El mercado de motos es cada vez más homogéneo -mismos motores, mismas plataformas, mismos discursos-, por eso propuestas como la LFC 700 Pro son gratamente bienvenidas. No intenta ser racional, ni discreta y ni siquiera es la más eficiente ni la más equilibrada. Es una cruiser exagerada, técnicamente peculiar, pero diferente e imposible de ignorar.
Benda no es una marca veterana, pero tampoco una startup recién salida de casa. Lleva años apostando por cruisers grandes con motores propios y una estética muy bruta, con líneas angulosas y agresivas.
La LFC 700 original ya rompía esquemas al montar un cuatro cilindros en línea, rara avis en un segmento dominado por el V-Twin, recuperando una idea que el mercado había abandonado hace décadas. Porque, aunque la marca dice que es la primera cruiser del mundo con un motor de 4 en línea, no es cierto.
La versión Pro lleva un pasito más allá el concepto de la LFC 700 normal. Digamos que se radicaliza un poco. El motor sigue siendo un cuatro cilindros en línea de 677 cc, una de esas cilindradas raras que tanto gustan los chinos, pero en este caso con 93 CV de potencia.
Entrega su potencia máxima a 11.000 rpm, cifra poco habitual para una cruiser, y tiene un par máximo de 63 Nm. No es una moto para ir a base de par desde el ralentí, sino para estirar las marchas y buscar sensaciones más cercanas a una muscle que a una custom tradicional.
También hay novedades en la parte ciclo. La LFC 700 Pro estrena una estructura frontal de aluminio, en lugar de acero, y junto al carenado lateral, el resultado es una imagen más limpia y mecánica. Se ha mejorado la rigidez del conjunto y la marca asegura que este modelo está mejor preparado para soportar una conducción exigente. No es cosa menor en una moto tan larga y con tanto neumático atrás.
Hablando de neumáticos, detrás tiene un auténtico rodillo de 300 mm de ancho, un poco exagerado teniendo en cuenta que una Ducati Diavel V4 lleva neumáticos de 240. Y aun así, es 10 mm más estrecho que la rueda trasera que lleva la LFC700 normal.
Más interesante es el cambio de suspensión trasera, que abandona el esquema convencional para apostar por un sistema neumático de doble cámara, con ajuste de altura y amortiguación automático y manual. Este sistema permite bajar la moto en parado para subir y bajar de ella más fácilmente, además de recuperar la altura óptima en marcha. A eso se suma una altura de asiento regulable electrónicamente entre 650 y 730 mm, una cifra que dice mucho de hasta qué punto Benda ha querido hacer usable esta moto. Delante tiene un planteamiento más clásico, con un horquilla invertida KYB.
Hay otros ajustes como el nuevo radiador con mayor capacidad y un sistema de escape de cuatro salidas reorientado para alejar el calor del piloto en parado. Para la frenada se sigue confiando en Brembo, con ABS Bosch de serie, y entre el equipamiento encontramos también un cuadro digital con pantalla de 5 pulgadas.
La Benda LFC 700 Pro no tiene fecha ni precio confirmados. La versión estándar cuesta 11.990 euros. Aunque la Pro sea algo más cara (lógicamente), seguirá teniendo una de sus mejores bazas en el precio. Y aunque no sea la cruiser más lógica, ni la más cómoda, ni probablemente la más equilibrada, es diferente.






