Stellantis ha presentado unos resultados confirman lo que ya sabíamos: el gigante automovilístico está en una fase de transición muy delicada. La compañía tuvo más de 22.000 millones de pérdidas en 2025 y el dato más relevante no es cuánto ha ganado o perdido, sino qué revelan estas cifras sobre su estrategia industrial.
Stellantis tuvo unas pérdidas de 20.100 millones de euros en la segunda mitad de 2025 y unas pérdidas totales de 22.300 millones de euros en el año completo, con un margen del -0,5%.
Estas impresionantes pérdidas, de las cuales avisaron hace unos días y provocó una caída de más del 20% en sus acciones, se debe a los «gastos extraordinarios» que han tenido que afrontar en los últimos meses como consecuencia de su cambio de estrategia.
Dicho de otro modo: la estrategia del «todo eléctrico» de Carlos Tavares, el CEO anterior, le ha salido carísima a Stellantis. El CEO actual, Antonio Filosa, está deshaciendo muchas de las inversiones en electrificación realizadas por su predecesor, y ha cancelado proyectos como la Ram 1500 eléctrica y el Dodge Charger eléctrico y ha pospuesto el lanzamiento de modelos eléctricos de Alfa Romeo. Stellantis también ha suspendido las inversiones en todo lo relacionado con pilas de combustible de hidrógeno.
Filosa quiere tener una oferta mecánica más amplia que, sin abandonar cierto grado de electrificación, permita a las marcas del grupo llegar a un público mucho mayor, tanto en Europa como en Norteamérica. En Europa han lanzado el Fiat 500 microhíbrido tras haber fracasado con el 500 eléctrico, y varias marcas del grupo vuelven a apostar por el diésel. En paralelo, en Estados Unidos han vuelto a fabricar el motor V8 HEMI de 6.2 litros, que tiene mucha más demanda que los eléctricos.
«Nuestros resultados para el año 2025 reflejan el coste de sobreestimar el ritmo de la transición energética y la necesidad de reorientar nuestro negocio en torno a la libertad de nuestros clientes para elegir entre toda la gama de tecnologías eléctricas, híbridas y de combustión interna», señala Filosa en un comunicado.
Filosa afirma que hubo «señales iniciales y positivas de progreso» en el segundo semestre tras el lanzamiento de varios modelos clave. Los ingresos netos aumentaron un 10% respecto al segundo semestre de 2024, alcanzando los 79.200 millones de euros, las ventas crecieron un 11% y la empresa redujo el gasto de efectivo.
Para 2026, prevén un aumento de los ingresos de entre el 5 y el 10%, con un margen operativo de un dígito pequeño, pero positivo. Filosa dice que se centrarán «en seguir reduciendo las brechas de ejecución del pasado», una manera diplomática de decir que heredó un enorme marrón de Carlos Tavares.
En Europa, la compañía registró una pérdida operativa ajustada de 660 millones de euros en el segundo semestre, incluyendo los costes relacionados con la campaña de retirada de airbags de Takata. En el mismo periodo del año anterior tuvo un beneficio de 359 millones de euros. Las ventas de marcas como Peugeot, Fiat y Opel se mantuvieron prácticamente sin cambios en 1,2 millones (en total), con un margen operativo del -2,3 %, frente al -1,2 % del segundo semestre de 2024.
Por su parte, en Norteamérica, las pérdidas en el segundo semestre fueron de 941 millones de euros, con un margen operativo del -2,9 %, que no obstante supone una mejora con respecto al -6,8 % del segundo semestre de 2024.







