Las listas nos vuelven locos (y nos hacen sentir seguros)

Esteban Viso @estebano

Hacemos listas de todo tipo y para todas las situaciones posibles: de la compra, de los pros y contras, de tareas pendientes, de sueños, de deudas, de destinos para las vacaciones, de regalos para Navidad. Nos gusta leer listas creadas por otros para conocer las «27 formas baratas de transformar una camiseta», o las «10 lecciones de vida para sobresalir en tu treintena» (no las leo porque no habré cumplido ninguna todavía).

Las listas nos hacen sentir seguros y, a la vez, nos entretienen porque ¿quién no ha estado pendiente de las listas de éxitos musicales, o del ranking de mejores películas del año, o del top fiascos de los famosos?. ¿Por qué una lista es una garantía de éxito?

Hacer listas es sano para nuestro cerebro porque nos ayudan a racionalizar la inmensa cantidad de información que recibimos cada día, pero en absoluto es algo reciente. Como humanos, hacemos listas desde tiempos inmemoriales, y la primera de ellas que se conserva (que no quiere decir que sea la primera lista) se la encontraron los arqueólogos tallada en piedra, con una fecha estimada de en torno a 3.200 a.C.

Las listas nos proporcionan orden, y el orden siempre tiene una lógica. Claro está, hay listas que nos parecen un batiburrillo de cosas sin sentido, pero todas tienen algo en común: están ordenadas, porque cada elemento se escribe antes del siguiente (salvo el último), y después del primero (salvo el primer elemento). No hace falta numerar una lista para sentir el orden fluyendo desde el papel o la pantalla (o la palma de la mano).

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Cuando organizamos pensamientos en forma de lista, los convertimos en algo más: podemos transmutar pensamientos mundanos, ordinarios, en enumeraciones brutales que nos tocan la fibra; podemos dejar por escrito una serie de argumentos con vocación aspiracional que reflejan los deseos que tenemos y que queremos hacer («Las 100 películas que debes ver sí o sí del siglo XXI», ¿de verdad hay tantas?; «40 destinos asequibles para viajar en familia», por opciones que no quede; «77 formas de incrementar tu productividad», probablemente la forma número 0 sería no leer esa lista).

Por otro lado, las listas despiertan en nosotros una irritante sensación de que no vamos a ser capaces de terminar nada, o más bien de que tenemos muchas cosas que hacer y apenas nada completo. Al hecho de recordar antes las tareas por terminar que las terminadas se le denomina efecto Zeigarnik. Esto es muy curioso porque en el trabajo (y puede que en la vida) tendemos a creernos multitarea, aunque es más una creencia que una realidad porque nuestro cerebro no es capaz de realizar varias cosas de forma simultánea, pero sí es capaz de cambiar de tarea muy rápido.

Esa pretendida multitarea nos da una ilusión de que estamos abarcando mucho y tenemos gran capacidad, pero en realidad lo que conseguimos es haber avanzado algo en muchas tareas, pero no haber completado nada, y gracias al efecto Zeigarnik, recordaremos primero lo mucho que tenemos por delante, y nos agobiaremos.

A veces, la mejor forma de aumentar la productividad es hacer las cosas una a una, y no comenzar una nueva tarea hasta haber completado la anterior. En el lenguaje de las listas, no puedes pasar al punto siguiente antes de haber completado el actual. Y sin embargo, lo hacemos.

Las listas nos permiten lidiar con la infoxicación

En la internet actual nos enfrentamos a una cantidad de información tan inmensa, y a una cantidad de fuentes de información tan enorme que caemos en una situación curiosa: perdemos capacidad de decisión a medida que aumentan nuestras posibles elecciones (en este caso de informarnos). A este fenómeno se le llama ‘paradoja de la elección’ y es algo bastante interesante.

Si solo disponemos de dos o tres posibles elecciones para informarnos, elegiremos enseguida; si dejamos que aumente ese número de posibles lugares donde informarnos iremos perdiendo perspectiva, y no seremos capaces de elegir unos pocos, o uno solo, porque enseguida pensaremos si no será mejor otra elección que la que hemos hecho.

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En definitiva, nos volveremos incapaces de decidir con criterio. Ante tanta cantidad de información desorganizada, que es lo que es internet a día de hoy, muchos se sienten más seguros consumiendo contenidos bien organizados en pequeñas dosis asumibles, que son los puntos de una lista. «70 formas de hacer a los demás sentirse especial», ¿por qué no?

Lists of Note, el libro que es una lista de listas

Esta metalista es una gran fuente de curiosidades, pues su autor, Shaun Usher, se ha tomado su tiempo para elaborar el libro completo. «Lists of Note» es un libro de listas, y contiene 125 de las más curiosas que ha encontrado su autor (que sigue recopilando documentos y, seguramente, preparará otro libro al respecto). En él podemos encontrar listas de lo más variopinto, por ejemplo:

  • La lista de pros y contras de contraer matrimonio de Charles Darwin (muy claro no lo tenías, campeón).
  • La lista de objeciones que el propio padre de Darwin le ponía a su viaje (eran muy de listas).
  • La lista de cosas importantes que hacer de Johnny Cash (entre otras cosas, besar a June y a nadie más, o no escribir más notas).
  • La lista de requisitos que ponía Einstein a su esposa para seguir casados, como por ejemplo no esperar relaciones íntimas por su parte (¡glups!).
  • La lista de la compra de Michelangelo, que está dibujada para que su sirviente, seguramente analfabeto o casi, entendiese bien qué quería, y qué cantidad (un genio, sin duda. Miguel Ángel, quiero decir).
  • La lista de probables asesinos de JFK, escrita por su secretaria Evelyn Lincoln.

Las listas de propósitos, las que menos cumplimos

Cada diciembre se convierte en el mes de las listas de propósitos, el mes en el que todo el mundo hace su propia lista de cosas que conseguir el año que empezará, y las intenciones van desde dejar de fumar o bebes menos, hacer más deporte y comer mejor, ser mejor persona y pasar más tiempo con la familia, o cosas más prácticas como eliminar las deudas y ahorrar algo de dinero, aprender algo nuevo… Normalmente esos propósitos no se cumplen, la vida es así.

Aunque no se cumplan, esas listas nos hacen sentir mejor y tener un objetivo a corto plazo (un año), pero todas cometen el mismo error: el plazo es objetivamente corto, pero debería serlo más y tendríamos que hacer listas de propósitos para cada mes, o cada semana.

Las 7 razones de peso por las que nos gustan las listas

  1. Son predecibles en su forma, y suelen cumplir lo que prometen así que nos sentimos cómodos con ellas.
  2. Es muy difícil resistir la tentación de curiosear en las listas.
  3. Además siempre contienen algo que criticar, o siempre pensamos que le falta algo.
  4. Para nuestro cerebro son un invento muy cómodo: no necesitamos pensar mucho.
  5. Tendemos a pensar que no necesitamos leer otra cosa.
  6. Podemos pasar de un punto a otro muy rápido, lo que nos da la sensación de procesar muchísima información.
  7. Si haces una lista, nadie espera que escribas un último párrafo memorable.

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