Lo señalamos, casi, de manera diaria, pero es la triste realidad: el precio de los coches nuevos se ha disparado, arrastrando también al de los de segunda mano. Pero esto no es algo exclusivo del automóvil: bien sabemos que la cesta de la compra es ahora más cara que nunca y que comprar una casa se ha convertido en algo que, por desgracia, una gran parte de la población ya descarta casi para siempre, ante lo que salen soluciones como la que queremos destacar hoy.
En España no es un fenómeno habitual, pero otras partes del mundo las llamadas tiny homes, se han convertido en una manera de tener casa propia, o al menos en cierta manera, pues se trata de casas que montadas sobre un remolque, pueden pasar temporadas asentadas en según qué sitios para, cuando no sea posible permanecer ahí, migrar.
Este movimiento se da mayormente en Estados Unidos y en él, podemos decir que convergen la practicidad de una caravana con las comodidades de una vivienda tradicional: no es un vehículo, pero sí que puede desplazarse si es necesario y tampoco es una casa, pero sí que goza de todas las soluciones para hacer vida de manera fija en ella. Este tipo de casas se hicieron muy famosas en Estados Unidos durante la crisis inmobiliaria de principios de Siglo y a día de hoy vuelven a tomar fuerza en muchas partes del mundo.
Para mostrar las razones por las que en España bien podría ser una solución para quienes necesitan pasar una temporada en una ciudad en concreto, pero que por su situación económica dista de poder aspirar a la compra de una vivienda que, en el mejor de los casos y hablando de grandes ciudades y su periferia, puede ser perfectamente una transacción de 250.000 euros, tomaremos uno de los últimos modelos de los que se ha hecho eco la publicación Autoevolution, que es una muestra de lo que pueden llegar a ser las mejores tiny home del mercado, ya que tiene hasta una doble altura interior.
Detrás de esta propuesta se encuentra East Coast Tiny Homes, una empresa australiana fundada hace apenas tres años y que, en ese corto periodo de tiempo, ha logrado posicionarse como uno de los nombres más activos dentro de este segmento en Oceanía. El modelo que hoy nos ocupa se sitúa en un punto intermedio dentro de su gama, lo que significa que no es la opción más básica, pero tampoco la más exclusiva, algo que se deja notar tanto en dimensiones como en acabados.
Hablamos de una vivienda de 8 metros de largo, 2,4 metros de ancho y más de 4 metros de alto. Cifras que, traducidas a la práctica, permiten integrar una configuración de doble loft, es decir, dos dormitorios en altura, con capacidad para hasta cuatro personas. Todo ello se asienta sobre un remolque tipo cama fabricado en acero de alta resistencia, con neumáticos de alta carga, con perfil bajo y llantas con índice de carga específico. Incluso la lanza es desmontable, facilitando su instalación en una parcela durante estancias prolongadas.
La construcción combina revestimiento de acero corrugado y una madera reciclada en el exterior, lo que le da un toque minimalista y moderno. Las ventanas emplean cristal reforzado con protección UV y tecnología smart glass, con opción de doble acristalamiento previo pago adicional. El aislamiento se resuelve mediante Earthwool en paredes y techo, reforzado con una solución tipo shed bajo el suelo y en la cubierta, algo clave si se pretende utilizar durante todo el año.
En el apartado de climatización, incorpora de serie un sistema de aire acondicionado de tipo split de 2,5 kW con función frío/calor, ampliable a mayor potencia según necesidades y presupuesto. El agua caliente se obtiene mediante un sistema LGP de flujo continuo, una solución habitual en este tipo de viviendas móviles.
La distribución interior es uno de sus puntos fuertes. La cocina ocupa la zona central y se articula en torno a una barra colgante tipo breakfast bar, con encimeras y acabados personalizables según el presupuesto. El salón queda parcialmente delimitado por la escalera principal y deja una zona posterior apta para instalar un mueble de televisión o incluso una pequeña oficina doméstica. Una ventana operable de gran tamaño garantiza ventilación cruzada y buena entrada de luz natural.
Los dos lofts cuentan con acceso independiente mediante escaleras completas. La principal integra almacenamiento en cada peldaño, mientras que la secundaria adopta un diseño tipo “Rubik”, con estanterías abiertas. El loft principal dispone de claraboya y espacio adicional para almacenaje, mientras que el segundo incorpora dos ventanas laterales y muros de seguridad que aportan privacidad.
En cuanto a acabados, el suelo principal es híbrido blackbutt, una madera australiana muy valorada por su resistencia, aunque existen alternativas según presupuesto. Las barandillas metálicas refuerzan el estilo minimalista, apoyado en una paleta cromática dominada por blanco, madera natural y gris antracita.
El precio arranca en 120.000 dólares australianos, aproximadamente 72.000 euros al cambio en el momento de redactar estas líneas. Una cifra que, aunque elevada en términos absolutos, queda muy lejos de los 250.000 euros que puede costar un piso en las afueras de una gran ciudad española, y que por tanto vuelve a situar a estas tiny homes como una alternativa real, aunque con matices legales y urbanísticos, frente al mercado inmobiliario tradicional.Y es que, más allá del precio o del concepto, el verdadero escollo en España no es técnico, sino normativo.
Burocracia, el problema de siempre en España
El primer problema es que no existe una categoría específica para una tiny home dentro de la legislación estatal. No se reconoce como tipología propia, de modo que dependiendo del caso puede considerarse vivienda unifamiliar, casa prefabricada, módulo habitable o incluso elemento móvil si va sobre ruedas. Y esa clasificación lo cambia todo, porque los requisitos legales y urbanísticos varían de forma radical.
Si está montada sobre ruedas, en teoría es un remolque. Sin embargo, en la práctica la situación es muy distinta. No se puede vivir de manera permanente en ella en suelo rústico, y muchos ayuntamientos así lo interpretan si permanece fija y conectada a suministros, pues se está usando como vivienda. En ese momento pasa a requerir licencia. Es decir, el simple hecho de poder moverla no te exime del cumplimiento de la normativa urbanística. Y fuera de suelo urbano, el uso residencial suele estar directamente prohibido.
Si por el contrario se instala de manera fija o la administración la considera vivienda, entra en juego todo el marco legal habitual: licencia de obra, proyecto visado por arquitecto, cumplimiento de normativasy necesidad de parcela edificable conforme al planeamiento municipal. Además, muchos municipios establecen superficies mínimas de vivienda.
El gran muro aparece en el suelo rústico que es donde más sentido pueden tener estas viviendas por el bajo precio de este tipo de parcelas. La normativa suele permitir únicamente viviendas vinculadas a explotaciones agrarias y bajo requisitos muy estrictos. El uso residencial libre está, en la mayoría de los casos, prohibido. Aunque la casa esté sobre ruedas, si se utiliza como residencia estable puede ser objeto de sanción. Es aquí donde más propietarios potenciales se llevan sorpresas.
A todo ello se suma la necesidad de obtener cédula de habitabilidad para que sea considerada vivienda legal. Esto implica cumplir dimensiones mínimas, requisitos de ventilación, iluminación, altura libre e instalaciones homologadas. Muchas tiny homes importadas no cumplen automáticamente con la normativa española, lo que obliga a adaptaciones técnicas y sobrecostes.
Por último, sin licencia y sin cédula, surgen problemas prácticos: no es posible empadronarse legalmente, contratar suministros de agua y luz de forma convencional o asegurarla como vivienda habitual con plena cobertura.
Por tanto, aunque el concepto resulta atractivo y el precio, comparado con los, 150.000, 200.000 o 350.000 euros de un piso convencional, parece razonable, en España el encaje legal sigue siendo el gran freno. No es una cuestión de diseño ni de funcionalidad, sino de normativa urbanística. Y mientras no exista un marco específico para este tipo de soluciones, su viabilidad real seguirá siendo, cuanto menos, limitada.










