Aquellos maravillosos W12: el día en que Volkswagen quiso tener su propio Veyron

 |  @davidvillarreal  | 

Que el Bugatti Veyron fuera un Bugatti, y no un Audi (ver prototipo Avus Quattro), o un Volkswagen, fue consecuencia de unas circunstancias muy concretas. Nada más. Durante años, Ferdinand Piëch estaba obsesionado con lanzar un superdeportivo o, mejor dicho, un hiperdeportivo. Quería demostrar que Volkswagen podía lanzar una bestia de altos vuelos, un caza-récords, un deportivo que nos dejase a todos sin palabras, que estuviera en boca de todos por haber demostrado la capacidad tecnológica y el desarrollo de la ingeniería alemana. Hasta el punto en que Volkswagen, fabricante más asociado a compactos y turismos para todos los bolsillos, podría haber tenido su propio Veyron.

Ferdinand Piëch estaba obsesionado con que Volkswagen demostrase su capacidad, tecnológica e industrial, para producir uno de los deportivos más espectaculares de todos los tiempos. El Bugatti Veyron bien podría haberse llamado Audi o Volkswagen.

En 1997, Ferdinand Piëch solicitaría a Italdesign, y al gran Giorgetto Giugiaro, un encargo muy especial. Volkswagen necesitaba un cuerpo adecuado para trasplantar un motor de doce cilindros en uve doble, así como un sistema de tracción a las cuatro ruedas. Con esta carta de presentación ya vamos viendo ciertas similitudes con lo que más adelante conoceríamos como Bugatti Veyron.

Volkswagen inició así un proyecto que habría de prolongarse durante cinco años. El de crear un deportivo de altos vuelos, un caza-récords, la base perfecta para desarrollar el motor W12, y quién sabe si sentar las bases de un futuro modelo de producción.

Para Giugiaro, la carrocería de este prototipo era poco menos que vestirte con lo primero que encuentras en el armario. Lo importante era su motor.

Así las cosas, en 1997 se presentaba en Tokio el Volkswagen W12 Syncro, un prototipo con un diseño ciertamente espectacular, que incluso guardaba ciertas reminiscencias con el último Bugatti (el EB110) fabricado antes de su adquisición por parte del Grupo Volkswagen.

Casual o no, Giorgetto Giugiaro reconocería más tarde que la carrocería de aquel Volkswagen W12 Syncro era casi una anécdota. Para Giugiaro, la carrocería de este coche era prácticamente como salir de casa, para acudir una cita, con las primeras prendas que encuentras en el armario. Lo cual es mucho decir para un diseñador de la talla de Giorgetto. La belleza estaba en su interior, en su motor de doce cilindros. De ahí que en Italdesign optasen por un diseño de techo panorámico, prolongado hasta la zaga, para que el motor quedase visible, por supuesto en su posición posterior central.

Para Volkswagen también era prioritario poner a prueba su sistema de tracción total Syncro.

Con un motor W12 de 420 CV, este prototipo marcaba en sus inicios un 0 a 100 km/h en 4 segundos.

Como el proyecto aún iba para largo, el siguiente paso de Volkswagen e Italdesign fue transformar aquel prototipo Syncro en el Volkswagen W12 Roadster, una suerte de superdeportivo sin techo.

Aquella bestia mantendría, una vez más, el motor W12 de 5.600 cm3 original, con 420 CV de potencia y una aceleración de 0 a 100 km/h en solo 4 segundos. La diferencia más importante con su predecesor, más allá de la anécdota del techo, estaba en que su sistema de tracción total se sustituyó por tracción trasera.

Volkswagen iba avanzando, a un ritmo imparable, hacia el lanzamiento de su propio superdeportivo. En cualquier caso, la gran prioridad de Volkswagen seguía siendo la de desarrollar un motor de doce cilindros en uve doble fiable, digno de sus mejores deportivos, pero sobre todo de sus coches más lujosos. Una obsesión, alimentada por Piëch, para plantar cara a los V12 de su competencia.

Aunque no fue construido inicialmente para ello, este prototipo marcaría varios récords de larga distancia, como recorrer más de 7.000 kilómetros en 24 horas.

En 2001 se presentaría en sociedad el Volkswagen W12 Nardò, una nueva iteración de este superdeportivo, puesta a punto para batir récords. Sin ir más lejos, su apellido, Nardò, hacía referencia al famoso circuito de pruebas de alta velocidad localizado en Italia.

Volkswagen regresó a la carrocería coupé, pero también siguió exprimiendo su motor W12 para alcanzar 660 CV de potencia. Aunque inicialmente no fue pensado para pruebas de larga distancia, aquel prototipo conseguiría batir varios récords, el de los 5.000 kilómetros, el de las 5.000 millas, y el de 24 horas ininterrumpidas rodando para recorrer una distancia de 7085,7 kilómetros a una velocidad media de 295,24 km/h. Repito. 7.085,7 kilómetros en solo 24 horas. Hablamos de una hazaña comparable a salir de Madrid, llegar a Berlín, volver a Madrid, y volver a Berlín en 24 horas.

En su obsesión por batir récords, Volkswagen llegaría incluso a crear una nueva iteración del prototipo en 2002, más avanzada, más cercana a un Sport Prototipo de resistencia. Entre las prioridades de aquel Volkswagen W12 Record, estaban la puesta a punto de un chasis para un deportivo de altos vuelos, y su configuración mecánica. El W12 creció a 5.998 cm3, acercándose más al motor de doce cilindros que en los últimos años hemos visto en diferentes modelos del Grupo Volkswagen. Su potencia se situó en 600 CV y consiguió un sinfín de récords de resistencia, incluyendo el de recorrer 7.740,576 kilómetros en 24 horas, a una velocidad media de 322,891 kilómetros/hora.

Pero por aquel entonces no había necesidad de fabricar un nuevo hiperdeportivo. Por aquel entonces, el Grupo Volkswagen ya había anunciado oficialmente el Bugatti Veyron 16.4. Ferdinand Piëch encontró en Bugatti el sello perfecto para elaborar un proyecto increíble, que tres lustros más tarde sigue haciendo correr ríos de tinta.

Los prototipos W12 de Volkswagen habían cumplido su cometido. Aquellos motores acabarían convirtiéndose en la base perfecta de grandes berlinas de representación, como el Volkswagen Phaeton, o el Audi A8, e incluso en el corazón común de toda la gama de modelos Bentley.

Y aquellas cualidades que aún hoy en día seguimos mencionando para alabar, e incluso justificar la necesidad de los motores W12, probablemente nacieron allí, en superdeportivos, en interminables jornadas de puesta a punto y rodaje ininterrumpido de alta velocidad en Nardò.

Fuente: Volkswagen | Italdesign
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  • Mike Gonzalez

    la verdad que por delante estaba bastante bien pero esa trasera a lo Passat………

  • nuevoenesto

    Y pudiendo hacer este coche con este genial diseño, van y sacan ese enjendro llamado Veyron. En fin, cosas de VAG.

    • Pablo

      Coincido, y eso que el mismo Giugiaro admitió no haberse esmerado mucho. Mirando fino hasta usaba las opticas del Golf. A mi ese estilo bien simple y casi despojado me encanta.

    • X 2.0

      ¿Engendro? Joder lo que hay que leer…

      • nuevoenesto

        De acuerdo. Lo llamaré bazofia.

        • X 2.0

          Di que si, reafirmate….

  • Sergio Troilo

    Este es el carro esta en mis sueños, es espectacular por donde lo mires, yo ya tuve el agrado de conocerlo directamente en Wolfsburg y tuve la suerte de que unos trabajadores se acercaron a mi (porque se dieron cuenta q me quede mucho tiempo viendo el Nardo) a preguntarme si me gustaba y a contarme la historia. El proyecto fue abandonado porque Vw decidió invertir en el Veyron en vez de en la producción del Nardo, y que por último solo hay 3 unidades en el mundo, 1 de ellos el Roadster. 1 está en en exhibicación y los otros 2 en el almacén (ahí mismo en Wolfsburg). Una lástima que quedó en concepto.

  • Julio Cesar Ortiz Aguilar

    Creo que falta el SEAT CUPRA concept, de este creo que tambien saco algo del diseño del veyron.

  • ARGENTO71

    ¿CUANTOS PROTOTIPOS SE HICIERON?