Está claro que el Plan PIVE ha logrado movilizar, en mayor o menor medida, la matriculación de nuevos automóviles en España y atenuar la caída que se ha venido produciendo a lo largo de todo el año. Pero las ayudas del PIVE traen consigo toda una serie de efectos colaterales, como – por incongruente que resulte – la agilización de las operaciónes en el mercado de segunda mano y sobre todo en aquellos vehículos más baratos que hasta ahora, probablemente, no tendrían otra salida que el desguace y su destrucción definitiva.

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