Los faros amarillos y teclado AZERTY, los grandes fiascos de la ‘grandeur’ francesa

Jose Mendiola @jose_mendiola

Los que hemos viajado con frecuencia a Francia (y de hecho, vivido en aquel país durante un tiempo), conocemos mejor que nadie la defensa de los suyo que ejerce nuestro país vecino en todo momento, y que alcanza a todas las escalas de la población. Esta defensa se materializa en términos que ya conocemos como el chauvinismo o también la conocida como grandeur.

Pues bien, esta defensa de lo suyo ha propiciado que en no pocas ocasiones, los franceses adoptaran sistemas diferentes a los establecidos en el resto del planeta, y se trata de una medida que, por lo general, ha puesto en no pocos bretes a la industria y el propio usuario. En este sentido, lo último que hemos sabido, es que las autoridades galas quieren terminar con el teclado AZERTY, estándar en aquel país.

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El AZERTY, fuente de errores

Uno de los factores que los franceses adoptaron unilateralmente y sin contar con el resto del planeta fue el teclado, primero en las máquinas de escribir, y luego en los ordenadores. Los orígenes de esta decisión están un poco difusos aunque algunos lo sitúan a finales del siglo XIX y como una alternativa al QWERTY, extendido ya por aquel entonces como norma en los países de habla inglesa.

La defensa a ultranza del país vecino de esta distribución de las teclas no ha parado de generar problemas, sobre todo al no existir una norma que regule la ubicación de las mismas, y que deja a la elección de los fabricantes de teclados la colocación de algunos caracteres, como la arroba. En este sentido, el Ministerio de Cultura de aquel país ha activado las alarmas al contemplar un deterioro en la forma de redactar, en especial por parte de los más jóvenes.

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Normalizar la extravagancia

Sin embargo, si alguien está pensando que Francia va a abrazarse por fin al QWERTY, el estándar más extendido del planeta, podría llevarse una sorpresa, puesto que las autoridades francesas lo único que han solicitado a la Asociación Francesa de Normalización (AFNOR) es que se normalice la distribución del teclado de forma que los fabricantes deban ceñirse a ella.

Es decir, que Francia podría seguir utilizando su propia distribución, AZERTY, aunque también cabe la posibilidad de que se aproveche la coyuntura para acercar la disposición de las teclas a los estándares del resto del globo. Aunque el asunto podría ser todavía peor, puesto que otra opción que se baraja es adoptar BEPO, un tercer formato completamente diferente a los dos anteriores.

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…Y también los faros amarillos

Pero lo del teclado es sólo uno de los formatos o decisiones que nuestros vecinos han adoptado de espaldas al resto del mundo. Los que circularan por las carreteras francesas en la década de los ochenta y con anterioridad, recordarán que los coches franceses empleaban un haz de luz amarillo en sus faros, siendo el único país del mundo que obligaba su instalación a los fabricantes hasta el año 1993.

Tuvo que ser la Unión Europea la que obligó a las autoridades galas a seguir las directivas comunitarias, estandarizando el uso de los faros para todo el continente. Sobre el origen de esta decisión, hay varias teorías: una militar, para diferenciar los coches franceses de los alemanes en la Segunda Guerra Mundial, y otra científica, que sostenía que este tipo de luz iluminaba mejor y generaba menos destellos.

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Las 35 horas semanales

Francia también se arriesgó jugando su propia partida en un asunto mucho más complejo y espinoso: la legislación en torno a la jornada laboral. En febrero del año 2000, el gobierno de Lionel Jospin tomó una decisión única en el mundo: limitar el número máximo de horas trabajadas en las empresas a 35 a la semana. Con un doble objetivo: estimular la contratación de más personal por parte de las empresas (para cubrir el déficit de horas) y ayudar en la conciliación familiar de los empleados.

El resto del mundo contempló conteniendo el aliento esta arriesgada decisión, y con el paso de los años parece que el consenso de que fue equivocada se ha extendido. La tasa de paro de Francia duplica a la alemana y los costes laborales de las empresas se han disparado, poniendo en jaque su competitividad en un mercado común, el europeo, donde no existe esta limitación.

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