
En Mazda siempre soñaron con su propio superdeportivo de motor central-trasero, con una innovadora máquina dotada de una mecánica rotativa, faltaría más, que se posicionase por delante del eje posterior. Ya en 1970 sorprendieron a propios y extraños con un prototipo espectacular, futurista y radical que se fundamentaba en los mismos principios que ya estaban haciendo triunfar por aquella época al Lamborghini Miura de Ferrucio.
El Mazda RX-500 no sólo se presentaba como un prototipo, por su estética, espectacular sino también como todo un laboratorio rodante sobre el que Mazda investigaría nuevos sistemas que garantizasen la seguridad a gran velocidad. Para ello fue dotado con un motor rotativo de 247 CV y un desplazamiento de 1.873 cm3 que le confería una velocidad punta por encima de los 240 km/h. Definitivamente no era una máquina extremadamente rápida (el Miura ya superaba los 275 km/h), pero al menos lo suficiente como para llevar a cabo el propósito para el cual fue diseñado.



En el Mazda RX-500 también se practicó un intenso trabajo aerodinámico (con su estética kammback) y de aligeramiento, por ejemplo construyendo la mayoría de los paneles de la carrocería en plástico. Como curiosidad su trasera contaba con un sistema de luces a cada lado con colores, de rojo a verde, que indicaban no sólo si el vehículo frenaba, sino también si estaba manteniendo la velocidad o acelerando a fondo.

No obstante 30 años después el responsable del museo de Hiroshima City Transport Museum recibió la autorización por parte de Mazda para iniciar la restauración del prototipo y exhibirlo en sus instalaciones. De esta forma 40 años después el flamante Mazda RX-500 aún puede ser contemplado por cualquiera que se acerque a la ciudad japonesa que viera nacer a Mazda hace casi un siglo.
Fuente: Conceptcarz
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