y no me pedían el carnet cada vez que pedía una cerveza. Conocí a buenos tipos allí, eran del partido Socialista del pueblo, eran buenos tipos hasta que descubrieron que yo no era alguien posicionado ideológicamente. Me gustaba esto y aquello, lo otro, lo de aquí y lo de allá. Había un tipo que tenía un catalogo muy extenso de discos de música, se los pedías, pagabas 5 euros por cada uno y te lo traía grabado. Le pedí dos, un directo de los Who en Leeds con el potente "My Generation" y el disco que estoy escuchando ahora de Neil Young. Discos, que más tarde me compré originales. Pagué los discos, la cerveza y los tendría al día siguiente.

Al llegar a casa, había un foro donde se metían con mi colegio, que era privado. Eran mis amigos de la Luna principalmente los que veían problemas en aquel colegio que a mí, personalmente, me dio una oportunidad de civilizarme. El colegio se llamaba Sol y Nieve, muy zen. Como un disidente, contestaba a mis amigos de la Luna, ellos no sabían qué era yo. Me encantaba porque era un debate casi filosófico, en unas cosas tenían razón en otras no, como cualquier verdad de la vida.

Al día siguiente volví a por mi disco de Harvest y los Who. !Hombre, qué tal! No me acuerdo de su nombre, era calvo, majo. La Luna pub, era como un lugar para proscritos, con luz tenue y letreros fosforitos. Aquel hombre escribía en el ordenador.  ¿Qué escribes? Aquel hombre me miró y me dijo: nada, en un foro sobre el colegio privado, estoy contestando a uno que lo defiende que tiene pinta de ser un profesor. Le miré, aun no sabía que estar en las antípodas de una idea, en el mundo real, acarreaba distanciamiento por parte de dos personas así que se lo dije. Soy yo el que os contesta. Se lo dije como si fuera una broma, algo sin importancia, por el rictus de su cara no le gustó.  Por un momento, aquel señor dueño del local no se lo creía, sorprendido de que fuese allí a menudo. Me dio los CD, me tomé una cerveza y me despedí como siempre. Al día siguiente, noté que ya no era igual. De momento, no me ofrecieron aquel catálogo extenso de discos, quizá porque al ser piratería, les podría perjudicar. Sin embargo, era la forma que yo tenía de escuchar y tener música con mi paupérrima economía. Diréis, será paupérrima pero ibas a menudo a tomar una cerveza y comprabas discos: vicios y alimento del alma amigos, nada más importante en esta vida y que hace la diferencia entre vivir y sobrevivir.

Si has llegado al final diciéndote a ti mismo "qué cojones es esto", te podré decir que ya sabes cómo se venderán los coches en el futuro. Creeréis que este relato no sirve para nada, al igual de Daniel Larruso en Karate Kid, estaréis contrariados "de qué sirve dar y pulir cerca".

Amigos de Diariomotor, la forma de comprar un coche que tendrán nuestros nietos será, sobre todo y ante todo, quitándote la historia. Cuando tengas que comprar un coche serás incapaz de escribir una historia real de más de 1600 palabras como esta que te he contado, a raíz de un disco que compré y estoy escuchando. Cuando tengan nuestros nietos que comprar un coche, ellos que nunca lo habrán vivido, habrán olvidado la felicidad de ir a recoger tu coche nuevo al concesionario y salir con él.

Para comprar un coche en el futuro, te meterás en una web, verás unos cuantos de tu gusto y bolsillo, le darás a comprar y como si fuera Amazon Prime Now, en una hora lo tendrás en casa. Mientras tanto, te has saltado el salir de casa, el ir a varios concesionarios, el sentarte en algunos, oler, ver, acariciar, sentir el tacto, conocer al vendedor, volver a tu casa, ir de nuevo al concesionario a terminar de ver un coche o ver otro. No podrás escuchar su motor, no podrás ver el cromado de la salida de los cilindros. Comprar un coche será tan fácil y rápido como comprar una caja de pinturas en internet, como conectarte a Spotify, pagar 10 euros al mes y escuchar tu música favorita, hasta que un día, la app te recomienda el disco de Harvest, cree la app que te podría gustar. Entonces la haces caso, lo escuchas, te tumbas en la cama y empiezas a pensar cómo se hacían las cosas en la época en la que Neil Young tocaba acordes con su guitarra y se colocaba un metal con una harmónica cerca de la boca.

Mantengamos la posibilidad de atesorar una historia, mientras podamos. Toda esta historia la he recordado y te la he contado mientras escucho un disco. Todo esto no hubiera pasado con un simple click.

Dedicado al colegio Sol y Nieve de Arroyomolinos, a todos los chavales y chavalas que anden un poco perdidos, sin rumbo, sin nadie que les entienda. Pero sobre todo a todas esas personas y sobre todo maestros, que no tuercen su brazo y no dejan de tener fe y esperanza en un alumno difícil. Dedicado a quienes no les motiva tener un producto o persona ya procesada y encuentran luz y esperanza en adolescentes problemáticos. Cualquier jugador, marca goles en una portería vacía.

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