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Crónica de un accidente de tráfico anunciado

Óscar García | 23 May 2021
Seat 850 Terramar 2
Seat 850 Terramar 2

Querido lector, lo que se cuenta en este artículo se basa en hechos reales. Con este relato de un gran accidente, en un 850 como el de la foto, se pretende, sobre todo, que no tomemos la conducción de una forma autómata, despistada. En unos segundos, nos puede cambiar la vida. Quizá este relato no sea para cualquiera. Pueda herir sensibilidades, resultar frívolo o innecesario. Pero es el relato de un recién accidentado, que pretende evitar que nos confiemos al volante y sin miedo, pero con respeto, pensemos lo que nos jugamos cada vez que miramos el móvil, vamos más rápido de lo debido, o no prestamos la atención necesaria.

Antecedentes de un accidente de tráfico

El viernes 5 de Febrero, arranqué mi Seat 850 especial lujo. De Marqués de Vadillo me dirigía a Ventorro del Cano para cambiar un coche por otro en un garaje que allí tenía. Serían las ocho de la tarde, no había mucho tráfico. Aún teníamos toque de queda. Escuchaba una cinta de Gabinete Caligari, camino Soria creo recordar.

Entro en la rotonda, llegando a la Ciudad Financiera, era la última rotonda antes de entrar a la calle donde tengo el garaje. Siempre doy intermitentes, no había nadie, pero es la costumbre. No solo por seguridad, sino por cortesía a otros conductores. Justo, cuando estaba a 3 segundos para salir de la rotonda, atisbo por el rabillo del ojo dos luces acercándose muy rápido, estaría a 2 metros. Resulta curioso como trabaja tu cerebro en momentos críticos. Se convierte en el ordenador más rápido del mundo.

Antes de la colisión pensé sobre todo dos cosas. La rabia que me daba, estaba casi fuera de la ronda ya, dos segundos y no me pilla. Y sobre todo, me preparaba para el dolor, sabía que por la velocidad a la que venía y el coche que llevaba que me haría daño.

El Golpe, el sonido que recordarás siempre

No escuché frenos del contrario, no me vio, iría tan despistado que me golpeó como si no hubiera nada más que aire. El golpe, el sonido, se te queda grabado en el disco duro, seco, metálico, tenebroso, noté un frio cuchillo en mi hombro, no sé si me llegó a dar algo del coche porque el asiento del copiloto, casi se me mete en la boca. La colisión fue por el lateral del copiloto. Después del duro golpe, doy varias vueltas, creo que dos, como si fuera un aspa de ventilador. Doy contra un guardarraíl y del rebote, donde ya había perdido la consciencia y era un mero objeto en el coche, me fui contra el guardarrail contrario. Mucho más despacio, pero no pude ni frenar, tan solo deseaba que se parara el coche con el impacto y así hizo. El coche se acercaba al guardarrail que lo pararía ranqueante, abollado, con un sonido de motor extraño, cojeando.

Me faltó la respiración durante unos segundos y me encontraba muy dolorido, pegaba algún alarido de dolor. Hace varios años, corría en moto y alguna caída grande tuve. Eso te prepara, hace que no te asustes demasiado, pero los accidentes de tráfico en carretera son otra cosa. Mucho más violentos. Tuvieron que abrirme la puerta, saqué los pies, y bajé la cabeza, estaba muy mareado. Tanto el chico que me golpeó con un vehículo familiar, un Volvo, y otra persona que paró a ayudar estaban muy nerviosos. Claro, yo no estaba viendo el coche, no tenía esa perspectiva de 360 grados que lo cierto, asustaba. No vi como quedó el 850, lo vi hasta que se publicaron unas fotos en una página de Facebook, y cuando fui a recogerlo, que me estremeció, pude comprobar mejor la magnitud del accidente. Qué suerte...

>Cogí mi móvil y llamé a mi mujer, lo primero para que no se preocupara, vi el futuro inmediato y el más cercano era que seguro me llevarían al hospital. Tenia miedo de que me metiesen en urgencias y no aparer por la noche y que ella se preocupara. Me dijo que si había bebido, y es que la voz después de un accidente, en fin, te cuesta hablar. Terminamos la conversación y llamé a la policía. El operador me preguntaba muchas cosas, no era consciente de que me habían dado un golpe de tal calibre, que más tarde declararían el coche siniestro total y me dejaría una cicatriz de 17 centímetros tras la rotura de clavicula. 

En esos momentos estas solo y sólo esperas a que vengan rápido a por tí, te da igual el coche y tus pertenencias. Vino el Samur primero, recuerdo que me trataron con tanto amor y profesionalidad, fué alucinante. En la ambulancia casi me desvanezco un par de veces. Viene la policia, estoy consciente, tampoco hacen muchas preguntas y me llevan al hospital. En el hospital me dicen que tengo la clavicula rota, que las curas las tengo que hacer en el hospital que me corresponda. En fin, que a las cuatro de la mañana o así, casi sin poder moverme de dolor, viene mi amigo Jose a recogerme y llevarme a casa.

El después del accidente

Los accidentes de tráfico son complejos. No los cubre la seguridad social, no los cubre tu seguro de salud, lo cubre tu seguro del coche o el del contrario. Y es fastidioso esperar, hasta que sepan, quien se hace cargo de la factura. Pero esto, no lo sabes hasta que te lo dicen o te pasa algo así. El 7 de Febrero fue mi cumpleaños, 36 años, que deciros, me hicieron una bonita sorpresa de cumpleaños que comparto con vosotros. Fue emocionante. Mil gracias a todos. Por muy duro que seas, se agradecen las muestras de cariño. 

Me operaron a los 4 días, la operación fue complicada porque se astilló mucho el hueso. Fueron 3 horas de intervención. Sin duda, para los que habéis pasado por quirófano, aunque te duermen del todo, es un calvario. Al salir de la operación, me faltaba oxigeno. Además ya sabéis que siempre recorre la cabeza el tema de la pandemia. Fueron muy malos días. Durante casi dos meses, no pude dormir, me costaba horrores acostarme, levantarme y para colmo, un par de veces recordé aquel sonido del impacto que os he relatado en un sueño, me desperté asustado y dolorido por el espasmódico movimiento de defensa, lo soñé tan real, que fue como si hubiera retrocedido al 5 de Febrero. 

Esto te cambia, claro, te cambia. Recuerdo una llamada de mi padre, cuando me dijo, menos mal que ibas solo...me puse a sollozar, colgué el teléfono, le escribí por whatsapp; perdona por colgar, me imaginé que ese día llevaba a María (mi hija) dentro. Es cierto, si alguien hubiese ido conmigo al lado, seguramente el o ella no lo habría contado. Y quien suele ir conmigo al lado, suelen ser mi mujer o mi hija. Que afortunado soy, para lo que pudo haber pasado. A día de hoy, sigo sin poder mover bien el hombro, estoy yendo a rehabilitación. Me pagaron el coche, quien colisionó conmigo se saltó deliberadamente un ceda el paso, lo han declarado siniestro total, pero yo no he querido llevarlo al desguace. No sé como, intentaré arreglarlo como sea. Considero, que tuvo parte de la culpa para estar yo aquí. La chapa aguantó, como si quisiera protegerme, el nervio central supuso una defensa numantina inexpugnable.  Ha sido duro, pero me queda en el paladar una voz agrietada que me dice, que pudo ser mucho peor. Si llega a ir alguien conmigo, se hubiera mascado la tragedia, no escribiría esta crónica, porque no hubiera visto las orejas al lobo, el lobo, me habría devorado.

Cada vez que miro mi cicatriz, recuerdo algunos momentos de aquel suceso. Sin duda, he ganado algunas cosas, como ser todavía más cauto y responsable al volante. Si te gusta el mundo del motor, alguna vez, has hecho alguna tontería con el coche o la moto. Yo algunas veces me he despistado, he cogido una curva un poco rápido.. No eres consciente de que juegas unas papeletas a una lotería funesta. Que no solo te puedes hacer daño tú, puedes arruinar la vida de otra persona. Soy alguien feliz, me tocó a mí y dentro de lo malo, aquí estoy, contándotelo por si te sirve de reflexión. Pero, no paro de pensarlo, el golpe hubiera matado al acompañante y a mí me hubiera destrozado la vida.

Un chaval joven, que venía de jugar al padel, seguramente viendo el móvil antes de entrar en una rotonda me embistió. El coche y el seguro, estaban a nombre de su padre, que vino al lugar del accidente. Yo casi que le decía aquel día, que eran gajes del oficio y que la carretera a veces, es peligrosa, nos podemos despistar, una llamada, un mensaje. Pero cuando pienso que mi hija podría haber estado en el asiento de al lado, ya no le recuerdo con tanta paz e indulgencia. Un mensaje de whatsapp no merece, arruinar tu vida o la de otra persona. Cuando os pegáis demasiado al de delante para que se quite del carril, cuando vas demasiado rápido, con demasiada gente, cuando vas viendo el whatsapp, cuando no miras en un ceda, en un stop, vas jugando con cosas demasiado importantes. No merece la pena hacerlo. Vale que podemos cometer fallos, pero que no sean por esas cosas que podemos dejar de hacer. 

La reflexión de un accidentado de tráfico

La vida es muy valiosa y a veces nos la jugamos a las cartas. Parece un tópico, no te das cuenta hasta que te pasa. No es necesario, nada es tan importante como volver a casa sano y salvo. Si nunca has tenido un accidente, por favor no te confíes, sigue haciendo un buen trabajo. Antes decía lo de los intermitentes, déjate ver, ponlos, deja distancia de seguridad, mira bien en las rotondas, no mires el móvil cuando estás conduciendo, respeta la vida de los demás. ¿Quieres correr mucho? métete a un circuito. Tienes tandas, copas monomarca, no hace falta tener al equipo Williams detrás para correr en un circuito. Compra un Kart, las sensaciones de un Kart de dos tiempos no te las da ningún coche del mercado. Es relativamente barato quitarse el gusanillo de la velocidad. No te pongas en peligro, ni pongas en peligro a los demás.

El destino es a veces cruel. Si yo hubiera tardado cinco segundos más en salir del garaje, un semáforo, unas palabras de más, el ocho y medio tarda en arrancar, una llamada antes de salir, yo, no te estaría escribiendo esto. Pero sobre todo, si quien me dió el golpe, hubiera ido menos rápido en esa zona y hubiera ido atento, seguramente, tampoco estaría escribiendo estas letras. Sobretodo, depende de cada uno de nosotros una vez al volante. Espero que te sirva mi experiencia. Espero que ayude a concienciar aunque sea un poco, de lo poco que vale la pena ponernos en riesgo a nosotros y a gente que no conocemos.