Leí hace tiempo lo siguiente: ser rico en un país bien gobernado es motivo de orgullo, ser rico en un país mal gobernado es motivo de vergüenza. En esta crisis en la que el poder político ha ido perdiendo peso respecto al poder financiero, podemos simplificar directamente con país rico y país pobre.
En esta situación los criterios del lujo y lo socialmente aceptable cambian. El señor que, contra todo pronóstico, posee un Maserati en un barrio donde es el único, lo habrá ganado de forma honrada (o no) hace tres años o ahora. Sin embargo los ojos con los que lo miramos no son los mismos.

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