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Economía

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La razón por la que no nos podemos fiar de la bajada en los precios de la gasolina y el diésel

Elena Sanz Bartolomé | 12 Ago 2022
Gasolina Barata Surtidor Gasolinera Manguera
Gasolina Barata Surtidor Gasolinera Manguera

Casi dos meses dibujando una curva descendente hasta regresar a las cifras de mayo o de marzo si añadimos el descuento de los 20 céntimos. El precio del combustible está protagonizando un período de abaratamiento más agudo, incluso, que el vivido en las semanas previas a la pandemia. Llenar el depósito del coche duele, ahora, un poco menos aunque debemos ser cautos: hay una razón por la que no nos podemos fiar de la bajada en los precios de la gasolina y el diésel.

¿Cuál es la situación actual? El último Boletín Petrolero de la Unión Europea desvela que, tras siete semanas descendiendo, el precio medio de la gasolina está en 1,8661 euros. El diésel se queda en 1,8543 euros después de un mes y medio bajando. Si a esto le restamos la bonificación estatal, nos encontraremos con cifras de 1,661 y 1,654 euros por litro, respectivamente.

Es el precio que encontrábamos en los surtidores a principios de marzo cuando las cifras no se habían disparado debido al efecto de la Guerra de Ucrania. Así las cosas, llenar un depósito de 50 litros de gasolina cuesta 13 euros menos (93 frente a 106 euros) que cuando este combustible alcanzó su máximo (2,12 €/l). En el caso del diésel, la diferencia es de 12,5 euros (92,5 frente a 105 euros). Si aplicamos el descuento de 20 céntimos, el ahorro es, obviamente, mayor: 22,95 euros para la gasolina (83,05 frente a 106 euros) y 22,3 euros en el caso del diésel (82,7 frente a 105 euros).

¿Por qué está bajando?

Según explican en El Diario son dos razones principales las que responderían a esta pregunta. La primera de ellas es la incertidumbre creada por el riesgo de recesión que puede producirse en los próximos meses y que tiene como consecuencia un descenso de la demanda. La segunda es el aumento de la producción de crudo en 100.000 barriles diarios desde septiembre, una decisión tomada por la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y otros países como Rusia.

Otros factores que también contribuyen a crear el escenario actual son, como apuntan en El País, el mayor bombeo en Libia o la liberación de reservas estratégicas por parte de Estados Unidos. Hay que añadir, además, que la cotización del Barril Brent en el mercado de futuros está por debajo de los 100 euros: una cifra que no se veía desde finales de febrero.

‘Efecto Pluma’ y ‘Efecto Cohete’

Y aquí llegamos a la clave de la cuestión: ese descenso en la cotización del Barril Brent no tiene un efecto inmediato en el precio del diésel y la gasolina: tampoco se refleja en la misma proporción. No en vano, el precio del petróleo suele representar el 40% del coste de la gasolina. Ahora mismo, las cifras están mermando por la bajada que el petróleo vivió en junio y julio: en agosto está volviendo a subir así que lo notaremos en los próximos meses.

Es lo que en Economía se denomina ‘Efecto Pluma’ y ‘Efecto Cohete’. Cuando el precio de la materia prima (petróleo) baja, el de la gasolina y el diésel también lo hace aunque mucho más lento: a la velocidad de una pluma. Cuando el precio de la materia prima sube, repercute de forma inmediata en el del combustible: a la velocidad de un cohete.

A esto hay que sumar el paso de los impuestos (alrededor del 50%), los costes y márgenes del proceso de transformación y comercialización, el efecto del aprovisionamiento o el precio de las divisas, entre otros.

¿Por qué no nos podemos fiar?

Por lo que está por llegar. Esta es la respuesta corta, pero vamos a explicarla. Como apuntábamos antes y señala Nacho Rabadán (director general de la Confederación Española de Empresarios de Estaciones de Servicio) en La Sexta, los mercados internacionales prevén una contracción de la demanda fruto de la recesión que se puede producir a partir de este otoño. Esa anticipación está teniendo efecto sobre el precio del combustible.

Y es que, tal y como apunta Bloomberg, tras el período estival puede darse un escenario en el que la escasez del diésel provocaría que su precio volviera a subir: las reservas en algunas zonas de Europa son tan escasas que podríamos hablar de niveles semejantes a los de 2011. Esto haría que los precios del combustible tuvieran un comportamiento plano (no sube, pero tampoco bajan) o de dientes de sierra (subidas y bajadas).