La primera vez que nos sentábamos al volante de un Fisker Karma (podéis ver nuestras impresiones en la prueba del Fisker Karma), muchas sensaciones enfrentadas se agolpaban en mi mente. Estábamos ante un producto estéticamente arrebatador, con su toque tecnológico y futurista pero sobre todo la esencia, la pureza y el músculo de un gran deportivo norteamericano. Pero ¡ay del motor eléctrico! Me fascinan los avances que se han producido en el campo de los eléctricos y su apuesta por la autonomía extendida. No obstante era una lástima no sentir la fuerza de un buen motor de ocho cilindros en uve, a la antigua usanza.

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