La industria del automóvil está a punto de sufrir un giro radical en Estados Unidos y quién sabe si podría acabar afectándonos en Europa. La Agencia de Protección Ambiental (EPA) ha iniciado el proceso para revocar el llamado «Dictamen de peligro», o Endangerment finding, aprobado en 2009, que determina que los gases de efecto invernadero suponen una amenaza para la salud pública y que ha servido durante más de una década como base legal para regular las emisiones de los vehículos.
¿Qué es el Dictamen de peligro y por qué es importante para el automóvil?
El denominado Dictamen de peligro fue adoptado por la EPA bajo la Administración Obama, tras una sentencia del Tribunal Supremo en 2007 que reconoció la capacidad del regulador para tratar el CO₂ como contaminante en la Ley de Aire Limpio. Al demostrar que los gases de efecto invernadero representan un riesgo para la salud pública, la EPA debía establecer normas para proteger a la población.
Así que la EPA estableció límites progresivos de emisiones para turismos y vehículos ligeros, con estándares cada vez más estrictos y sentando las bases regulatorias que debían incentivar la electrificación del mercado estadounidense durante la última década. Pero antes de llegar ahí, ha habido numerosos cambios.
Desde que la EPA empezó a aplicar estándares más estrictos, los fabricantes han ido adoptando una serie de tecnologías que hoy damos por normales. Motores más pequeños con turbo e inyección directa; el uso generalizado de cambios automáticos con 8-10 velocidades, que ayudan a reducir el consumo; o la introducción del sistema Start-Stop que apaga automáticamente el motor en semáforos y stops. Todo esto también se ha generalizado en Estados Unidos en la última década y media.
Donald Trump cree que perjudica a los consumidores
La Administración de Donald Trump ha comunicado su intención de anular la medida, argumentando que la interpretación original excedía el mandato legal y generaba cargas regulatorias desproporcionadas para la industria. Según Trump, la determinación de riesgo perjudicó gravemente a la industria estadounidense y disparó drásticamente los precios para los consumidores.
Si sale adelante, eliminará todas las normas de gases de efecto invernadero para vehículos ligeros, medianos y pesados, así como para motores de uso industrial, comenzando por las establecidas en 2012. Y eso a pesar de que el transporte es responsable del 29% de las emisiones de efecto invernadero en Estados Unidos, según datos de la EPA.
El movimiento encaja con la agenda de desregulación climática defendida por Trump y con su discurso de protección del empleo industrial tradicional y del sector energético. Aunque la revocación del Dictamen de peligro no implica automáticamente la desaparición de todos los estándares vigentes, sí abre la puerta a una revisión profunda del marco regulatorio federal sobre las emisiones de los vehículos y otras industrias.
Por ejemplo, permitirá levantar la mano con los límites de emisiones de metano, CO₂ y N₂O de las perforaciones de petróleo y gas y de las centrales eléctricas. Según la propia EPA, las centrales eléctricas son responsables de aproximadamente una cuarta parte de las emisiones de efecto invernadero de Estados Unidos.
Para los fabricantes puede traer más dolores de cabeza
Puede parecer una noticia positiva para los fabricantes estadounidenses, pero este cambio introduce un elemento de incertidumbre muy importante. La relajación de estándares podría reducir costes a corto plazo, pero complica la planificación a medio y largo plazo en un contexto global donde Europa y China sí continúan endureciendo sus medidas.
Además, varios estados -con California a la cabeza- tienen competencias propias para fijar estándares más estrictos, lo que fragmenta aún más el mercado interior. A esto debemos añadir las inversiones que ya ha realizado la industria en baterías y plataformas específicas para vehículos eléctricos, si bien no todas están teniendo el retorno esperado. Esta misma semana Ford presentó sus resultados de 2025 con pérdidas multimillonarias en buena parte por culpa del vehículo eléctrico, pero eran optimistas de cara a 2026.
Puede aumentar la brecha entre regiones… si sale adelante
Un giro regulatorio de estas proporciones puede generar asimetrías aún mayores entre los productos destinados al mercado estadounidense y el resto, obligando a las marcas a tener estrategias más diferenciadas. Esto puede agrandar la brecha entre la Unión Europea y China (muy interesada en la cadena de valor del vehículo eléctrico) y Estados Unidos por ver quién consigue hacer más competitiva su propia industria dentro de un mercado globalizado.
Sin embargo, hay expertos en legislación que creen que la decisión será impugnada en los tribunales. El Endangerment finding fue construido sobre una evidencia científica sólida y respaldado indirectamente por precedentes judiciales, por tanto intentar revocarlo no será fácil y podría desencadenar una nueva serie de litigios. El desenlace final dependerá en buena medida de cómo la EPA justifique técnica y jurídicamente el cambio.







