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Por qué siempre será tu culpa si golpeas a otro coche por detrás

Accidente Alcance Culpa

Durante nuestra vida, si conducimos habitualmente, tenemos más posibilidades de sufrir un accidente que de no hacerlo. Con fortuna, no será un accidente grave, pero nadie nos exime de ser los culpables o las víctimas. Uno de los tipos de accidente más comunes es el accidente por alcance, el "golpe por detrás" de siempre. Un tipo de accidente causado por frenazos o despistes, y que puede tener consecuencias graves como latigazos cervicales para sus víctimas. En este artículo te explicamos por qué siempre será tu culpa si golpeas a otro coche por detrás.

¿Qué es un accidente por alcance?

Un accidente por alcance se da cuando un vehículo golpea por detrás a otro vehículo. La colisión por alcance suele darse cuando el primer vehículo frena bruscamente, a causa de una retención o un imprevisto en la calzada. En esa situación, el vehículo que le sigue no tiene tiempo para frenar, o está distraído y de nuevo, carece de margen para detenerse. El resultado es un impacto que puede ir de un golpe leve a un impacto grave. La secuela más peligrosa es el latigazo cervical, una lesión que puede dejar secuelas de por vida al ocupante del coche que recibe el golpe.

Los accidentes por alcance son muy peligrosos, especialmente para la persona que recibe el impacto.

La problemática de los accidentes en cadena y el alcance por lanzamiento - un coche impacta contra nosotros, y el golpe nos hace impactar con el vehículo que tenemos delante - lo estudiaremos en otro artículo.

¿Quién es el culpable en un accidente por alcance?

Haya ocurrido de la forma en que haya ocurrido, en un accidente por alcance común, el culpable siempre será el coche que impacta por detrás con el otro vehículo. ¿Por qué? Porque la ley obliga a mantener una distancia de seguridad mínima con cualquier vehículo que nos precede. Una distancia que nos permita detenernos con seguridad en caso de que ese coche frene de forma súbita. Esta distancia de seguridad es variable, y debe adaptarse a - entre otros factores - nuestra velocidad, la capacidad de frenada de nuestro vehículo y el estado del firme.

El Artículo 54 del Reglamento General de Circulación es meridiano al respecto:

Todo conductor de un vehículo que circule detrás de otro deberá dejar entre ambos un espacio libre que le permita detenerse, en caso de frenado brusco, sin colisionar con él, teniendo en cuenta especialmente la velocidad y las condiciones de adherencia y frenado.

Por otra parte, si el vehículo al que seguimos frena bruscamente, debe tener un motivo para hacerlo. Debe darse una situación de peligro inminente, que le obligue a realizar una frenada brusca. Esta situación de peligro inminente suele estar causada por la naturaleza del tráfico en prácticamente todos los casos.

El Artículo 53 del Reglamento General de Circulación contempla la situación:

Salvo en caso de inminente peligro, todo conductor, para reducir considerablemente la velocidad de su vehículo, deberá cerciorarse de que puede hacerlo sin riesgo para otros conductores y estará obligado a advertirlo previamente del modo previsto en el artículo 109, sin que pueda realizarlo de forma brusca, para que no produzca riesgo de colisión con los vehículos que circulan detrás del suyo.

En cualquier caso, el seguro, en la práctica totalidad de circunstancias, considerará como culpable al vehículo con los daños en su parte frontal. Y es lógico: aunque el vehículo al que seguimos haga una frenada brusca sin motivo o intencionada, es el vehículo que circula detrás es el que está obligado a mantener la distancia de seguridad adecuada. Solo en condiciones excepcionales y demostrables - un agente de la ley ha visto el accidente - la culpabilidad, y por tanto la indemnización podría ser compartida, o incluso del primer vehículo.