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De Madrid al Paso del Stelvio en Seat 127: Senna vive (6)

Óscar García | 1 Ago 2021
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Anteriormente, te contamos el viaje desde el Valle De Arán al hotel Quo Vadis, en el último artículo ya en Milán, quedamos con algunos componentes del Club 127 Italia, que montaron una pequeña concentración, fuimos al museo de Alfa Romeo, comimos en el Lago Como y llegamos a Bormio, donde Max fué nuestro anfitrión.

Penúltimo artículo sobre el viaje al Paso del Stelvio desde Madrid en un Seat 127 y un Renault 5. En este día, el cuarto, por fín subiriamos el Stelvio. Nos levantábamos a desayunar pensando en la subida al Stelvio, fue un proceso de sublimación que no nos esperábamos. Pasamos más de 30 horas conduciendo, fuimos por lugares con sol, frio, nieve, nos granizó, llovió y nos llegamos a quemar también con el aire en parte del recorrido. No imaginaríamos qué largo sería el día. De repente todo se aglutinó y se concentró. Sin darnos cuenta de que todo estaba llegado a su fin, pero que ese fin era el principio de toda una aventura de verdad. Es un día que recordaré siempre.

Fue una sensación tan profunda que no soy capaz de explicártelo con palabras. Quizá entre otras cosas porque entre los devaneos mentales, entre esa búsqueda en la paja se encuentra el peso de que este diario es un diario del motor y te debería estar hablando de subidas, revoluciones por minuto, ruedas chillando, potencia…Todo eso pasó. Pero si notas que me desvío del tema, tengamos nuestro tótem en mente “todo lo que lees, lo ha producido y se ha producido dentro de un coche”.

Arrancamos los motores para empezar la subida hacía el Stelvio en un día precioso. Empezamos pronto, a las 7:30, que es cuando más se disfruta el subir al Stelvio: no hay tantos ciclistas, ni motos ni coches. Nuestro amigo Max, nos organizó la subida en 3 partes y nos contaba la historia de la antigua cantina, de la parte que separa Suiza de Italia, del cómo sirvió como paso en la Guerra. Me hizo mucha gracia ver la cantidad de marmotas que por allí salían a saludarnos.

¿Qué es el Paso del Stelvio?

Es una concatenación de curvas, con paisajes preciosos, puentes, túneles, mientras subes ves que te acercas al cielo, empiezas lento y expectante, pero te anima que es un paso muy frecuentado por aficionados al mundo del motor y también al del ciclismo, de hecho, el Giro de Italia pasa por ahí y la cima tiene nombre de ciclista, tiene unos 23 km. Además de un paraje idílico para los cabezas gasolina, tiene una historia detrás, que siempre es un añadido. Batallas interminables entre la nieve, pasos en la primera Guerra Mundial, imperios Austro-Húngaro en pleno apogeo imperialista.

Por un momento solo escuchas el sonido del motor, mientras el paisaje se queda en forma de postales dentro de tu cabeza. Quizá lo único que despista de estas dos cosas, es que mientras subes, lo haces entre Lotus, Porsche, BMW y ciclistas cambiando sus campagnolo.


Al llegar a la cima, parece que estás en otro mundo. Se nota que sigues en Italia por esa forma tan flamante de aprovecharlo todo económicamente, en eso son únicos. Pegatinas, marmotas de peluche, bocadillos, camisetas, nadie escapa a esos puestos que ejercen una atracción tal que parecen pequeños agujeros negros. Nosotros obviamente nos llevamos los recuerdos del puesto de Max, que además tenía un pequeño podio muy gracioso donde nos hicimos una foto.

Nuestro plan era salir sobre las 9:30 dirección Madrid, pero que equivocábamos estábamos, andábamos tan abrumados por aquello, abrumados por la gesta, por el ambiente, creo que ninguno de los tres quería irse de allí, nos hubiéramos quedado otro día, pero entonces queridos lectores no sería una aventura, serían unas vacaciones. Nos tomamos un bocadillo de salchichas, ¡la salchicha más alta de Europa! exclamaban los simpáticos suizos. Y era cierto, gracioso y cierto. Nos sentó de maravilla, además creo que no aprovechamos debidamente el desayuno del hotel, cosa que Max si hizo de sobra.


A medida que se acercaba la media mañana, veíamos cada vez más movimiento. Menos mal que subimos pronto y pudimos disfrutar a nuestro aire de aquel maravilloso momento, pero llegaba la hora, eran las 11:30 y decidimos hacer camino hacia España. Nos abrazamos a Max, miramos alrededor una vez más y mientras nos íbamos supimos que aquel momento se quedaría para siempre en nuestra memoria.

Tu a Madrid yo a los Alpes.

José y su hija, por motivos laborales, tenían que tirar directos a Madrid lo más rápido posible. Yo, abrumado por la situación, decidí cumplir la promesa que había prometido, subir los dos puertos más altos pavimentados de los Alpes. Yo me dirigía al Col d l iseran, que no pudimos hacerlo a la ida.
Los primeros 50 km los hicimos juntos, después José tiró por autopista y yo seguí el plan. ¿Sabéis qué? Soy Acuario y dicen que tenemos una gran predicción, una gran intuición. En el fondo de mí, sabía que José me llamaría transcurridas unas horas para saber por donde íbamos, él se fue no muy convencido de no hacer también el Col d l iseran.


Por ese motivo fue una carrera para mí, sabía que me llamaría después de la hora de comer más o menos. Atravesé Milán con un calor que me hizo pensar en coger un hotel hasta que pasará el temporal, cuando lea esto José se reirá, porque saldrá a la luz el por qué en el momento de su llamada estábamos a tan solo media hora en uno del otro.
La primera parte de los Alpes, la subí fuerte, olía a neumático, el Seat 127 sudaba la gota gorda, le exigía. Hasta ese momento había conservado mecánica, pero durante unas horas se esforzó adelantando a coches que quedaban perplejos ¿es un clásico de competición?, no señor francés, es de serie, pero recordando una frase de Senna "Con el poder de tu mente, tu determinación, tu instinto y la experiencia, puedes volar muy alto"

Recordé aquellos buenos momentos que he tenido conduciendo motos y coches. Fíjate, un coche humilde de cuarenta y pocos caballos subiendo los Alpes, me lo pasé tan bien, que aquella hora de conducción al límite la recordaré por mucho tiempo. Seguro que entenderás esto, es esa sensación en la que eres parte del vehículo, no piensas en nada más, no ves nada más, eres una parte mecánica más del coche, sientes sus crujidos, te penetra el sonido hasta el hondo de tu ser, eres parte del coche tanto que no existe nada más a tu alrededor, dejas de ser un ser humano para convertirte en un elemento mecánico.

En ese momento, el coche hace genuflexiones a tus deseos, hace lo que tú quieres que haga, no hace extraños, no sientes peligro, solo control. Esa sensación de control absoluto sobre la máquina, es la quinta esencia de la conducción, es una droga que sabes que tendrás que volver a probar. Sin embargo, en un pequeño cuarto iluminado dentro de ti sabes perfectamente, que ese nirvana de conducción tenía su peligro. Son esos momentos en los que cuando se va el coche, no puedes hacer ya nada porque ha llegado absolutamente a su límite.

Hacía tiempo que no tenía ese chute de control, en coches, cuando probé un Porsche Boxter Black en un Mickey Mouse, haciendo mejor registro de todos los que se hicieron ese día. En motos, una de mis últimas carreras con la Husqvarna en el campeonato de Madrid de tramos cronometrados, hace ya bastante, pero me acuerdo de la sensación como si fuera ayer.

Me he ido por los cerros de Úbeda, lo sé, pero recuerda nuestro tótem. Total, que esa media hora/ 45 minutos se evaporaron y cogí a José y Sandra en los Alpes, tras llamarme y decirme (para mi alegría) que cambiaban el camino y se vendrían conmigo al pico más alto pavimentado de los Alpes, los encontré tumbados en un merendero. Paré a su lado, abrí el capó y ajusté el carburador un poco. Vamos José, estoy encendido.

Para convencer y coger a José no pare a comer (ellos sí). Hacía mucho calor por Milán y llevaba agua fría para mojarme la cara. Es por eso que solo me sacaban media hora yendo por autopistas. Logré el objetivo que intuía y logré que el Renault 5 se viniera de nuevo. No defraudará. Aunque por compañerismo, eso propició que desde aquella subida al Stelvio a las 7:30, nos tirásemos conduciendo por la noche y hasta llegar al día siguiente a las 20:30 a Madrid. Porque una vez subido al Col d l Iseran, que fue maravilloso, no pararemos hasta llegar a casa. Os puedo avanzar que mereció la pena, que fuimos por la mejor carretera del mundo para mí y hasta el momento. Prometo intentar mejorarla. Tienes algunas fotos en el Instagram de Aventuras en clásico.


El próximo capitulo será el último, subiremos el puerto más alto de los Alpes pavimentado, todo el mismo día desde que salimos del Stelvio, volveremos a Madrid sin dormir y sufriremos una ola de calor.

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