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De Madrid al Paso del Stelvio en SEAT 127. Capítulo final (7)

Óscar García | 25 Ago 2021
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Los fuegos artificiales, se lanzan poco a poco, para contemplar a cámara lenta como el cielo se llena de color. En todo fuego artificial que se precie, hay una traca final, todo el mundo la espera impaciente aunque signifique el fin del espectáculo. Este capitulo final de la aventura al Stelvio en SEAT 127, es sin duda una gran traca final. Antes de meterme en faena y contaros la que fue, posiblemente la etapa más alucinante de todas, te recuerdo las otras 6 entregas de este viaje épico: parte 1, parte 2, parte 3, parte 4, parte 5, parte 6.

Subida al Col de l'Iseran

Antes de subir, echamos gasolina en un bonito pueblecito de los Alpes, la única gasolinera en cientos de kilómetros y además, una vez llegados a la cumbre, se nos haría de noche, con lo que llenamos los tanques y salimos de aquel feliz paraje para adentrarnos en uno de los puertos de montaña más bonitos del mundo. En altitud, por poco, supera al Paso del Stelvio, lo que le convierte en el paso de los Alpes más alto. A medida que subía con el SEAT 127, con Jose detrás que como saberéis al final se vino a esta última parte, parecía que ibamos acercandonos a un Olimpo enfurecido. A medida que la altitud crecía, el paraje era tan bonito que te faltaban ojos para observar mientras prestabas atención a la carretera, una carretera cada vez más estrecha. Los dioses de la cultura clásica, se reunieron para brindarnos esa escalera hacia el paraíso de la conducción, curvas cerradas, restos de nieve, en menos de 30 kilómetros, nos hizo sol, llovió y hasta granizó, parecía una etapa del mundial de rallye.

Este puerto, como muchos otros, solo se puede subir en verano. En invierno lo cierran por su peligrosidad. El Parque Nacional de Vanoisse es una pasada y os recomiendo que lo conduzcáis, en moto, coche, a ser posible coche clásico. Se construyó como paso para que los ganaderos pudieran llevar sus quesos a mercados cercanos, en 1937 se hizo la carretera por la que fuimos. El Col de l'Iseran, también ha sido etapa del Tour de Francia, lo cierto es que ha sido una prueba intermitente, sobre todo porque debido a las nevadas lo hace intransitable, tuvimos la suerte de poder hacerlo, pero ya en verano tenía pinta de que ese puerto en invierno te podría no llevar al Olimpo sino a los infiernos.

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En plena ascensión José, Sandra y yo nos dejamos de hablar, no porque estuviésemos enfadados, creo que fue por lo impresionante del paisaje, tan inhóspito, tan hostil. Volvería a ir sin duda, además creo que tuvimos suerte porque esas gotas y granizo propició que el paisaje fuera aun más bonito. En la cima había solo una persona con una furgoneta camperizada, nos hicimos una foto con el mítico cartel, hacía frio y aquello parecía un paisaje de otro mundo.

Sin duda, había merecido la pena todo, reflexionamos que fue perfecto hacer el Col d l'Iseran al final. Si hubiera sido al principio no habíamos disfrutado tanto del Stelvio. ¿Qué paso recomendaría, el Paso del Stelvio o el Col d l'Iseran? Los dos. Parecen iguales pero son muy diferentes. El asfalto, el paisaje, en verano en Stelvio está más concurrido, ves civilización, motos, coches, hay más espectáculo humano. Me gusta del Stelvio que en su cima, en lo más alto del paso, se crea como una especie de reunión para los amantes del ciclismo y el mundo del motor. Además te puedes llevar un recuerdo, desde marmotas de peluche hasta pegatinas, camisetas, puedes comer o beber algo, sin duda fantástico. El paso francés, es distinto. Vimos un par de ciclistas, nada más.

Es naturaleza bruta, es algo más desafiante, en la cima solo te aclaman las montañas y el silencio. Quizá eches de menos la algarabía de la cima del Stelvio, quizá no, pero no te sabría recomendar uno porque son distintos. Representan un poco además, el espiritu suizo/italiano y francés. En el Stelvio, se respiraba cierto aroma a lujo, en la subida francesa a aventura y decathlon.

La aventura no termina, casi acaba de empezar

Una vez coronada la cima del Col d l'Iseran, José y yo nos miramos y nos dijimos, sin decirlo, ahora llega lo duro. Estábamos por la tarde, serían las 19 o 20 h, en mitad de los Alpes y teníamos que llegar a Madrid al día siguiente. Nos pusimos al volante del SEAT 127 y el Renault 5 y la verdad, es que la bajada al puerto la hicimos realmente fuerte. La misión, casi desesperada, es que no se nos hiciera de noche totalmente y aún estuviésemos en los Alpes. Hacer una curva cerrada de día, no es lo mismo que hacerla de noche. Además recordad que conducíamos desde las 7 a.m., cuando subimos al Stelvio.

Hubo algunos cortes de carretera en el que tuvimos que sacar el mapa, el mapa literal porque el navegador te llevaba por esas carreteras cortadas. En el ritmo frenético para llegar a España lo antes posible, nos prometimos que si alguno tenía sueño pararíamos. Si te toca conducir mucho, no cenes, bebe agua, pero no ingieras alimentos. Además el sueño empieza a venirte poco a poco hasta que literalmente, te quedas dormido mientras conduces. Nunca dejes que eso pase, toma un café o descansa en un área de descanso. Lo más peligroso en la carretera es quedarse dormido y te aseguro, que si estás cansado y llevas kilómetros detrás lo harás si no paras a descansar.

Condujimos toda la noche, paramos una hora a descansar y echar una cabezada rápida. Lo cierto es que dentro de un Seat 127, no hay muchas comodidades. Conducir por la noche me gusta, pero me gusta si vas descansado. Cuando vas algo agotado, deseas que se haga de día.

Se hizo la luz, llegamos a España

Pasamos la frontera y estábamos en España justo cuando amaneció, paramos a tomar café y echar gasolina y creíamos que tras una noche dura, estaba ya chupado. Cuando haces muchos kilómetros, kilómetros duros como hago en Aventuras en Clásico, las distancias cambian. 500 o 600 km ya no son tantos, tened en cuenta que habríamos hecho más de 900. Pero, para guinda del pastel no fue fácil. Al llegar a España, entramos por Cataluña y justo en Cataluña y Aragón había una ola de calor. Aprovechamos todo lo que pudimos, ya que a partir de las 13 horas, el aire era fuego y los coches pasaban por un pelín la temperatura recomendada por el fabricante.

Mientras me asaba de calor, pensaba en una cosa graciosa. Esos nombres tan bonitos y sofisticados de los puertos de los Alpes y los Pirineos, y que justo donde más sufrimos tanto mental como mecánicamente era en La Perdiz, La Muela, Fraga, El Cavero.. Llegamos a Madrid a las 20 horas, exhaustos. Terminamos la aventura al Stelvio, cansados, sucios y llenos de mugre. Pero con la sensación, de que esos cinco días nos habían cambiado un poco. Fue una aventura real de esas que te hacen sentir más vivo. De hecho, tras la Aventura del Stelvio, vino la Aventura de Lourdes que podeis leer aquí.

Además el jueves nos vamos a Mónaco y Montecarlo a hacer tramos de rallye y a dar dos vueltas al mítico circuito de Formula 1. Te lo contaré aquí y en el instagram de Aventuras en Clásico.

Espero que esta aventura que he compartido con vosotros os guste. A mí me encantó hacerlo.