La primera vez que probé un smart – que además era fortwo cabrio – no podía dejar de pensar en que estaba conduciendo un biplaza, con motor posterior, tracción trasera y techo desmontable de tipo targa. Necesariamente, algo divertido debería salir de esa experiencia. La experiencia de conducir un smart fortwo por primera vez es gratificante, pero ni mucho menos comparable a la de conducir un deportivo con esas características, ni tampoco comparable a otra de las sorpresas que tenían preparadas la gente de smart para la primavera de 2013.

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Repasando la historia y las curiosidades del smart, no podíamos olvidarnos de uno de los modelos más exóticos que jamás hayan vestido el emblema de la marca, un prototipo que llegaría a comercializarse en series limitadas, el smart crossblade. Durante todos estos años, smart nos ha mostrado infinidad de prototipos, algunos especialmente llamativos y radicales. Pero, a veces, la realidad supera la ficción. A alguien se le ocurrió que lanzar un smart sin puertas, sin techo y sin parabrisas, un auténtico buggy urbano, era una gran idea. Así, ni cortos ni perezosos, dispusieron una tirada limitada de 2.000 unidades del crossblade, algunas de las cuales aún se pueden ver rodando por Europa.

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El smart fortwo, el modelo más representativo del urbanita moderno, nacía a finales de los años noventa, en aquella época en la que todos estábamos preocupados por lo que sucedería cuando nuestros ordenadores tuvieran que cambiar su antepenúltimo dígito. En definitiva, el smart es un modelo relativamente moderno, cuya apariencia no ha cambiado tanto en todos estos años. Pero la historia comenzó mucho antes, cuando Mercedes-Benz aún no había salido de sota, caballo y rey; de coupé, berlina y limusina. Fue en 1972 cuando la marca alemana comenzó a idear su visión del coche del futuro, del coche del año 2000.

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