El futuro que pinta Interstellar será una realidad: drones y tractores autónomos para exprimir el campo

Esteban Viso @estebano

En el cercano 2050, más de 9.000 millones de seres humanos poblarán la Tierra. Alimentar a semejante cantidad de bocas requerirá aumentar la producción de alimentos a nivel mundial por encima del 34%, y eso significa que todos los procesos de producción han de ser no solo mucho más eficientes, sino que además el resto de puntos de la cadena de distribución deben ser afinados como el reloj más preciso del mundo: nada se puede desperdiciar, y por tanto hemos de aprovechar hasta el último gramo de alimento producido. Lo mejor es que, a día de hoy, no sabemos si seremos capaces de producir tal cantidad de alimentos.

La otra alternativa, muy de moda últimamente, sería introducir insectos en nuestra dieta, pero la realidad no es tan bonita como la pintaban los insectívoros de 2015: en pocas palabras, si queremos comer grillos a gran escala, vamos a tener que alimentarlos y eso ya no es tan sostenible como pedir un cucurucho de chapulines en un puesto cualquiera de un mercado mexicano.

Los insectos salvajes, criados en libertad y alimentados de basura y desechos no alcanzan apenas el tamaño óptimo para la recolección. Sigue siendo mejor dedicarse al engorde del pollo y al cultivo para consumo humano, así que la principal clave para alimentar al mundo pasa por perfeccionar la agricultura hasta límites insospechados..

La agricultura de precisión es la solución

La agricultura de precisión no es algo nuevo. Se inició en la década de 1980 en los Estados Unidos y es un concepto de gestión agrícola que se basa en la observación, medición y respuesta a la variabilidad de los cultivos en el campo. Por simplificarlo de alguna manera, es un sistema de gestión que intenta optimizar los recursos en cada punto de cada parcela, y en teoría se podría llegar a tratar cada planta por separado, de manera individual y optimizando el riego, fertilizante y cualquier otra variable que afecte a su crecimiento y a su rendimiento. Lo mejor de todo es que conl a tecnología actual podemos ser tan precisos como queramos, a nivel de tomar decisiones semilla a semilla, incluso.

Imagen de Daedelus, de la NASA (año 2001)

Hoy en día es posible recopilar de datos en tiempo real sobre el clima y el suelo, la calidad del aire, el estado de madurez o el punto de crecimiento del cultivo, saber si disponemos de mano de obra accesible o equipo especial para determinadas tareas, y toda esa información bruta se puede procesar y analizar, lo que nos lleva a la posibilidad de realizar análisis predictivo sobre el terreno y tomar decisiones inteligentes sobre el siguiente paso a dar en los cultivos. Hoy disponemos de satélites, sensores, conocemos el Big Data y sabemos cómo procesar ingentes cantidades de datos para efectuar predicciones.

Gracias a la tecnología GPS (Global Positioning System) y GIS (Geographical Information System), podemos conocer al detalle las necesidades de riego de cualquier punto de nuestra plantación; podemos saber si las semillas están creciendo al ritmo esperado o si existen diferentes ritmos de crecimiento según las coordenadas que consideramos; podemos detectar qué concentración exacta de fertilizante debemos aplicar en según qué zona, o cómo evolucionan las plagas y cómo combatirlas. Podemos poner sensores aquí y allá y programar máquinas de riego autónomas; es posible programar tractores y manejar drones para atender y vigilar el campo.

Ya es posible disponer de mucha información sobre el terreno que luego sirve para tomar decisiones según factores como, por ejemplo, el tiempo atmosférico actual y el que tendremos a corto plazo en esa misma zona. IBM trabaja en un proyecto denominado Deep Thunder que intenta ofrecer a los agricultores predicciones muy precisas acerca del tiempo atmosférico. Esto es crítico para un agricultor, porque el 90% del cultivo que se pierde lo hace debido al mal tiempo, y utilizando modelado predictivo del mismo se podría salvar un 25% de aquéllos cultivos.

El tiempo atmosférico también afecta a otros puntos importantes como es el transporte o la irrigación: si un agricultor sabe exactamente cuándo va a llover, y dónde, podrá ahorrar agua en concepto de riego. Imagina que en tu parcela tienes que regar hoy, pero resulta que mañana va a llover durante todo el día: ¿no sería genial ahorrarte el agua de hoy y simplemente esperar a mañana?

Saber exactamente el estado de cada planta de una parcela agrícola y conocer el tiempo atmosférico con elevada precisión son dos claves para lograr el objetivo que persigue la agricultura de precisión: optimizar el campo y maximizar la eficiencia de los cultivos. Sin embargo, hace falta algo más para llevarlo a la práctica, y los sensores instalados en el campo, sumados a las informaciones de GPS y GIS no serían nada sin las herramientas adecuadas.

Drones agrícolas y tractores autónomos

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Interstellar es una de mis películas favoritas más recientes, y una de las razones es que, precisamente, ilustra un futuro en el que la agricultura es un elemento crítico para la supervivencia de la Humanidad, dadas las necesidades de alimentación tan exigentes. Hoy en día la agricultura ya es una actividad imprescindible para la supervivencia, y bastaría con que algo perjudicase lo suficiente a los cultivos y, por ello, proporcionase un pequeño porcentaje menos de cereales, por ejemplo, para tener serios problemas de abastecimiento.

En Interstellar, ellos tienen un grave problema, y es que los cultivos enferman y se están quedando sin recursos: los humanos tienen los días contados. Por poner un ejemplo similar en nuestra historia como humanos, en Mesopotamia, hace más de 4.000 años, el declive de la agricultura por culpa de la toxicidad de sus suelos, provocada a su vez por el crecimiento de la propia agricultura, pudo contribuir al fin de una de las civilizaciones más importantes de la Antigüedad.

Lo realmente inspirador de la película es que Coop, el granjero ex-piloto protagonista, dispone en su granja de toda una flota de tractores y máquinas autónomas que le permiten optimizar el rendimiento de sus tierras. Esto no es ciencia ficción, y de hecho ya existen prototipos similares, quizás más simples en su desarrollo, pero que seguro que te suenan. ¿Recuerdas a Matthew Reimer? Es el granjero canadiense que programó su propio tractor autónomo, que saltó a todas las portadas el pasado verano. Esta tecnología ya existe y es posible aplicarla al campo, y para muestra, este vídeo.

Quizás lo más vistoso que encontramos en tecnología aplicada a la agricultura son los drones. Existen decenas de empresas dedicadas a la producción y venta de drones específicos para realizar diversas tareas en campos y granjas, y de hecho es un mercado en auge que promete generar hasta 100.000 puestos de trabajo solo en los Estados Unidos en los próximos diez años.

Las ventajas de los drones son muchas: maniobrabilidad y flexibilidad, rapidez de movimientos y la capacidad de transportar los más diversos equipamientos de medida, que van desde las simples cámaras de vídeo HD (estilo GoPro) hasta sistemas más complejos como sensores que incluyen imágenes térmicas, estereoscópicas y NDVI multiespectral, como los drones que comercializa la empresa AgDrone.

Para los tractores y otra maquinaria autónoma existe un sistema llamado Navigation Geographic Information Systems  (NGIS) que proporciona al vehículo la capacidad de mostrar un mapa del entorno, planificar las rutas, control de navegación, un sistema de análisis de sensores, posicionamiento de precisión y la comunicación de datos. Esta es tecnología real y en funcionamiento, y las ventajas de su uso son evidentes. Tanto en el caso de los drones como en el caso del resto de maquinaria autónoma, la eficiencia es la clave de todo.

Drones para agricultura y granjas

Desplazar un dron para que haga un barrido de la parcela y nos permita acceder a los datos desde nuestra tablet significa ahorro de combustible y el disponer en tiempo real de toda la información que deseemos; delegar las tareas tediosas, repetitivas o relativamente simples como el riego implica que el agricultor puede dedicar su tiempo a tareas de mayor valor, que es exactamente para lo que sirve la tecnología.

En España existen ya muchas iniciativas y empresas que acercan la tecnología al campo, y una de las más relevantes puede ser Orizont, una aceleradora de empresas del sector agroalimentario en Navarra, que ha favorecido el crecimiento de empresas como, por ejemplo, Fuvex Agro (comercializa drones para agricultura), o BioAgro, que dispone de un sistema de monitorización de las principales variables que afectan al agricultor.

No cabe duda de que el universo de los drones para agricultura y de los vehículos agrícolas autónomos no ha hecho más que nacer, y que queda mucho camino por delante, pero ahora más que nunca, la tecnología está del lado del campo y del agricultor, y cualquier idea, iniciativa e investigación sobre cómo sacar más rendimiento al campo a través de la tecnología solo puede redundar en, primero, beneficio para el agricultor; y segundo, para beneficio de todos al disponer de producciones más eficientes y con costes más controlados.

Hoy en día no tendremos colonias en Marte, pero podemos automatizar nuestras granjas y campos para sacarles mucho más rendimiento.

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