Bugatti, como marca y empresa, tuvo un serio problema hace 100 años. Un problema que pondría en juego el futuro de sus 600 trabajadores, pero que lograron solventar a base de potencia y de cambiar el asfalto por raíles de tren.
El mejor coche de la marca en el peor momento de la economía
La marca francesa hacía lujosos coches de calle y competición, llenos de innovaciones. Ya por entonces les gustaba ser los que tenían «el coche más (lo que sea) del mundo». Para finales de los años 20 sacaron el Bugatti Type 41 (Royale), el coche más lujoso del planeta, con su motor de 8 cilindros y 12.8 litros, midiendo más de 6m y pesando 3.500kg. Pero a finales de los años 20 también llegó la Gran Depresión.
En 1933 solo habían fabricado 6 unidades del Royale, aunque solo 4 tenían dueño. Además, se encontraron con 25 motores cogiendo polvo en el almacén. ¿Cómo mantendrían la fábrica a flote si los coches no se vendían? En lugar de despedir a sus empleados, optaron por revolucionar el sector ferroviario fabricando un total de 88 trenes de alta velocidad.
La jugada de Bugatti
Teniendo en cuenta el stock de motores sobrante y la situación ferroviaria, Ettore Bugatti (fundador de la marca), acudió a una concesión en la que presentó un prototipo de tren. En solo 9 meses y empleando técnicas de la industria automovilística que dominaban, crearon el Bugatti Autorail.
Empleaba 4 motores del fracasado Royale. Iban en posición central y cada motor contaba con 12.8 litros y 8 cilindros en línea, desarrollando una potencia de 300CV. La potencia se recortó a 200CV, que se entregaban a solo 1700rpm. Todo con la fiabilidad en mente. Por lo que los 4 motores montados por parejas sacaban 800CV, sumando 51 litros de cilindrada. Una bestialidad de la que debemos tener en cuenta que han pasado casi 100 años.
La potencia llegaba a los ejes motrices a través de un acoplamiento hidráulico que era controlado por el maquinista desde una cúpula situada en el techo. La forma aerodinámica del tren también fue una revolución y consiguió que, unido a los motores, el Autorail alcanzase los 172km/h en su fase de pruebas.
Del éxito al olvido
Los Autorail eran toda una experiencia, no solo por su velocidad, también por su cuidado diseño interior. Los asientos para 48 pasajeros eran de calidad y se podían girar a placer. Otro elemento revolucionario. Acoplando vagones podía llevar hasta 144 personas que podían viajar de Estrasburgo a París en menos de 4 horas.
Bugatti entregó un total de 88 Autorailes hasta 1946. Pero para 1958, fueron retirados del servicio. Se ofrecieron con la destacada configuración de 4 motores y de 2 (400CV). Los frenos de tambor eran muy efectivos y podían detener el tren a 160km/h en unos 600 metros, pero se desgastaban muy deprisa.
E igualmente de deprisa fue evolucionado la industria. A los problemas de consumo y constantes puestas a punto de los carburadores de los motores Bugatti, se añadió la aparición de locomotoras diésel y eléctricas que resultaron ser mucho más baratas, fiables y eficientes.







