Es la vieja historia de la razón y el corazón. Las carreras de coches son algo irracional. Una rara manifestación cultural que pone la más científica y precisa investigación al servicio de una primitiva idea: correr más que los rivales. Las 24 horas de Le Mans es la más primitiva entre las carreras. No porque carezca de reglas, sino porque su idea toma la referencia en el cielo, en una era anterior a la propia máquina: “Corramos sin parar hasta que el sol vuelva a estar mañana en este mismo punto” Ese es el trato. Por eso todo lo que sucede durante el reto está tocado por emociones primitivas, la épica, la extenuación, el miedo o el arrojo. En sus 91 años Le Mans ha sido a veces la fábula de la liebre y la tortuga, dando la victoria a la paciencia frente a la explosiva velocidad; otras veces los elementos han dado o quitado victorias, como los dioses de una tragedia griega; y muchas veces el circuito de La Sarthe ha premiado la humildad y ha castigado la soberbia; Le Mans es siempre una epopeya. Desde que empezó el año, en las últimas 24 semanas, me he asomado a las 24 horas a través de algunos episodios de una historia casi inabarcable. Cuando el próximo domingo a primera hora de la tarde baje la bandera a cuadros, se habrá escrito otra tragicomedia en forma de carrera, con héroes, con villanos, con dioses imprevisibles y con un final que sabe tanto a éxtasis como a derrota. Porque nadie puede ganarle al tiempo.
Esta es una muy personal visión de las 24 horas. Tomándole prestado el título a Murakami, de esto hablo, cuando hablo de Le Mans.

Continuar leyendo »

En 1958 Phil Hill, a bordo de un Ferrari, se convertía en el primer estadounidense en ganar las 24 horas de Le Mans, e iniciaba para la marca italiana una racha de 6 victorias en 7 ediciones. Ese año la CBS comenzaba a emitir en Estados Unidos “Wanted: dead or alive” (Randall el justiciero), protagonizada por un joven actor, Steve McQueen. El éxito de la serie no sólo lanzó su carrera como actor: con los grandes ingresos que obtuvo compró en pocos meses un Porsche 356 Super Speedster y un fascinante y raro Jaguar XKSS. Steve amaba los coches tanto como el cine. Su pasión por las carreras era tan fuerte que cuando en 1962 BMC le ofreció correr como piloto profesional, estuvo a punto de aceptar cansado de esperar “la gran película”. Era cuestión de tiempo que ambas pasiones se encontrasen, y se encontraron en la eternidad de “Le Mans”. Esta es una visita mitómana a una película tan irracional como una carrera que desafía a las agujas del reloj.

Continuar leyendo »

El intento de Ford por adquirir Ferrari en 1963 había acabado con un pacto roto, el gigante de la industria frustrado y con la promesa de una revancha sobre el asfalto de Le Mans. Dos ediciones de la carrera francesa después, ninguno de los nueve Ford GT40 que habían tomado la salida había conseguido llegar a la meta, ni siquiera permanecer en pista hasta los primeros rayos de sol del domingo. A finales del verano de 1965 Henry Ford II envió una nota a cada director de departamento de su compañía. Tenía una imagen de Le Mans y una simple nota “Más os vale ganar”.

Continuar leyendo »

Un día de mayo de 1963, representantes de Ford y de Ferrari se sentaron a una mesa dispuestos a cerrar una operación cuyas posibles consecuencias es difícil imaginar: el gigante americano iba a comprar al pequeño fabricante italiano que dominaba en Le Mans. En el último momento Enzo Ferrari se negó a que sus decisiones sobre la “Scudería” dependiesen de Detroit, y la compra se canceló. Cuando los delegados americanos informaron a Henry Ford II, este prometió vencer a Ferrari en su feudo. “¿Cuánto dinero quiere invertir?”, preguntaron. “No he hablado de dinero”, respondió Ford. Pocas semanas más tarde nació el proyecto del GT40.

Continuar leyendo »

Ferrari es, todavía hoy, el tercer fabricante con más victorias en las 24 horas de Le Mans, tras Porsche y Audi, pero a muchos les costará recordar cuando obtuvieron el último triunfo los coches de Maranello. La última victoria de Ferrari en las 24 horas, en 1965, es mucho más que el final de una racha. Es el final de una era, la de los pilotos románticos, y el inicio de la era del automovilismo global, con la llegada de la televisión, la publicidad y Hollywood. Al dominio de Ferrari en Le Mans le sucedería el del gigante Ford, y la pugna que los enfrentó en los años ‘60 hunde sus raíces desde el principado de Mónaco hasta el Museo de Arte Moderno de Nueva York… Este es el primero de tres artículos que, a través del intento de Ford por comprar Ferrari, harán un repaso a Le Mans en la década de 1960.

Continuar leyendo »

En 1935, apenas seis meses después de que Lawrence de Arabia muriese consecuencia de un absurdo accidente de motocicleta, en el hotel Mayfair de Londres el empresario William Lyons presentaba un nuevo modelo de coche de su marca SS, apodado Jaguar. Tras la Segunda Guerra Mundial, los Jaguar ganaron cinco de las primeras nueve ediciones de las 24 horas de Le Mans, con una serie de coches de aspecto atlético, modelados por el estudio de la aerodinámica, y animados por un motor deslumbrante. Un motor que había sido concebido bajo las bombas de la Luftwaffe en un Coventry arrasado, por la mente de William Lyons y William Heynes, fundador e ingeniero jefe de la marca. El épico desarrollo de aquel motor es equivalente al prestigio que la marca adquirió con sus victorias en Le Mans. Una historia a la que vale la pena echar un vistazo…

Continuar leyendo »

La historia de Le Mans está marcada por los accidentes y la muerte, representada sobre todo en el desastre de 1955. La vida de Rudolf Caracciola estuvo también marcada por terribles accidentes, como el de 1932 que le dejó una aparatosa cojera. Caracciola, tres veces campeón de Europa y ganador de 100 carreras, corrió sólo una vez en Le Mans, y no terminó. Sin embargo ese encuentro entre el campeón y la carrera francesa pudo haberse producido en 1952 con un coche mítico como testigo, el Mercedes 300 SL. Esta es la historia de un gran piloto, de un deportivo de leyenda y de la macabra danza que los corredores de aquella época tomaban con la muerte.

Continuar leyendo »

Cuando el próximo 14 de junio en la parrilla de salida de las 24 horas de Le Mans veáis bólidos con luces LED y cámaras en vez de retrovisores recordad esto: muchos de los primeros participantes en las 24 horas de 1923 sólo tenían frenos en las ruedas de atrás. Una época en la que los bólidos se construían a base de potencia, de enormes motores y de intrépidos pilotos que arriesgaban (de verdad) sus vidas cabalgando a aquellas máquinas. Entre aquellos monstruos de leyenda es muy recordado uno que apenas obtuvo victorias en competición y nunca llegó a la meta en Le Mans, el Bentley Blower. Pero antes del Blower, y relacionado con él hubo otro coche casi volador, desmesurado, al que Ian Fleming inmortalizó en uno de sus libros. ¿Un Aston Martin? No, “Chitty Chitty Bang Bang

Continuar leyendo »

Buceando en las “otras historias”, se podría decir que el automóvil nació en Le Mans. No es que tenga nada contra Benz o Daimler, y siempre he creído que el viaje de Bertha Benz en 1888 para ver a su madre lo tenía todo para ser una gran historia. Pero reconozco que el viaje de Amadeo Bollée en 1875 entre Le Mans y Paris con su carruaje a vapor da un aire mitológico a la última de las grandes carreras, las 24 horas de Le Mans.

Continuar leyendo »