El acero es uno de los pilares invisibles sobre los que se sostiene Europa. Está en el chasis de tu coche, en los raíles del tren, en los puentes, en los edificios y en buena parte de la infraestructura energética. Pero también es uno de los grandes responsables de emisiones industriales de CO₂. Y ahí es donde entra en juego el nuevo horno eléctrico de la planta de Dunkerque, propiedad de ArcelorMittal.
La mayor acería de Francia, históricamente señalada como el mayor foco industrial de contaminación del país, quiere convertirse ahora en símbolo de la transición climática europea. El cambio no es cosmético: supone abandonar progresivamente el carbón como base del proceso siderúrgico y apostar por electricidad —con contratos atractivos y especialmente de origen nuclear— para fundir chatarra metálica y transformarla en acero de alta calidad.
El mensaje político es claro. Para el Gobierno francés, este proyecto no solo es medioambiental: es estratégico. Se trata de preservar empleo, reforzar la soberanía industrial europea y blindar sectores clave como la automoción, la aeronáutica o el ferroviario frente a la competencia global.
Cómo funciona un horno eléctrico y por qué cambia las reglas del juego
- Frente al alto horno tradicional (carbón y coque), el horno eléctrico funde chatarra con electricidad y reduce drásticamente las emisiones.
- Es una apuesta de economía circular: el acero vuelve al ciclo productivo a partir de vehículos, motores y residuos metálicos.
El método tradicional de producción de acero en altos hornos depende del coque de carbón para reducir el mineral de hierro. Es un proceso intensivo en carbono, con enormes emisiones de CO₂ asociadas.
El horno eléctrico funciona de otra forma: utiliza electricidad para generar un arco que funde chatarra metálica, permitiendo reciclar acero procedente de vehículos, motores, estructuras industriales o maquinaria. El resultado es acero de alta calidad con una huella de carbono notablemente inferior. Dicho de otra manera: no hay combustión directa de carbón, no hay coque y el acero nace de residuos que vuelven al circuito productivo.
Además, la planta de Dunkerque ha incorporado sistemas de eficiencia energética y gestión avanzada de residuos, reforzando un enfoque integral de sostenibilidad e innovación. No se trata solo de cambiar el horno, sino de optimizar el conjunto del ecosistema industrial.
Macron y la estrategia del acero soberano
- La Comisión Europea dio luz verde en 2023 a que Francia movilizara 850 millones de euros para descarbonizar parcialmente la producción en Dunkerque.
- París reclama medidas de protección para que el acero europeo compita en condiciones justas frente a importaciones con mayor huella de carbono.
El presidente francés, Emmanuel Macron, ha situado este proyecto en el centro de su agenda industrial. De hecho, mañana se desplaza a la planta para el lanzamiento del primer horno eléctrico en esa fábrica, que las fuentes del Elíseo presentan como un modelo de descarbonización industrial para Europa.
La iniciativa encaja con una visión más amplia: proteger la industria europea frente a la competencia de países con menores exigencias ambientales. De ahí la referencia al mecanismo de ajuste en frontera por carbono, una herramienta que pretende evitar que el acero europeo compita en desigualdad frente a productores externos, con especial foco en la presión de mercados como el chino.
Desde el Elíseo insisten en que la transición ecológica no puede hacerse a costa de perder tejido industrial. “Cuando nos protegemos, logramos realizar proyectos industriales en Europa”, señalan fuentes presidenciales, celebrando además que, tras un año y medio, la Comisión Europea y varios Estados miembros se alineen con una estrategia industrial soberana impulsada por Macron.
No todo es euforia: dudas sobre competitividad y capacidad
- Los sindicatos advierten de que la capacidad prevista (1,5 millones de toneladas) sería inferior a las cifras anunciadas inicialmente (6 millones).
- La descarbonización es necesaria, pero no garantiza por sí sola competitividad en un mercado global con presión de costes y sobrecapacidad.
Los sindicatos han introducido un matiz importante: la construcción de este horno “verde” podría no ser suficiente para mantener la competitividad de la planta si la capacidad final se queda en torno a 1,5 millones de toneladas, por debajo de las 6 millones que se llegaron a anunciar.
Eso abre interrogantes sobre si esta transformación será suficiente a largo plazo en un mercado global extremadamente tensionado por costes energéticos, competencia internacional y estrategias de precio agresivas. La descarbonización es imprescindible, pero el acero sigue siendo una batalla industrial.
Una batalla clave para el automóvil y para Europa
- La supervivencia de las acerías europeas es crítica para automoción, aeronáutica, ferrocarril y aeroespacial.
- ArcelorMittal emplea 15.400 personas en Francia y opera 40 centros, con capacidad de 11 millones de toneladas de acero líquido al año.
Preservar las acerías europeas es una cuestión estructural. Su declive se intensificó a partir de la década de 2010, pero la demanda sigue siendo estratégica para sectores que dependen del acero como material base: automoción, aeronáutica, ferrocarril o aeroespacial, entre otros.
ArcelorMittal cuenta con una notable presencia en España y, en Francia, da trabajo a 15.400 personas en 40 centros de producción, con una capacidad de 11 millones de toneladas de acero líquido al año. No hablamos de una instalación aislada, sino de un pilar industrial de primer orden.
De foco contaminante a laboratorio de acero limpio
- Dunkerque busca pasar de ser el mayor foco industrial de contaminación del país a referente de descarbonización.
- El horno eléctrico simboliza un giro tecnológico real: producir acero sin carbón y con una huella climática mucho menor.
El simbolismo es potente: Dunkerque pretende pasar de ser señalada como la instalación industrial más contaminante del país a convertirse en laboratorio de transición energética. El horno eléctrico no resolverá por sí solo todas las emisiones del sector, pero sí representa un cambio tecnológico tangible y un paso claro hacia una industria pesada que no renuncie a producir, pero reduzca drásticamente su impacto climático.
En un momento en el que Europa debate sobre autonomía estratégica, reindustrialización y transición verde, el acero vuelve a ser protagonista. Esta vez no por su dureza, sino por su capacidad de reinventarse: convertir chatarra en material nuevo, sin carbón, y con una ambición que va mucho más allá de una sola planta.









