En 1958 Phil Hill, a bordo de un Ferrari, se convertía en el primer estadounidense en ganar las 24 horas de Le Mans, e iniciaba para la marca italiana una racha de 6 victorias en 7 ediciones. Ese año la CBS comenzaba a emitir en Estados Unidos “Wanted: dead or alive” (Randall el justiciero), protagonizada por un joven actor, Steve McQueen. El éxito de la serie no sólo lanzó su carrera como actor: con los grandes ingresos que obtuvo compró en pocos meses un Porsche 356 Super Speedster y un fascinante y raro Jaguar XKSS. Steve amaba los coches tanto como el cine. Su pasión por las carreras era tan fuerte que cuando en 1962 BMC le ofreció correr como piloto profesional, estuvo a punto de aceptar cansado de esperar “la gran película”. Era cuestión de tiempo que ambas pasiones se encontrasen, y se encontraron en la eternidad de “Le Mans”. Esta es una visita mitómana a una película tan irracional como una carrera que desafía a las agujas del reloj.

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